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Adolescente con un terapeuta

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Minnesota prohíbe a los terapeutas ayudar a los menores con disforia de género

Actualmente, el Distrito de Columbia y 23 estados tienen leyes que prohíben la terapia de conversión, mientras que otros cuatro estados y Puerto Rico la restringen parcialmente

En 2023, el estado de Minnesota aprobó una ley, firmada por el gobernador Tim Walz, que prohíbe a los consejeros clínicos de salud mental aplicar terapias de conversión a menores de edad. En la práctica, esto significa que los profesionales no pueden ofrecer acompañamiento que cuestione o no afirme directamente la orientación sexual o la identidad de género de los jóvenes.

La medida, establecida en la House Bill 16 y vigente desde el 1 de agosto de ese mismo año, ha generado debate porque, según sus críticos, limita el acceso a un apoyo psicológico adaptado a quienes desean modificar su identidad o su orientación sexual, explica en su web InfoCatólica.

El consejero clínico David Kirby explicó a CNA que la norma ha creado un grupo de jóvenes invisibilizados. Esta se resume en aquellos que experimentan atracción hacia personas del mismo sexo, pero que no lo desean. Así, señaló que hay quienes sienten que «esa atracción no encaja con lo que son ni con lo que quieren para su vida».

Por su parte, la Asociación Americana de Psicología (APA) rechaza la terapia de conversión, a la que denomina «esfuerzos de cambio de orientación sexual». Afirma que no se trata de una forma válida de terapia, pues la homosexualidad no es un trastorno y los intentos de modificar la orientación sexual no solo tienen baja probabilidad de éxito, sino que también conllevan riesgos de daño emocional. La APA subraya que la diversidad de orientaciones sexuales y de identidades es parte natural y saludable de la experiencia humana.

Los opositores a la ley de Minnesota consideran, sin embargo, que la prohibición desincentiva a los terapeutas de abordar aspectos más amplios de la salud mental. Señalan que problemas como depresión, ansiedad, trauma o trastornos de personalidad a menudo se entrelazan con las dudas sobre la identidad de género o la orientación sexual, y que ahora muchos profesionales temen ser sancionados si tratan estos temas sin limitarse a la afirmación de la identidad declarada por el menor.

Kirby asegura que la legislación ha generado un «efecto paralizante», especialmente entre consejeros cristianos, quienes temen incluso que clientes falsos acudan a sesiones para denunciarlos si no se alinean con la narrativa dominante. Aunque él mismo no ha enfrentado sanciones ni casos de «espionaje», admite que la ansiedad y la desconfianza persisten entre los profesionales.

En su opinión, la ley transmite mensajes perjudiciales, puesto que quienes sienten atracción homosexual o confusión de género «no pueden cambiar», aunque lo deseen, y que toda postura distinta equivale a homofobia o transfobia. «El trabajo de un terapeuta es acompañar al cliente en lo que desea, no imponerle nuestros intereses», enfatizó.

Actualmente, el Distrito de Columbia y 23 estados tienen leyes que prohíben la terapia de conversión, mientras que otros cuatro estados y Puerto Rico la restringen parcialmente.

El debate volvió a cobrar relevancia tras el ataque de Robin Westman, un joven de 23 años que abrió fuego en una escuela católica de Minneapolis en agosto, dejando dos niños muertos y al menos 20 heridos. En un video previo al ataque, Westman confesó: «Sé que no soy una mujer, pero tampoco me siento un hombre». Kirby comentó que el joven parecía atrapado en una gran confusión y hablaba incluso de haber sufrido un «lavado de cerebro» con respecto a su identidad transgénero.

Según Kirby, si Westman hubiese buscado ayuda en un espacio cristiano, habría encontrado acompañamiento empático como «atención amorosa, alguien que escuchara su historia y caminara con él en medio de su dolor, sin imponerle ningún objetivo». Para él, el verdadero centro de la terapia no debería ser el cambio de género, sino identificar y sanar las heridas más profundas de la persona. «El género no resuelve el dolor; muchas veces solo distrae de la raíz del sufrimiento».

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