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Hija sujetando la mano de su madre antes de recibir la eutanasiaFreepick

Jennifer Brady, la mujer a la que Canadá ofreció la eutanasia antes que un tratamiento efectivo

Durante años, el Gobierno le rechazó la asistencia al considerar que no tenían «una referencia médica local»

Jennifer Brady ha vuelto a nacer. Esta vecina de Nueva Escocia, en Canadá, estaba en lista de espera para recibir la eutanasia después de que se le negara tratamiento contra el linfedema. Sin embargo, mientras el papeleo estaba en curso, recibió una llamada: ganó un proceso judicial, lo que le permitió operarse en Estados Unidos y rechazar la muerte.

Su historia comenzó en 2019, cuando le practicaron una histerectomía radical para tratar un cáncer de cuello uterino. La operación le salvó la vida, pero también marcó el inicio de otra enfermedad: el linfedema, una hinchazón crónica por acumulación de líquido linfático en los tejidos, usualmente en brazos o piernas, causada por un bloqueo en el sistema linfático que impide el drenaje normal, según la Clínica Mayo. Desde entonces, detalla el medio CBC, cada día fue peor que el anterior. Para ella era «una absoluta tortura». Tanto, que consideró la eutanasia.

Durante años, Brady pidió poder realizarse una cirugía de linfedema fuera de Nueva Escocia, donde no existían especialistas capaces de tratar su caso. El Gobierno le rechazó la asistencia al considerar que no tenían «una referencia médica local». Esa negativa, como más tarde reconocería un juez, fue «irrazonable» y la colocó en una situación de injusticia procesal, comenta el medio.

Años más tarde, concretamente en octubre de 2022, y tras presentar su caso ante la Corte Suprema de Nueva Escocia, este le dio la razón y, por lo tanto, ganó el caso. El juez Timothy Gabriel falló a su favor, señalando la falta de recursos en la provincia y criticando el proceder de la aseguradora médica MSI. Al ver lo sucedido, Tim Houston, el primer ministro de Nueva Escocia, se disculpó y prometió cubrir sus tratamientos futuros.

La promesa se hizo realidad en julio de 2024, cuando Brady aterrizó en Nueva Jersey para someterse a un trasplante de ganglio linfático en el Hospital The Valley, bajo la dirección del doctor Joseph Dayan, uno de los especialistas más reconocidos en la materia. «Ella es la paciente ideal», dijo el cirujano, destacando la disciplina con la que Brady había manejado la enfermedad durante años, usando prendas de compresión día y noche y sometiéndose a interminables sesiones con una máquina de masajes que la ataba al sofá durante seis horas diarias.

El 16 de julio, Brady entró al quirófano. Tres días después, despertó con una nueva sensación, era alivio. Por primera vez en años podía ver sus rótulas y caminar sin hinchazón. Aunque había sido un éxito, la realidad es que no estaba curada, puesto que el linfedema sigue siendo una enfermedad crónica. Fue entonces cuando retiró oficialmente su solicitud de eutanasia.

El caso de Brady expuso un vacío doloroso en el sistema de salud canadiense, puesto que existe una gran falta de acceso a tratamientos quirúrgicos de linfedema. Además, respecto a esta práctica para morir. El país es el más laxo en lo que a esta controvertida práctica se refiere.