Varias personas ponen velas y hacen una cadena humana para homenajear a las víctimas de la dana, en la Rambla del Poyo
Más del 30 % de los niños afectados por la dana siente aún miedo a lluvias y tormentas
El estudio señala también el retraso educativo sufrido por una parte importante del alumnado: el 52,4 % de las familias encuestadas reconoce que sus hijos han visto mermado su aprendizaje
Más de un tercio de los menores afectados por la depresión aislada en niveles altos (dana) que sacudió Valencia el 29 de octubre de 2024 continúa experimentando miedo ante fenómenos meteorológicos como la lluvia, las tormentas o los truenos. Así lo revela el informe «Con el barro en la mochila», elaborado por la organización Save the Children en colaboración con la Universitat de València, tras consultar a más de 2.300 familias, así como a profesionales de los servicios sociales, del ámbito educativo, del tercer sector y a responsables políticos.
El estudio pone de manifiesto que el impacto emocional de este episodio sigue siendo profundo. Alrededor del 24 % de los menores encuestados presenta aún problemas para conciliar el sueño, y se han detectado cambios notables en su comportamiento, como un incremento de la ansiedad, del estrés prolongado y de la dependencia de dispositivos electrónicos como vía de evasión. En el caso de los adolescentes, el informe señala dificultades de concentración (12,4 %), un mayor uso de pantallas (11 %) y una creciente tendencia al aislamiento social (7 %).
Save the Children advierte de que la respuesta institucional ha sido claramente insuficiente en términos de acompañamiento social y emocional. Según la organización, se ha depositado en exceso la confianza en la capacidad natural de resiliencia de la infancia, sin ofrecer los apoyos necesarios para amortiguar el trauma vivido. Este déficit ha dejado huella en las familias, de las cuales el 45,7 % manifiesta que su mayor preocupación en la actualidad es el bienestar emocional de sus hijos.
Otro de los aspectos señalados por el estudio es el retraso educativo sufrido por una parte importante del alumnado: el 52,4 % de las familias encuestadas reconoce que sus hijos han visto mermado su aprendizaje. La imposibilidad de asistir a clase tras la emergencia ha afectado especialmente al estado anímico (71,6 %) y a las relaciones sociales (33,3 %) del alumnado.
Asimismo, la vida cotidiana de niños y adolescentes en los municipios más afectados ha sufrido un notable empobrecimiento. La interrupción de actividades deportivas (45,4 %), de ocio al aire libre (28 %), recreativas o culturales (25 %) y extraescolares (24,7 %) ha limitado gravemente su desarrollo personal y su bienestar.
En palabras de Rodrigo Hernández, director de Save the Children en la Comunidad Valenciana, «ante cualquier emergencia, como la que vivimos en Valencia, es crucial que los centros educativos se reabran cuanto antes. En un contexto de crisis, ir a la escuela ayuda a recuperar un sentido de normalidad y esperanza para esos niños y niñas».
El informe también denuncia la falta de espacios seguros específicamente destinados a la infancia y la adolescencia durante la fase de emergencia y reconstrucción. Casi el 15 % de las familias encuestadas perdió su vivienda, y una de cada cuatro considera que su hogar actual es menos seguro para los menores que antes de la dana. Además, el 80,3 % de los hogares situados en la denominada «zona cero» sigue pendiente de reparaciones o se encuentra en condiciones estructurales muy deterioradas.
Save the Children alerta de que la reconstrucción del territorio se está enfocando prioritariamente desde una lógica de infraestructuras y de reactivación económica, dejando en un segundo plano los derechos de la infancia. Por ello, la organización urge a las administraciones públicas a adoptar un enfoque más integral e inclusivo.
«Es necesario reforzar la respuesta en ámbitos como el de la educación, la salud mental y el apoyo a familias en situación de vulnerabilidad, incorporando un enfoque preventivo y situando a los niños y niñas en el centro de las decisiones para garantizar sus derechos y fortalecer su resiliencia ante futuras emergencias», concluye Rodrigo Hernández.