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La maternidad en crisis

La maternidad en crisis

La maternidad en crisis: el futuro que no nace

«Hay un resurgir de la juventud que está abordando la familia con gran autenticidad»

Desde perspectivas muy distintas, las ponentes coincidieron en una idea central: la sociedad actual no está preparada para acoger la maternidad y, lejos de protegerla, la penaliza

La maternidad se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales y políticos del siglo XXI. Así se puso de manifiesto en la mesa redonda organizada por el CEU‑CEFAS dentro del Seminario Internacional Maternidad en crisis: el futuro que no nace, un espacio de reflexión en el que se abordaron las causas profundas del desplome de la natalidad y las dificultades crecientes que afrontan las mujeres que desean ser madres.

Desde perspectivas muy distintas, Uganda, la Unión Europea e Italia, las ponentes coincidieron en una idea central: la sociedad actual no está preparada para acoger la maternidad y, lejos de protegerla, la penaliza.

Lucy Akello, diputada del Foro para el Cambio Democrático (FDC) en el Parlamento de Uganda y recientemente reelegida, expuso una visión cruda de la realidad africana. A su juicio, la maternidad hoy es «un elemento profundamente desafiante» debido a la presión social, la inestabilidad económica y la escasez de ayudas públicas.

Muchas mujeres, explicó, acaban siendo madres sin estar preparadas y sin contar con una infraestructura mínima que las sostenga. «No existe apoyo suficiente ni siquiera cuando hay familia; muchas no tienen recursos para salir adelante», subrayó.

Akello habló también desde su experiencia personal como madre y parlamentaria. «Para mí es un gran desafío ser madre porque tengo que estar constantemente con mi electorado y en el Parlamento», relató. En ese contexto, destacó un avance significativo, que es la aprobación de una política que permite a las parlamentarias llevar a sus hijos al trabajo, donde se encargan de su cuidado.

Sin embargo, la desigualdad persiste. En Uganda, la baja maternal de tres meses solo está garantizada para las mujeres que trabajan para el Gobierno, no para aquellas empleadas en el sector privado. «Eso deja a muchas madres completamente desprotegidas», advirtió.

Akello señaló además un cambio cultural profundo: el modelo tradicional en el que el hombre era proveedor y cabeza de familia se está erosionando. «Esto ha cambiado y necesitamos políticas adecuadas que ofrezcan ayuda real», afirmó, reclamando una ley que obligue a los gobiernos estatales a apoyar de manera efectiva a las madres.

Políticas estériles y valores en crisis

Desde Bruselas, Margarita de la Pisa, diputada de Vox en el Parlamento Europeo, puso el foco en lo que considera una contradicción estructural de la Unión Europea. «Cualquier medida política sobre maternidad cae en un suelo que no es fértil; la semilla no puede germinar», afirmó.

De la Pisa denunció que cuando las diputadas intentan introducir la maternidad en la agenda política, el apoyo es prácticamente inexistente. «En cambio, sí prosperan movimientos contra las tradwifes, las mujeres que deciden dedicar su vida a su familia, algo que para algunas se percibe como una regresión», explicó.

La eurodiputada fue tajante al señalar que «ni un euro del presupuesto de la UE va destinado directamente a la familia o a la maternidad», lo que, a su juicio, evidencia que los valores fundacionales de Europa ya no están alineados con ellas. «Las familias no pueden tener hijos. Es un problema gravísimo provocado por decisiones políticas erróneas, con consecuencias sociales y biológicas incalculables», alertó.

No obstante, De la Pisa introdujo una nota de esperanza al referirse al resurgir de una juventud que está replanteando el proyecto familiar con una autenticidad inédita. «Las nuevas generaciones afrontan la maternidad y la paternidad de otra manera. Se ha convertido en una auténtica revolución juvenil», afirmó. Para ella, el gran error de las generaciones anteriores ha sido no reconocer que la familia y la maternidad son imprescindibles.

«Ninguna estructura artificial de cuidados puede suplir a la familia», concluyó, insistiendo en la necesidad urgente de restaurar el prestigio social de la maternidad.

Italia: la maternidad como fundamento

Elisabetta Pittino, miembro de Federvita Lombardia y del Movimiento Italiano por la Vida, aportó una reflexión de carácter antropológico y cultural. «Sin las mujeres no podría existir la sociedad. Es un hecho objetivo», afirmó, subrayando el vínculo especial entre las mujeres y la vida.

Para Pittino, la maternidad y el embarazo representan «el arquetipo de toda la solidaridad posible», el fundamento de cualquier relación de cuidado y amor. Reconoció también el papel imprescindible de los padres, aunque insistió en que existe una experiencia específicamente femenina ligada a la gestación y al inicio de la vida.

La activista advirtió de una deriva social que sustituye a los hijos por mascotas y defendió que la maternidad es una fuente profunda de realización personal para las mujeres. «La sociedad no está preparada para la maternidad, ya no es un punto de referencia», lamentó.

A su juicio, el cambio es posible si se demuestra la naturalidad de la maternidad y se promueven buenas prácticas que apoyen de forma concreta a las mujeres. «La sociedad tiene que hacerse más amable con las madres», concluyó.

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