Las comisarias europeas Hadja Lahbib y Roxana Minzatu durante la rueda de prensa
Bruselas se suma a la cultura de la muerte: financiará «abortos seguros y saludables» con dinero europeo
En el próximo Presupuesto (2027-2029) se abrirá una partida específica para financiar el turismo abortivo
Llegaron tarde. Sonrientes. En tono festivo. Y entre felicitaciones cruzadas. Así escenificó este jueves la Comisión Europea su respaldo a la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) 'My Voice, My Choice' en una rueda de prensa protagonizada por la vicepresidenta de Derechos Sociales, Roxana Mînzatu, y la comisaria de Igualdad Hadja Lahbib. El resultado: Bruselas confirma que destinará fondos europeos a financiar abortos transfronterizos a través de los Fondos Sociales Europeos (European Social Fund Plus ESF+, en inglés).
El mensaje fue claro: la Comisión considera que sí es posible utilizar dinero comunitario para sufragar lo que denominaron repetidamente «abortos seguros y saludables». Y lo hará.
Ambas han felicitado con entusiasmo a los promotores de la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE), a quienes describieron como ejemplo de «verdadero proceso democrático» y de «compromiso cívico». Agradecieron también el respaldo del Parlamento Europeo y el «diálogo sólido, respetuoso y constructivo» mantenido en el Colegio de Comisarios.
Mînzatu abrió su intervención subrayando que la ICE ha contado con apoyo de gobiernos, políticos y sociedad civil (aunque el apoyo haya sido menor que el recabado por la ICE 'One of US', que fue respaldada por 2 millones de firmas en 2014, frente al 1.124.000 alcanzado por 'My voice, my choice'. Y anunció la decisión clave: el dinero saldrá del Fondo Social Europeo dotado con 99.300 millones de euros hasta 2027. En ese marco, citó expresamente a España y Bélgica, además de otros ocho estados miembros, han decidido empezar ya a incluir ayudas en 2026. Pero será en el próximo Presupuesto (2027-2029) cuando se abrirá una partida específica para financiar el turismo abortivo con una dotación propia dentro de un Presupuesto que rondará los 147.000 millones.
La fórmula elegida, insistieron, «respeta los Tratados» porque serán los Estados miembros quienes activen voluntariamente el mecanismo. Es decir, Bruselas no impone: habilita el dinero y anima a utilizarlo.
La comisaria Lahbib fue más allá: afirmó que esta iniciativa «formará parte de nuestro legado europeo» y que «salvará vidas». Aquí aparece la primera gran incoherencia que la Comisión evita abordar: hablar de «salvar vidas» cuando el aborto implica terminar deliberadamente con la vida de un concebido que no llegará a nacer. La única vida cuya muerte es absolutamente segura en cada aborto es la del no nacido.
Se insistió también en el concepto de «aborto seguro». Pero lo único verdaderamente seguro en todo procedimiento abortivo es el desenlace fatal para el hijo concebido. Y para la mujer, el riesgo es también algo asegurado: sea cual sea el método empleado el aborto, es siempre una intervención que implica dificultades importantes en cuanto a sus efectos postraumáticos.
Más aún, se habló reiteradamente de «abortos saludables». Una expresión que resulta difícil de sostener: el aborto no cura ninguna enfermedad. No es un tratamiento terapéutico destinado a sanar una patología. Por el contrario -y esto rara vez se menciona en estas comparecencias- el cuerpo de la mujer queda marcado tras un aborto, y en muchos casos también su esfera psicológica. Reducirlo a un simple «acto sanitario» es una simplificación ideológica.
Mînzatu cerró su intervención declarando sentirse «orgullosa» de apoyar los derechos de las mujeres, la igualdad con los hombres además de la salud y seguridad femeninas. Pero aquí surge otra contradicción profunda: los hombres no abortan. No pasan por ese trance físico ni emocional. Presentar el aborto como instrumento de igualdad supone asumir que la maternidad -que comienza con la concepción- es un obstáculo del que hay que liberarse para equipararse al varón. La igualdad no se alcanza negando la maternidad ni suprimiendo al hijo concebido. Y una vez que una mujer es madre, lo es ya sea de un hijo vivo o de un hijo muerto.
Lahbib afirmó que en la Unión Europea se producen cada año 500.000 abortos en condiciones peligrosas y que esta medida vendrá en ayuda de esas mujeres. También anunció que la próxima semana la Comisión presentará un nuevo Plan Estratégico de Igualdad de Género para los próximos cinco años, donde esta cuestión ocupará un lugar central.
Preguntadas por los detalles técnicos, por ejemplo, qué ocurriría si una mujer de Malta solicitara abortar, reconocieron que el mecanismo aún no está completamente diseñado. La ayuda dependerá de que el Estado miembro active el sistema. Es decir: la decisión política está tomada; la arquitectura jurídica vendrá después.
La comisaria se ha congratulado de que estamos ante la primera vez que se explicita la utilización del programa ESF para financiar abortos. Ese es el verdadero salto cualitativo: la normalización presupuestaria del aborto como política pública europea.
Lo que este jueves se presentó entre aplausos y sonrisas es un paso más hacia la validación social y política del aborto como derecho incuestionable y como servicio financiado con dinero de todos los contribuyentes europeos, piensen como piensen.
La batalla cultural y política en torno a la defensa de la vida no termina aquí. Al contrario: cuando las instituciones convierten en «progreso» lo que muchos consideran una derrota moral, el debate no se cierra. Se intensifica.