Iglesia de la Trinidad
Semana Santa 2026
¿Por qué siempre suele llover en Semana Santa?
¿Es una realidad o solo una percepción? Los datos dan explicación a esta creencia
Este 2026, la Semana Santa comienza a celebrarse el próximo domingo 29 de marzo y, aunque las predicciones meteorológicas todavía no son muy precisas, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) augura episodios más lluviosos de lo normal en algunas regiones del sur, el área mediterránea y los archipiélagos, por lo que podríamos tener chubascos intermitentes durante los días festivos en varias zonas.
En lo que respecta a las temperaturas, se espera que arranquen con valores algo por encima de lo normal, lo que favorecerá un ambiente suave o templado en buena parte del país. Sin embargo, a medida que transcurran los días, es probable que se produzca un descenso térmico gradual, especialmente en el oeste peninsular, con registros más acordes o incluso ligeramente por debajo de la media climática.
La lluvia en Semana Santa
Pero, ¿es verdad que siempre llueve en Semana Santa?
Esta percepción está muy relacionada con la variabilidad de fechas de la Semana Santa. El Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, determinó que la Pascua de Resurrección debía conmemorarse el domingo posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, establecido convencionalmente el 21 de marzo. A partir de esta referencia, toda la secuencia de celebraciones queda condicionada. Así, el Domingo de Ramos, que marca el inicio de estos días señalados, puede situarse en un intervalo relativamente amplio, oscilando entre el 22 de marzo y el 25 de abril.
Esta variabilidad en las fechas no es un detalle menor. Coincide, de hecho, con una etapa del año caracterizada por una notable inestabilidad atmosférica. La primavera supone una transición entre el frío invernal y el calor estival, lo que se traduce en jornadas más largas, temperaturas más suaves y, al mismo tiempo, una mayor actividad en la dinámica del tiempo. En este contexto, se desarrollan procesos que favorecen cambios bruscos, alternando periodos de sol con episodios de precipitaciones intensas.
Entre los fenómenos más destacados de esta época figura la conocida como gota fría, denominada técnicamente Depresión Aislada en Niveles Altos (dana). Se trata de un episodio relativamente frecuente durante estos meses y que suele provocar lluvias intensas, a menudo de carácter repentino. Este tipo de situaciones contribuye a reforzar la percepción de que la Semana Santa está asociada, con frecuencia, a un tiempo inestable.
El meteorólogo Roberto Brasero aborda esta cuestión en su obra Entender el tiempo, donde sostiene que esta coincidencia entre el calendario litúrgico y las condiciones meteorológicas no responde al azar. Según explica, la Semana Santa se sitúa sistemáticamente en un periodo en el que, en España, «las lluvias son más frecuentes y el clima es inherentemente inestable». Su planteamiento encuentra respaldo en distintos análisis estadísticos, que reflejan un incremento de las precipitaciones precisamente entre finales de marzo y el mes de abril.
A esta circunstancia se suman otros factores propios del inicio de la primavera. En estas fechas, las borrascas procedentes del norte de Europa comienzan a interactuar con masas de aire más cálido que ascienden desde el sur. Este encuentro de corrientes con características térmicas distintas genera contrastes que liberan una importante cantidad de energía en la atmósfera. Como consecuencia, se favorece la formación de nubes de desarrollo vertical, incrementando así la probabilidad de lluvias.