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Doctora Tamara Contreras

Doctora Tamara ContrerasCedida

Más de 100.000 firmas contra un sistema sanitario en colapso: «El objetivo es evitar muertes prevenibles»

En medio de esta tensión ha surgido un nuevo actor: Sanidad Pública Segura, un movimiento impulsado por la médica intensivista Tamara Contreras

Los médicos continúan en huelga. A pesar de las movilizaciones nacionales y sus múltiples quejas contra el borrador del Estatuto Marco, Mónica García continúa sin escucharlos. En medio de esta tensión creciente ha surgido un nuevo actor: Sanidad Pública Segura, un movimiento impulsado por la médica intensivista Tamara Contreras.

No es solo tarea de los facultativos, sino también de los pacientes. Por ello, en solo un mes, la iniciativa ha superado las 100.000 firmas en la plataforma española Movements, convirtiéndose en la mayor movilización social en España en defensa de la seguridad del paciente y de la sanidad pública.

–Tamara, ¿por qué comenzaste con esta iniciativa?

–Porque el silencio nos está matando. A todos. Llegó un punto en el que se hizo evidente que faltaba una voz. Una voz que explicara que esto no va de condiciones laborales aisladas, sino de seguridad del paciente y de sostenibilidad del sistema.

El detonante fue la sensación de que se estaban tomando decisiones estructurales sin contar con los médicos. Y también porque comprobé que la presión social funciona. Cuando la sociedad entiende lo que está en juego, se mueve.

–La sanidad española vive uno de los momentos más oscuros… ¿por qué la ministra desoye vuestras peticiones?

–No creo que sea un problema de desconocimiento o de desoír, sino de política. Falta de voluntad política real e intereses partidistas.

Estamos ante un problema estructural que exige inversión, planificación y decisiones a largo plazo. Y eso choca con nuestra élite política. Sea del color que sea nuestra élite política solo funciona a corto plazo y con lógica electoral. Además, hay algo que hay que dejar claro: no se puede reformar el sistema sin dinero. Y mientras no se asuma que cuidar a los profesionales es una inversión, seguiremos en el mismo bucle de discursos sin cambios reales.

–Sanidad Pública Segura supera las 100.000 firmas… ¿cuáles son las peticiones?

–Nuestras peticiones son muy concretas: eliminación progresiva de las guardias de 24 horas (transición hacia turnos máximos de 12 horas con garantías), fin de la jornada complementaria y reconocimiento real de todas las horas trabajadas, dimensionar plantillas y memoria económica por parte de las autonomías y la representación real de los médicos en la toma de decisiones

No es una reivindicación abstracta. Es una propuesta estructurada para hacer sostenible el sistema.

–¿Qué significa para usted que más de 100.000 personas hayan firmado?

–Significa que esto ha dejado de ser un problema del colectivo médico. Más de 100.000 personas están diciendo que les preocupa la sanidad pública, que entienden que nuestras condiciones de trabajo afectan directamente a su atención. Y eso cambia completamente el escenario, porque introduce el debate en el plano social y político.

–¿Cuáles son vuestros principales objetivos?

–El objetivo es muy simple: garantizar una sanidad pública segura para pacientes y profesionales. Proteger la salud laboral de los médicos, dignificar el ejercicio profesional y asegurar que las decisiones clínicas se toman en condiciones adecuadas.

El problema es que no estamos ante un riesgo futuro. Ya estamos en una situación de colapso

–¿Cómo afecta este conflicto a la atención diaria de los pacientes?

–El conflicto no empieza con la huelga. El conflicto ya existe dentro del sistema desde hace años, y los pacientes llevan tiempo sufriendo sus consecuencias en forma de listas de espera, sobrecarga asistencial y atención en condiciones subóptimas. La huelga visibiliza el problema, no lo crea.

Para los médicos supone un conflicto moral importante, porque sabemos que puede haber impacto en la actividad asistencial. Pero también sabemos que no hacer nada perpetúa un modelo que ya está afectando a los pacientes cada día. Por eso, la movilización no busca generar daño, sino evitar uno mayor.

–El movimiento ha articulado una red de apoyo… ¿cómo está yendo esto?

–Ha sido uno de los grandes cambios. Hemos pasado de la queja individual a la conciencia colectiva. Hay una cohesión profesional que no habíamos visto antes, y también un apoyo social creciente. Jamás ningún sindicato médico había conseguido la cohesión del colectivo. La visibilidad genera presión social, y la presión social genera movimiento político. Todo son buenas noticias.

–¿Hasta qué punto el apoyo ciudadano puede influir en las decisiones?

–Muchísimo. Ya lo hemos visto: una petición puede poner un tema en la agenda política, en medios y en la conversación social. Los cambios estructurales en sanidad no ocurren solo desde dentro del sistema. Necesitan respaldo social. Sin la ciudadanía, esto no se mueve.

–Desde dentro del sistema, ¿cómo se percibe la falta de entendimiento?

–Con frustración, aunque lamentablemente no es nada nuevo. Cuando quienes toman decisiones no reflejan la realidad asistencial, el resultado es un modelo desconectado del día a día.

–¿Existe riesgo real de colapso si no hay acuerdo?

–El problema es que no estamos ante un riesgo futuro. Ya estamos en una situación de colapso. Tenemos un sistema en tensión constante y con la propuesta del ministerio continuará igual.

Lo que ocurre es que ese colapso no siempre es visible de forma inmediata, porque lo estamos amortiguando los profesionales a costa de nuestra salud. Pero el objetivo ahora no es evitar el colapso. Es evitar sus consecuencias más graves: las muertes prevenibles derivadas de un sistema inseguro.

–¿Qué cambios son prioritarios?

–Tres fundamentales: acabar con las guardias de 24 horas, eliminar la jornada complementaria como modelo estructural y representación real en las mesas de negociación a través de un estatuto propio.

A partir de ahí, todo lo demás puede construirse. Pero sin eso, cualquier reforma será superficial.

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