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Ana Ortiz de Obregón
El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

La firma de Pedro Sánchez: su carácter en tres ángulos

Cada trazo de nuestra escritura nace en el cerebro y se proyecta sobre el papel como un reflejo fiel de nuestra manera de pensar, de reaccionar y de tomar decisiones. En esta sección analizaremos la letra y la firma de personajes relevantes para descubrir cómo su forma de pensar, decidir y actuar se proyecta en su escritura y se refleja después en su trayectoria

Firma de Pedro Sánchez

Firma de Pedro Sánchez

La firma de Pedro Sánchez contiene cuatro rasgos que permiten entender la lógica de su personalidad: la P inicial de su nombre, la S y la Z de su apellido, los ligados anormalmente altos entre letras y la rúbrica. Son los cuatro anclajes del código de su escritura y, por tanto, el espejo de su manera de ser.

La firma de Pedro Sánchez arranca con la P de su nombre, una letra especialmente reveladora porque la inicial de nuestro nombre es la letra que más escribimos a lo largo de la vida. Es, por así decirlo, el traje de gala de nuestra personalidad. En este caso, la P rompe el patrón caligráfico natural: donde debería aparecer una curva surge una forma angulosa, casi triangular, marcada y tensa. Esa triple angulosidad –en la zona de las ideas, en el contacto con los demás y en la zona instintiva– refleja voluntad, control y decisión frente al trazo curvo, más propio de quienes tienden a evitar el conflicto. En la firma de Pedro Sánchez este rasgo se proyecta como una actitud que afronta las circunstancias de frente, entrando en ellas con firmeza y sin demasiada inclinación a rodearlas ni suavizarlas.

El trazo transmite la imagen de un hombre activo y combativo, con marcada firmeza en sus posiciones y capacidad para resistir la presión y las dificultades. Esa tensión del trazo alimenta su vitalidad, refuerza sus decisiones y agudiza su razonamiento. La misma angulosidad que impulsa la acción también concentra la presión del trazo, endureciéndolo, dejando ver un carácter poco inclinado a ceder cuando interpreta que su criterio está en juego. Proyecta un temperamento sensible al agravio y poco dado a dejarlo pasar con facilidad.

Ese mismo rasgo vuelve a aparecer en otro detalle del grafismo: en su apellido utiliza una A mayúscula de estructura triangular en lugar de la «a» minúscula ovalada. De nuevo, introduce el ángulo allí donde el modelo caligráfico esperaría una forma curva, reforzando la tensión que domina el conjunto de la firma.

Esa tensión refleja una personalidad que mantiene posiciones que, una vez adoptadas, resultan difíciles de mover, algo coherente con la angulosidad, que suele asociarse a control y menor tendencia a la flexibilidad.

La S de su apellido aparece claramente inflada y más amplia que el resto del grafismo en la zona superior, un rasgo reforzado en la Z final. El tamaño en la escritura, que refleja la imagen que tenemos de nosotros y la que nos gustaría proyectar ante los demás, manifiesta un alto concepto de sí mismo, seguridad en su punto de vista y confianza en su capacidad intelectual. También señala la importancia que concede a que su criterio sea asumido y a la imagen que proyecta ante los demás.

Otro elemento significativo es la forma en la que liga una letra con otra, rompiendo el patrón caligráfico y haciéndolo por la zona superior de las letras y en un solo trazo. Es un rasgo propio de su rapidez mental y de su capacidad

para enlazar ideas con agilidad. Esa forma de unir el grafismo muestra una mente que analiza la situación con rapidez y se mueve en ella con determinación, aunque la presencia del ángulo en el trazo indica una tendencia a afrontar el conflicto de forma directa, sin una especial inclinación a suavizar el choque cuando aparece.

La rúbrica es breve y acompaña la firma sin imponerse sobre ella. Esta sobriedad indica poca necesidad de apoyo o refuerzo externo y muestra confianza en su propio criterio, subrayando la imagen de alguien que tiende a apoyarse principalmente en su propio juicio.

Y ahora, lector, fíjese en su propia letra. ¿Predomina el ángulo o la curva? ¿Es usted combativo o más dado a ceder? Le leo en los comentarios.

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