Así es la firma de Donald Trump: el trazo del mando
La alternancia de mayúsculas y minúsculas, la barra de la letra «T» y el movimiento en zigzag dan algunas pistas sobre la personalidad del presidente de Estados Unidos
Firma de Donald Trump
Para entender cómo la escritura de Donald Trump refleja su manera de ser, tomamos como referencia los rasgos más destacados que forman el código de su escritura: el gran tamaño de la letra, la fuerte presión del trazo, la barra de la T y el zigzag anguloso de su firma.
Conviene distinguir entre el texto y la firma. El texto muestra cómo somos de puertas para afuera, mientras que la firma representa nuestra faceta más íntima.
En el caso de Donald Trump, el texto aparece con una letra de gran tamaño que ocupa prácticamente todo el papel, es decir, todo su espacio vital. Combina mayúsculas y minúsculas. Dibuja trazos legibles, simplificados, cortantes y precisos, sin adornos añadidos. En este grafismo se refleja su extraordinaria vitalidad, su marcada presencia y su voluntad de que sus ideas queden entendidas sin género de dudas, sin espacio para interpretaciones ajenas a su intención.
La alternancia de mayúscula y minúscula revela también su habilidad para adaptar el discurso y las ideas al momento concreto, adoptando la forma que le resulta más eficaz para proyectarse en cada situación. Si a ello añadimos la dirección ascendente de los renglones, aparece su energía física y psicológica, propia de personas que avanzan hacia sus objetivos asumiendo el riesgo que ello implica, sin mirar atrás.
Otro rasgo significativo es la barra de la T, muy alta, prolongada y gruesa. Este trazo revela su espíritu contundente y su clara inclinación al mando. Esa voluntad se refuerza con la fuerte presión del trazo, que es el rasgo en el que se refleja el grado de energía vital que tenemos. En este caso, se ejerce en vertical, de la idea al hecho, mostrando determinación, firmeza y absoluta independencia de criterio.
Suele escribir sobre el propio texto que recibe. Ese gesto, aparentemente práctico, deja entrever –como explicó el médico suizo Max Pulver– cómo al escribir pasamos del consciente al inconsciente. En el caso de Donald Trump, lo que parece una costumbre sin trascendencia refleja su tendencia a situar su punto de vista por encima del de los demás.
A ello se añade el útil de escritura que Trump utiliza habitualmente: un rotulador negro, que le permite dibujar trazos gruesos, terminantes y cortantes. Es el instrumento que mejor se adapta a su forma de escribir –de proyectar su personalidad sobre el papel sin ser consciente de ello–.
La firma constituye otro de los rasgos más reveladores de su grafía. Está formada por un ángulo continuo en forma de zigzag que dibuja, igual que el texto, líneas tensas y precisas. Esta angulosidad expresa firmeza, resistencia y una tendencia a no ceder con facilidad, rasgos que refuerzan lo que ya se aprecia en el resto de su escritura.
Este movimiento en zigzag va cambiando el eje de dirección de manera constante y regular. Revela su sagacidad y su notable penetración psicológica, que capta con rapidez las motivaciones de quienes le rodean y encuentra, según su propio criterio, la forma más eficaz de actuar en cada situación. A ello se añade capacidad para conectar con las personas, estimularlas y ponerlas en valor.
A pesar de esos cortes, los trazos aparecen ligados, reflejando un espíritu constante y perseverante guiado por principios firmes, propio de personalidades rigoristas que actúan conforme a los principios de su propio código ético.
Esta actitud ante la vida y su forma de proceder queda reforzada por su rúbrica, o más bien por la ausencia de ella: un rasgo que refleja una personalidad que se muestra sin necesidad de apoyaturas externas, propio de quienes han alcanzado una madurez personal que libera de ataduras y refuerza la seguridad en uno mismo, algo que suele consolidarse con los años y con la experiencia vital.
Aquí tiene usted resuelta la incógnita que planteábamos al comienzo. Es el cerebro quien guía el movimiento de la escritura, proyectando en cada trazo lo que pensamos, razonamos y sentimos. En el caso de Donald Trump vemos cómo una cadena de gestos espontáneos refleja su verdadera manera de ser: escribir sobre el texto que recibe, la presión angulosa de sus trazos e, incluso, el útil con el que se siente cómodo: su rotulador favorito. Todo ello confirma lo que decíamos al principio: nuestra personalidad se refleja en nuestra letra como en un espejo.
Y ahora, lector, fíjese en su propia letra. ¿Tiene algún gesto al escribir que le delata? Le leo en los comentarios.