Científicos con trajes protectores inspeccionando la central nuclear de Chernóbil
Sociedad
Ni lobos ni perros: este es el animal más radiactivo de Chernóbil
Según un estudio recogido por National Geographic, los niveles de radiación de esta especie no dejan de aumentar con el paso de los años
El siniestro de Chernóbil será siempre uno de los eventos más misteriosos e importantes en el ámbito nuclear. En este sentido, el reactor número 4 de la central nuclear explotó el 26 de abril de 1986, liberando un inmenso volumen de radiación y dejando una zona de exclusión de unos 30 kilómetros a la redonda.
Sin embargo, varios animales salvajes todavía campan a sus anchas por estas inmediaciones, lo que ha llevado a que los efectos de la radiación tengan peso sobre ellos con el pasar de los años. De esta forma, las manadas de lobos han sido siempre uno de los focos de atención, pero parece que otro animal ha superado a estos como el más radiactivo de Chernóbil.
Se trata ni más ni menos que del jabalí. Así lo ha hecho saber un equipo de investigadores formado por biólogos de las universidades de Viena y Leibniz Universität Hannover, que ha puesto el foco en que esta situación es culpa de un elemento enterrado entre 20 y 40 centímetros, según un estudio compartido por National Geographic.
No obstante, estos niveles de radiación no dependen exclusivamente del accidente de 1986. Según los especialistas, una gran parte del cesio que circula en el organismo de estos animales proviene de los residuos depositados por las pruebas de armamento atómico en la Guerra Fría.
Qué es el cesio y cómo lo consumen los jabalíes
El elemento químico conocido como cesio 137, que debería desintegrarse pasados los 30 años, tendría que haber reducido su presencia de forma natural en estas zonas. A pesar de todo, los expertos han descubierto la presencia de cesio 135, un isótopo más longevo, que ha permanecido a causa de las detonaciones atómicas del pasado.
Parte de la explicación a este fenómeno se encuentra en la dieta de los jabalíes, que ingieren hongos conocidos como trufas de ciervo, los cuales se encuentran bajo la superficie terrestre. De esta forma, este alimento es el que termina atrapando partículas filtradas al subsuelo desde la atmósfera. Por lo tanto, las trufas que consumen los animales siguen absorbiendo ahora el material de las pruebas militares de hace seis décadas.
Este fenómeno es el que causa que la radiación en los jabalíes siga aumentando con el pasar de los años, y algunos cazadores de la zona ya rechazan capturar a los animales para preservar la seguridad alimentaria. Sin embargo, esto provoca que la población de esta especie siga aumentando sin control, incrementando los daños en los cultivos y en la gestión forestal de extensas áreas de Europa central.