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El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

La firma de Luis de la Fuente: tres bucles de identidad, mando y protección

El código de la escritura del seleccionador nacional refleja a un hombre profundamente reflexivo, guiado por sus convicciones y por una intensa vida interior

Firma de Luis de la Fuente

La firma de Luis de la Fuente se sostiene sobre tres rasgos que reflejan los pilares de su personalidad: tres mayúsculas completamente personalizadas –la L, la F y la C–, una combinación constante de trazos largos y firmes con movimientos curvos y una rúbrica que nace desde el centro mismo de la firma. Todo ello forma el código de su escritura y permite observar una personalidad donde conviven una intensa vida interior, amabilidad en el trato y dotes de mando, junto a un marcado sentido de la protección.

Luis de la Fuente rompe el patrón caligráfico convencional en las tres mayúsculas que identifican su nombre y sus apellidos. La L y la F se construyen mediante grandes bucles que se dirigen hacia la zona superior de la escritura, relacionada con el mundo de las ideas, la espiritualidad, la imaginación y la reflexión. Eleva y amplía estos trazos hasta construir movimientos que no existen en esas letras dentro del patrón caligráfico. Resulta especialmente significativo en la F, que aparece dibujada casi como una P, con un amplio bucle superior que adquiere un protagonismo inusual dentro de la firma.

Esta singular transformación del modelo caligráfico de las letras tiene su origen en la propia evolución de la personalidad. Todos aprendemos un mismo modelo de escritura durante la infancia. Sin embargo, lo vivido, pensado, sentido y aprendido va modificando nuestro cerebro gracias a la neuroplasticidad. El patrón caligráfico inicial se transforma progresivamente, reflejando esos cambios. En Luis de la Fuente, esa transformación se produce precisamente potenciando los movimientos ligados al plano ideal y espiritual de la escritura.

Ello refleja una intensa vida interior. La amplitud de estos movimientos revela a una persona reflexiva, que analiza y procesa internamente lo que vive antes de actuar. Asimismo, los grandes bucles en la L y la F muestran una imaginación muy activa junto a la necesidad de comprender e interpretar cada situación antes de integrarla en su pensamiento.

Los valores, las convicciones y la espiritualidad ocupan un lugar destacado en su personalidad. Al concentrarse la energía gráfica en la zona superior de la escritura, se evidencia a alguien que vive con intensidad el mundo de las ideas y fundamenta sus decisiones en principios personales. Finalmente, la transformación de las iniciales refuerza su búsqueda de individualidad, mostrando una clara independencia de criterio para evaluar el entorno.

El segundo gran eje de la firma aparece en la convivencia de movimientos curvos y trazos largos y firmes. En «uen», la escritura adopta una forma claramente guirnalda. Las letras avanzan mediante curvas suaves y continuas, reflejando en Luis de la Fuente una personalidad amable en el trato, adaptable y con facilidad para relacionarse en diversos ambientes. Existe además una clara tendencia a evitar el choque frontal cuando considera que puede alcanzar sus objetivos por otras vías.

Al mismo tiempo, este movimiento convive con el largo palo de la F, que probablemente actúa también como barra de la t. El trazo desciende con firmeza, atraviesa el conjunto y domina buena parte del recorrido gráfico. Luis de la Fuente muestra así una intensa defensa de sus propias ideas, una marcada voluntad de dirigir y una importante necesidad de mantener una dirección clara. La utilización de un mismo movimiento para varias funciones gráficas muestra su capacidad de síntesis, sentido práctico y aprovechamiento de los recursos disponibles.

Resulta igualmente significativo que, dentro de una escritura agrupada, el palo de la ‘t’ y la ‘e’ final aparezcan desligados del movimiento precedente. Esta ruptura puntual de la cohesión refleja intuición y muestra a una persona capaz de captar matices, percibir aspectos que pasan desapercibidos para otros y llegar a conclusiones que no siempre proceden de un razonamiento estrictamente lógico.

La C de Castillo termina de definir uno de los rasgos más característicos de su firma. Se trata de una letra de gran tamaño y protagonismo que no ocupa el lugar que normalmente corresponde al segundo apellido, sino que atraviesa el centro mismo de la firma, rodea parcialmente la F del apellido paterno y, desde ahí, da origen a la rúbrica que sostiene todo el conjunto. Luis de la Fuente sitúa a su madre y a su padre en el núcleo de su universo afectivo y emocional, otorgándoles un papel central dentro de su vida. Resulta especialmente revelador que sea la C de Castillo la que dé origen a la rúbrica, mostrando la importancia que su madre tiene dentro de su mundo personal y el papel fundamental que desempeña en los apoyos sobre los que construye y sostiene su propia identidad.

En resumen, el código de la escritura de Luis de la Fuente refleja a un hombre profundamente reflexivo, guiado por sus convicciones y por una intensa vida interior. Una personalidad amable en las formas, firme en sus decisiones, con capacidad de liderazgo, independencia de criterio y marcada tendencia a proteger y cuidar aquello que considera importante. La importancia que concede a sus raíces familiares completa el retrato de alguien que construye su identidad desde los valores, los afectos y la fidelidad a sí mismo.

Y ahora, lector, fíjese en su propia letra. ¿Su escritura muestra una personalidad guiada por profundas convicciones? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.