Fundado en 1910
Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente de Bidafarma y uno de los principales impulsores de la cooperativa

Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente de Bidafarma y uno de los principales impulsores de la cooperativaThorun Javier Piñeiro

Bidafarma reivindica la farmacia rural: «Llevamos medicamentos cada día a pueblos de apenas 100 habitantes»

Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente y uno de los principales impulsores de la cooperativa, ha asegurado en una entrevista a El Debate que la farmacia es mucho más que un punto de dispensación de medicamentos

Cuando las ideas surgen para ayudar y mejorar la vida los ciudadanos, suelen dar buenos resultados. Esto fue lo que le ocurrió a Bidafarma, una cooperativa de distribución mayorista de medicamentos de amplia gama que, hace 10 años, decidió hacerse un hueco en España mediante la fusión de 12 cooperativas, con el objetivo de cubrir las necesidades de los pacientes en todo el país .

Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente de Bidafarma y uno de los principales impulsores de la cooperativa, ha asegurado en una entrevista a El Debate que la farmacia es mucho más que un punto de dispensación de medicamentos. Así, ha reivindicado el papel de la economía social, la importancia de iniciativas como Bidafarma, la cercanía al paciente y la importancia de mantener vivo el servicio farmacéutico en la España rural.

–Este nuevo mandato coincide con el 10.º aniversario de Bidafarma y con su reelección como presidente. ¿Qué balance personal y empresarial hace de estos años?

–El primer balance es que, después de estos años, ya se puede hablar con perspectiva. Lo que empezó como una iniciativa de unos pocos, y que inicialmente generó ciertas dudas o recelos, con el tiempo ha demostrado que tenía sentido. Hoy podemos decir que el proyecto se ha consolidado.

Bidafarma está plenamente asentada en el mercado nacional y en el ámbito de la farmacia y la salud, que es nuestro sector. Ahora lo importante es seguir avanzando con un rumbo claro, una estrategia definida y objetivos concretos hacia donde queremos llegar.

–Empezasteis desde cero y hoy superáis las 10.800 farmacias atendidas, con más del 23 % de la cuota nacional de distribución. En un contexto de concentración empresarial, ¿cómo se mantiene el espíritu cooperativo y la cercanía?

–Hay que recordar que somos el resultado de la fusión de varias cooperativas pequeñas, muy ligadas a sus territorios. Logramos algo complejo: unir muchas entidades en un mismo proyecto común.

Eso implicó renuncias importantes. Muchas personas dejaron atrás cargos directivos y posiciones relevantes porque entendieron que el bien colectivo estaba por encima del individual. Esa generosidad fue clave.

Al principio hubo dificultades técnicas, organizativas y tecnológicas. Después llegó la pandemia, que supuso una prueba enorme para todos. Pero también nos permitió demostrar algo esencial: que estábamos donde debíamos estar, al lado de la sociedad.

Durante la pandemia colaboramos con las administraciones sanitarias en todo lo necesario, sin coste alguno, como una contribución a la sociedad. Eso reforzó nuestra identidad y nuestro reconocimiento social.

–¿Qué papel cree que tiene la farmacia en la sociedad? Hay quien la considera un comercio minorista.

–Yo no comparto en absoluto esa visión. La farmacia no es un comercio minorista. Es un espacio sanitario esencial.

Los farmacéuticos no solo dispensan medicamentos, también aconsejan, acompañan y escuchan a los pacientes. Muchas personas van a la farmacia no solo por un medicamento, sino porque necesitan orientación o simplemente hablar con alguien.

Podríamos concentrarnos en grandes ciudades, donde la distribución es más fácil y eficiente. Pero no lo hacemos. Mantenemos el compromiso de llegar también a zonas ruralesAntonio Mingorance Gutiérrez

Me molesta profundamente que todavía se reduzca la farmacia a una visión comercial. Quien lo piense debería recorrer pueblos y ciudades y ver la realidad: la farmacia es un servicio sanitario de primer nivel.

Además, hay un matiz fundamental: no hablamos de clientes, hablamos de pacientes. Esa diferencia lo cambia todo.

–¿Qué valor aporta el modelo cooperativo al sistema sanitario, especialmente en la farmacia rural?

–Nuestro modelo se basa en la economía social, donde el fin social está por encima del económico. Eso significa que no solo trabajamos en las zonas rentables, sino que garantizamos el servicio en todo el territorio.

Podríamos concentrarnos en grandes ciudades, donde la distribución es más fácil y eficiente. Pero no lo hacemos. Mantenemos el compromiso de llegar también a zonas rurales, incluso aunque eso implique más costes. De hecho, Llevamos medicamentos cada día a pueblos de apenas 100 habitantes.

Ese esfuerzo se asume colectivamente entre todos los socios. Los que más tienen ayudan a sostener a los que menos recursos tienen. Gracias a eso, los medicamentos llegan en igualdad de condiciones a cualquier farmacia, esté donde esté.

Esto no es algo nuevo. El cooperativismo farmacéutico en España lleva funcionando así desde hace décadas. Es parte de nuestra esencia.

Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente de Bidafarma y uno de los principales impulsores de la cooperativa

Antonio Mingorance Gutiérrez, recién reelegido presidente de Bidafarma y uno de los principales impulsores de la cooperativaThorun Javier Piñeiro

–¿Qué papel debe jugar la distribución farmacéutica dentro del sistema sanitario?

–En el ámbito del servicio público, entendemos que la distribución debe estar plenamente integrada en la cadena del medicamento dentro del sistema sanitario.

En nuestro país existe una prestación farmacéutica que es universal, gratuita y accesible para todos. Probablemente estamos ante uno de los sistemas con mayor equidad en Europa, y quizá también a nivel mundial.

Los farmacéuticos somos quienes tenemos el encargo de hacer llegar los medicamentos a los pacientes cada día. Detrás de ello hay un importante bien social, porque hablamos de un servicio que es de todos.

Ese papel social es clave. El Estado, históricamente, decidió que fueran los farmacéuticos quienes asumieran la responsabilidad de garantizar la prestación farmacéutica. Y sinceramente, que se me diga dónde hay otro modelo que funcione mejor que el nuestro.

–En el contexto actual, se habla de escasez de medicamentos. ¿Es una amenaza real para el sistema?

–Hay que matizar mucho ese concepto. No existe una escasez estructural de medicamentos. Lo que hay son incidencias puntuales en determinados productos.

Puede ocurrir que un medicamento concreto falte temporalmente por problemas de fabricación o de suministro. Pero el sistema tiene alternativas terapéuticas en la mayoría de los casos.

Además, hay que ponerlo en perspectiva: en España se realizan cientos de millones de dispensaciones al año. En ese volumen, los casos de falta son muy reducidos.

No se puede hablar de un problema generalizado. Y, cuando ocurre, el sistema responde para garantizar la continuidad del tratamiento.

– Usted insiste en el papel humano de la farmacia. ¿Por qué es tan importante?

–Porque la farmacia no es solo un punto de dispensación. Es un espacio de atención humana.

Estamos en un momento en el que se habla mucho de humanización de la sanidad, y la farmacia ya cumple ese papel desde hace mucho tiempo.

Una farmacia sin farmacéutico pierde su esencia. La tecnología puede ayudar, pero no puede sustituir el consejo profesional ni la cercanía humana.

–¿Cómo imagina el futuro de la farmacia en los próximos 10 años?

–Creemos en un modelo de farmacia y de distribución que se adapte a la sociedad, a lo que esta requiera y demande. Y eso debe estar por encima de los intereses de los farmacéuticos y de la distribución.

Cada vez, afortunadamente, viviremos más y habrá más longevidad, lo que implicará más pacientes polimedicados. Si la esperanza de vida está ahora en 83-84 años, en 2031 se dice que nos acercaremos a Japón.

Eso significa que habrá muchas personas polimedicadas, con múltiples medicamentos, y posiblemente con falta de asistencia y situaciones de soledad. Ahí la farmacia debe garantizar el asesoramiento necesario y la forma correcta de tomar la medicación. También vienen años en los que el autocuidado y la cultura de la salud van a ser fundamentales. La gente cada vez se cuida más.

El acceso al autocuidado se está democratizando, y eso se traducirá en más calidad de vida. Si la farmacia es capaz de mantener la idea de que juntos somos mejores que por separado, y de que todo esto debe ser solidario para que todas las farmacias puedan prestar servicios donde estén, no le temo al futuro.

Si entramos en individualismos, egoísmos, codicia y avaricia, entonces sí que no le veo futuro.

–¿Cree que el modelo de economía social es competitivo a gran escala?

–Sí, lo creemos porque lo estamos demostrando. Es posible competir en un entorno complejo sin renunciar a principios sociales y participativos.

Pero para que funcione hay una condición esencial: la implicación de toda la organización. No basta con que lo crea una parte. Tiene que ser un proyecto compartido.

Si predominan los individualismos, el sistema se debilitará. Si mantenemos el compromiso colectivo, seguirá siendo fuerteAntonio Mingorance Gutiérrez

Cuando toda la estructura reman en la misma dirección, el modelo es plenamente viable.

–¿Cuál sería para usted el verdadero indicador de éxito de este mandato?

–Para mí, el éxito sería que todos los farmacéuticos sintieran Bidafarma como su casa.

Que la sintieran como algo propio, que la cuidaran, que participaran en su mejora y que la vieran como una herramienta de todos.

Ese sería el mejor indicador de que el proyecto funciona.

–Bidafarma mantiene una estructura muy territorial. ¿Por qué no centralizar más la gestión?

–Porque la cercanía es parte de nuestro modelo. Podríamos centralizar la gestión en un único punto, pero hemos preferido mantener estructuras en cada territorio.

Eso nos permite conocer mejor la realidad de cada zona y mantener una relación directa con las farmacias.

Incluso cuando evolucionamos hacia sistemas digitales, hemos mantenido la atención personalizada. No queremos perder el contacto humano.

–Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría dejar sobre el futuro del sector?

–El futuro del sector dependerá de nuestra capacidad para mantener la cooperación y la solidaridad.

Si predominan los individualismos, el sistema se debilitará. Si mantenemos el compromiso colectivo, seguirá siendo fuerte.

La farmacia es un elemento esencial del sistema sanitario y también de la cohesión social, especialmente en la España rural. Y ese valor hay que protegerlo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas