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El director de El Debate, Bieito Rubido, el escritor e investigador de Faro UDD, Cristián Warnken, y el el expresidente del Consejo de Ministros de Perú, Pedro Cateriano

Sin libertad para disentir no hay democracia: el debate que reunió a Cateriano, Rubido y Warnken

Especialistas internacionales y referentes del pensamiento político abordaron las crecientes amenazas que acechan al debate público, advirtiendo sobre los riesgos de la cultura de la cancelación y el deterioro paulatino de las garantías institucionales en las democracias contemporáneas

¿Hasta dónde puede una sociedad democrática restringir una opinión? ¿Qué ocurre cuando la sanción social o el sesgo ideológico termina reemplazando al debate libre? Con el propósito de reflexionar sobre estos apremiantes dilemas, Faro UDD y el Instituto para una Sociedad Libre (ISL) llevaron a cabo el conversatorio «Libertad de expresión y cultura de la cancelación». La actividad congregó a un destacado panel compuesto por Pedro Cateriano, expresidente del Consejo de Ministros del Perú; Bieito Rubido, director del diario digital español El Debate y exdirector de ABC; y Cristián Warnken, escritor y profesor investigador de Faro UDD.

El encuentro, celebrado en Santiago de Chile, centró sus análisis en el impacto que ejerce la cultura de la cancelación sobre la disposición ciudadana a emitir opiniones, confrontar argumentos y convivir en pluralismo. Asimismo, los ponentes enfatizaron el rol decisivo de las universidades, los medios de comunicación y las instituciones en el resguardo de espacios abiertos al libre intercambio de ideas.

Al dar la bienvenida, Ernesto Silva, director ejecutivo de Faro UDD, lanzó una contundente advertencia sobre la naturaleza sigilosa de los riesgos contemporáneos. «Hay un riesgo con la libertad de expresión que se ha visto en los últimos años: las democracias ya no están muriendo por quiebre, están muriendo por erosión. Y casi siempre el primer síntoma es que hay autoridades elegidas democráticamente que empiezan a limitar, poco a poco, la libertad de expresar, de disentir, de fiscalizar, hasta que un día ya no queda espacio para la crítica», señaló.

Desde la perspectiva de la experiencia política en América Latina, Pedro Cateriano repasó el valor intrínseco de las garantías informativas frente a las tentaciones autoritarias. «Para una persona que ha pasado su adolescencia bajo la opresión de una dictadura de izquierda, como fue la dictadura de Velasco Alvarado, que tomó por asalto todos los medios de comunicación, donde no había libertad de expresión, eso a uno lo marca profundamente», enfatizó el exjefe del gabinete peruano.

«Yo defiendo la libertad de decir lo que creo conveniente»

Por su parte, el periodista español Bieito Rubido reivindicó el valor del ejercicio individual sin condicionamientos externos ni censuras sociales. «Yo defiendo mi libertad de decir lo que creo conveniente y que no se me critique por decirlo o no decirlo. Eso es de verdad la libertad», sostuvo el director de El Debate.

Bieito Rubido durante un momento del coloquio

A su turno, Hernán Larraín, presidente del Instituto para una Sociedad Libre, recordó los pilares éticos y doctrinarios que impulsaron la creación de su entidad ad portas del retorno a la democracia en Chile, instando a fortalecer una sociedad donde prime la libertad, el desarrollo de la sociedad civil y el respeto irrestricto a los derechos fundamentales.

Al profundizar en el fenómeno de la cancelación, Cristián Warnken compartió reflexiones basadas en su vivencia personal durante el proceso constituyente chileno. Warnken alertó sobre el riesgo de las inercias intolerantes dentro de los movimientos deliberativos: «Para el proceso constituyente descubrí que quienes eran las víctimas —la izquierda— se pueden convertir rápidamente en los victimarios. Que quienes decían ser los adalides de la libertad pueden ser quienes la suprimen con la cancelación».

El seminario concluyó recalcando que el verdadero desafío democrático no radica únicamente en las normas jurídicas, sino en la solidez cultural de una sociedad para procesar el desacuerdo, resistir la incomodidad de las ideas divergentes y mantener firmes los cimientos de la libre expresión.