Estelas de condensación en el cielo de Madrid
¿Pueden los aviones enfriar el planeta? Así es el polémico plan climático que está sobre la mesa
El calentamiento del planeta es una de las mayores preocupaciones de los organismos internacionales, que intentan por diversos medios que la temperatura de la Tierra no ascienda. El paso a las energías renovables es la principal vía para conseguir este propósito, pero surgen otras, como la inyección de aerosoles en la estratosfera.
Un estudio del CSIC ya descubrió hace unos meses cómo el polvo de diamante y otros minerales podrían enfriar el planeta, ya que podría ayudar a reflejar los rayos del Sol de vuelta al espacio y así reducir el calentamiento global. Aunque enfatizan que esta no sería la solución definitiva, sí que podría contribuir a reducir la temperatura.
Ahora, un estudio del University College de Londres (UCL), junto con expertos de Yale y la Universidad de Exeter, han llevado a cabo un conjunto de 41 simulaciones cortas de inyección de aerosoles estratosféricos en el Modelo del Sistema Terrestre del Reino Unido para intentar enfocar cómo realizar este proyecto.
Los investigadores descubrieron que los aviones comerciales existentes podrían utilizarse potencialmente para lanzar aerosoles a altitudes más bajas sobre las regiones polares. La investigación, publicada en la revista Earth's Future, empleó simulaciones por ordenador para analizar diversas estrategias de inyección de dióxido de azufre en la atmósfera, con el objetivo de formar partículas reflectantes que ayuden a enfriar el planeta.
En cada modelo, los científicos evaluaron la profundidad óptica del aerosol y el forzamiento radiactivo, estimando así el potencial de enfriamiento global en escenarios de liberación sostenida. Los resultados indican que, para altitudes de hasta unos 14 kilómetros, las inyecciones realizadas en latitudes altas ofrecen la mayor eficiencia en términos de impacto climático. La principal causa de variación en esta eficiencia está relacionada con la diferente duración de los aerosoles en la atmósfera según el lugar donde se realice la inyección.
El estudio destaca que una posible opción –inyectar dióxido de azufre a altitudes más bajas (13 km) y en regiones polares (60° norte o sur)– solo alcanzaría el 35 % de la eficiencia que ofrece una estrategia más óptima: inyecciones constantes a 20 km de altitud en zonas subtropicales (30° norte o sur).
Limitaciones y riesgos
Sin embargo, esta aparente ventaja logística viene acompañada de importantes limitaciones y riesgos. Según los autores, este enfoque solo alcanzaría un 35 % de la eficacia de los métodos más estudiados, que contemplan una inyección constante durante todo el año a unos 20 kilómetros de altitud en zonas subtropicales. Esto significa que, para lograr el mismo nivel de enfriamiento global, sería necesario liberar tres veces más dióxido de azufre, lo que incrementaría los efectos secundarios no deseados, como el aumento del riesgo de lluvia ácida.
Además, la distribución del enfriamiento no sería uniforme: las zonas polares se beneficiarían más que los trópicos, que seguirían expuestos a niveles altos de calentamiento. Esta desigualdad climática representa un desafío para la justicia ambiental y podría tener implicaciones geopolíticas.
No obstante, la posibilidad de usar aviones convencionales reduce significativamente las barreras técnicas. Esto podría facilitar una implementación más rápida y económica, aumentar el número de países o actores con capacidad para desplegar la tecnología, e incluso elevar el riesgo de que se recurra a esta estrategia de forma unilateral, sin consenso internacional.
Aunque en teoría puede mitigar algunos efectos del calentamiento del planeta, los riesgos son múltiples y aún no están completamente comprendidos. Entre ellos se encuentran cambios impredecibles en los patrones de precipitación, alteraciones en los monzones, y una dependencia tecnológica que obligaría a mantener la inyección de partículas de forma continua para evitar un rápido rebote del calentamiento.
En los escenarios más convencionales, la SAI requiere inyecciones a 20 kilómetros o más de altitud, algo que no pueden alcanzar los aviones comerciales actuales. Por ello, se han propuesto aeronaves diseñadas específicamente para esta tarea, lo que encarece y complica su viabilidad a corto plazo. El nuevo estudio plantea que, a pesar de su menor eficacia, un despliegue polar estacional con aeronaves existentes podría lograr una reducción de hasta 0,6 °C en la temperatura global. Sin embargo, esta alternativa no compensa todos los efectos del calentamiento y debería ser considerada con extrema precaución.
Los autores del estudio insisten, por tanto, en que cualquier estrategia de geoingeniería debe ser evaluada no solo desde el punto de vista técnico, sino también ético, político y ambiental, dada la magnitud de sus posibles consecuencias a escala global.