Medición de corales en la Gran Barrera australiana
Registran el mayor deterioro de corales en la Gran Barrera australiana desde que existen datos
Los científicos advierten de un retroceso sin precedentes en la salud de los arrecifes, agravado por el calentamiento global y los fenómenos extremos
Un reciente informe elaborado por científicos australianos ha encendido todas las alarmas: la Gran Barrera de Coral, ese gigantesco ecosistema marino frente a la costa noreste de Australia, está atravesando su peor momento desde que se tienen registros. Y no es una exageración.
Con sus más de 2.300 kilómetros de extensión, la Gran Barrera siempre ha sido un tesoro natural. Pero entre agosto de 2024 y mayo de 2025, el Instituto Australiano de Ciencia Marina —un organismo público que lleva décadas estudiándola— analizó 124 arrecifes a lo largo del sistema y los datos no pueden ser más preocupantes: la pérdida de coral ha alcanzado niveles históricos en sus tres regiones principales —norte, centro y sur—.
¿Las zonas más castigadas? El extremo norte, desde Cabo York hasta Cooktown, donde el coral ha perdido casi una cuarta parte (un 24,8 %) de su cobertura en apenas un año. Y la región sur, entre Proserpina y Gladstone, donde la caída fue aún más drástica: un 30,6 %. En la zona central, aunque el impacto fue algo menor, también se registró una pérdida notable del 13,9 %.
Algunos arrecifes, como los que rodean la isla Lizard, han quedado prácticamente devastados: allí el daño llegó al 70,8 %. Es una cifra que duele. Y es que detrás de este deterioro hay varios factores que han actuado como una tormenta perfecta: el calentamiento del mar, dos ciclones seguidos (uno en diciembre de 2023 y otro en enero de 2024), fuertes inundaciones y la presencia creciente de la estrella de mar corona de espinas, una especie que literalmente devora el coral.
El blanqueamiento masivo —ese fenómeno en el que el coral expulsa las algas que lo nutren y pierde su color, su salud y, si no mejora, su vida— ha sido el gran culpable. ¿La causa? Un aumento anómalo de la temperatura del agua, que el pasado verano austral estuvo entre 1 y 2,5 ºC por encima de lo habitual.
Los científicos lo tienen claro: lo que ha sufrido la Gran Barrera este año no tiene precedentes. Desde 2016 ya van seis eventos de blanqueamiento masivo, una frecuencia que hace apenas unas décadas era impensable. Y cada vez hay menos tiempo entre uno y otro, lo que deja al coral sin margen para recuperarse. Es como si apenas se estuviera curando de una herida cuando ya llega la siguiente.
«La recuperación es cada vez más lenta. Si seguimos así, podríamos acercarnos a un punto de no retorno», advierten los expertos. Por eso insisten en que no basta con lamentos: hay que actuar. Y rápido.
La Gran Barrera de Coral, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981, no es solo un espectáculo de colores bajo el agua. Es hogar de más de 400 especies de coral, 1.500 tipos de peces y 4.000 variedades de moluscos. Es vida en su estado más puro. Por eso, aunque todavía no está en la lista de Patrimonio en peligro, la amenaza es cada vez más real.
El informe también reclama más recursos para investigar cómo se puede ayudar a los corales a adaptarse, cómo acelerar su recuperación y cómo proteger lo que aún queda. Porque aún estamos a tiempo. Pero cada año que pasa, ese margen se estrecha.