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Un gato caza un pájaro

Un gato caza un pájaroGetty Images/iStockphoto

Australia declara la guerra a los gatos: sacrificios masivos y toques de queda para proteger su fauna

Se cree que han jugado un papel clave en la extinción de 34 especies de mamíferos y actualmente atentan contra la supervivencia del bilby

Australia lleva años teniendo un problema con sus gatos salvajes. Aunque veamos a estos animales como unas mascotas más y estén plenamente integrados en la sociedad, fuera de las ciudades pueden suponer un riesgo para la biodiversidad, y eso es lo que está sucediendo en la gran isla de Oceanía.

Su caso es especialmente sensible, ya que la fauna australiana se ha desarrollado durante millones de años en aislamiento, sin depredadores felinos, por lo que abundan los mamíferos pequeños, de movimientos lentos y que anidan en el suelo o carecen de respuestas defensivas eficaces.

Los gatos llegaron al territorio más tarde, con la llegada de los europeos. Primero lo hicieron como animales domésticos pero, como ocurre en cualquier lugar, poco a poco estos se fueron reproduciendo y terminaron poblando la zona de forma salvaje. Con el tiempo, el número ha ido haciéndose cada vez mayor hasta llegar a la actualidad, estimándose en entre dos y seis millones de estos felinos en libertad.

Esto hace que los animales, por instinto, cacen. Y, en muchas ocasiones, las especies que cazan resultan estar protegidas o ser únicas en Australia. Varios estudios recientes muestran que los gatos salvajes matan alrededor de 2.000 millones de animales nativos cada año entre mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

De hecho, se cree que han jugado un papel clave en la extinción de 34 especies de mamíferos y actualmente atentan contra la supervivencia del bilby (Macrotis lagotis), un marsupial parecido a un conejo, y otras 200 especies amenazadas nativas.

¿Y qué solución ha tomado el país para acabar con esta situación? Pues el sacrificio masivo de gatos. Antes de esta medida extrema, se intentó proteger hábitats, vallarlos, realizar campañas de concienciación o de monitoreo, pero nada de eso pareció surtir efecto. Por ello, el siguiente paso fue pasar al sacrificio de gatos, no como una medida extraordinaria, sino sostenida en el tiempo.

Las actuaciones se llevaron a cabo en parques nacionales, reservas biológicas y enclaves clave para la supervivencia de especies en peligro crítico de extinción. El trabajo abarcó desde la vigilancia científica y el control del territorio hasta la protección especial de las islas y el seguimiento continuo de las consecuencias sobre el ecosistema. Fue una medida difícil de asumir y lejos de contar con una aceptación unánime. Se calcula que se matan dos millones al año, según datos del gobierno de la isla, una cifra que se ha barajado incluso aumentar.

Toques de queda y otras restricciones

Australia ya cuenta con territorios que han optado por medidas más severas para limitar la presencia de gatos, según informa The New York Times. Uno de los ejemplos más destacados es la Isla de Navidad, donde se vetó la entrada de nuevos felinos y se obligó a los residentes a esterilizar a sus mascotas. El objetivo de esta política es reducir progresivamente la población de gatos hasta lograr su desaparición de la isla.

Las restricciones cuentan con el respaldo de parte de la comunidad científica, que considera necesario controlar estos animales para proteger a las especies autóctonas y evitar su extinción. Sin embargo, la propuesta también ha provocado críticas entre los defensores de los gatos, que temen que las medidas vayan más allá de la reducción poblacional y terminen suponiendo la desaparición completa de los felinos en el territorio.

Las autoridades australianas pretenden, además, extender el control a los gatos domésticos mediante nuevas normas. Entre las opciones planteadas figuran establecer un toque de queda nocturno, que impida a los animales salir de las viviendas durante determinadas horas, y fijar un límite al número de gatos que puede tener cada hogar.

La iniciativa aspira a mantener bajo control al 71 % de los más de 5,3 millones de gatos domésticos del país. Una de las razones que explican esta preocupación es el impacto de los felinos sobre la fauna silvestre: se estima que solo llevan a casa menos del 20 % de las presas que capturan, por lo que su actividad depredadora real puede pasar inadvertida para sus propietarios.

A ello se suma el problema de los animales que no están esterilizados, cuya reproducción dificulta el control de las poblaciones. Los gatos también pueden transmitir enfermedades y representar una amenaza para aves y mamíferos autóctonos, especialmente en ecosistemas insulares, donde muchas especies evolucionaron sin depredadores de este tipo.

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