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Slop oil o lodos de crudo

De residuo tóxico a recurso energético: el avance que cambia la gestión de los lodos de crudo

El también llamado slop oil puede tener consecuencias graves para el medio ambiente y el clima si no se gestiona correctamente

A pesar de que los diferentes países del globo intenten disminuir su dependencia de los combustibles fósiles, aún son esenciales para nuestro día a día. Los coches eléctricos no terminan de cuajar, por lo que el petróleo continúa ejerciendo un papel clave para la movilidad de las personas. Igualmente, se utiliza todavía para las calefacciones o la industria y como materia prima para la industria petroquímica.

Por ello, cabe analizar cuál es el proceso de producción de esta mezcla de compuestos orgánicos. Uno de los residuos resultantes de la industria petrolera y petroquímica son los conocidos como lodos de petróleo o slop oil. Se trata de una mezcla compleja de hidrocarburos, agua y partículas sólidas, que a menudo contiene metales pesados y otros componentes tóxicos.

Los lodos de crudo, tal y como explican desde GEA, suelen almacenarse en balsas y se generan durante la limpieza de depósitos, en los procesos de retrolavado de filtros o como residuos del refinado, ya sea por fugas o por los llamados «rechazos» de las plantas convencionales de tratamiento. Se trata de una mezcla de crudo con agua, numerosos compuestos químicos y partículas sólidas y finas, cuya composición puede variar significativamente según su origen y dificulta dificulta enormemente su tratamiento con métodos convencionales.

Si no se gestiona correctamente, el slop oil puede tener consecuencias graves para el medio ambiente y el clima. Al verterse o filtrarse al suelo y al agua, libera hidrocarburos y compuestos tóxicos que dañan ecosistemas, afectan a la biodiversidad y contaminan acuíferos. Además, al degradarse de forma incontrolada, emite gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono, que contribuyen directamente al calentamiento global. Incluso en vertederos o balsas de almacenamiento mal selladas, estas emisiones pueden ser constantes y prolongadas en el tiempo.

Por ello, más allá de un problema de gestión de residuos industriales, el slop oil es también un reto climático: tratarlo de manera segura y buscar su valorización energética o su reintegración en procesos productivos no solo reduce la contaminación, sino que evita añadir más presión a la crisis climática.

Cómo gestionar los residuos

Hasta ahora, la gestión de estos residuos se abordaba principalmente mediante incineración, almacenamiento o vertido controlado, soluciones costosas y con un fuerte impacto ambiental. Frente a estas prácticas, la propuesta de Pieralisi –empresa líder en la producción de maquinaria para la extracción y la separación de líquidos– plantea un enfoque más eficiente y sostenible: separar y recuperar la fracción oleosa presente en el residuo, de modo que pueda reincorporarse a procesos productivos o aprovecharse como fuente energética.

«El proceso de separación y recuperación consiste en dividir el residuo en agua, sólidos y, finalmente, la fracción oleosa. Esta parte oleosa, en lugar de quemarse, puede reutilizarse en procesos industriales o energéticos, sustituyendo al petróleo nuevo que, de otro modo, habría que extraer y refinar», explica María Eugenia García-Baquero, jefa de negocio de Pieralisi en España y Portugal. «De esta manera no solo reducimos lo que se quema, sino que también evitamos generar emisiones adicionales ligadas a la producción de combustible desde cero», concluye.

Este enfoque no solo disminuye la peligrosidad del residuo, sino que también genera beneficios directos para las industrias que lo producen, al permitir la recuperación de hidrocarburos útiles que optimizan el rendimiento en procesos de refino o valorización, reducir el volumen, la toxicidad y los costes asociados a la gestión de residuos peligrosos, garantizar el cumplimiento de las normativas medioambientales más exigentes de la Unión Europea y, además, contribuir de manera efectiva a la economía circular al convertir un desecho en un recurso energético.