Vapor que se eleva desde una central geotérmica en Islandia
Medio ambiente
Las técnicas para encontrar energía limpia casi ilimitada bajo nuestros pies que podría sustituir al gas y al petróleo
En el desierto de Utah, una perforadora más propia de la industria petrolera ha excavado casi tres millas hacia el interior de la tierra –unos 4,8 kilómetros– en busca no de petróleo ni gas, sino de calor natural. Con tal profundidad, las temperaturas alcanzan aproximadamente 260 °C, suficiente para transformar roca caliente en una fuente de energía limpia altamente resistente a las variaciones del clima. Este proyecto lo materializa la empresa Fervo Energy, que junto a otras compañías pioneras pretende revolucionar el sector energético al aprovechar tecnologías desarrolladas originalmente para la extracción de hidrocarburos.
La geotermia convencional depende de reservorios naturales de agua caliente o vapor subterráneo, sitios donde la combinación de calor y permeabilidad permite extraer energía con relativa facilidad. Pero estos lugares son raros y localizados, lo que limita mucho su uso global. En cambio, la geotermia mejorada (EGS, por sus siglas en inglés) busca llevar energía geotérmica allí donde no hay reservorios naturales: perforando profundamente en roca seca y caliente y luego creando artificialmente «caminos» por donde el agua puede circular, calentarse y retornar a la superficie.
El método de esta empresa toma prestadas herramientas y técnicas de la industria del petróleo y gas: perforación direccional, fracturación hidráulica («fracking») para generar las grietas necesarias, e inyección de agua fría que circula por esas fracturas, adquiere calor del subsuelo y emerge convertida en vapor para impulsar turbinas.
Avances recientes: eficiencia, profundidad y escala
Este mismo año, Fervo anunció que su pozo de ensayo 'Sugarloaf' alcanzó una profundidad vertical real de 4,8 kilómetros y proyecta que, tras estabilizarse térmicamente, la temperatura en el fondo llegará unos 271 °C. La perforación duró apenas 16 días, lo que supone una reducción del 79 % en el tiempo respecto al estándar del Departamento de Energía de EE.UU. para pozos ultraprofundos, tal y como indican desde CNN.
Además, gracias a su reciente ronda de financiación de 206 millones de dólares, Fervo planea escalar su proyecto más ambicioso: la planta Cape Station en Utah. La primera fase apunta a generar 100 megavatios (MW) para 2026, y con la expansión prevista hasta 2028, alcanzar 500 MW, suficiente para abastecer a cientos de miles de hogares.
Por su parte, la empresa Eavor también avanza con su enfoque alternativo: su sistema cerrado utiliza múltiples bucles subterráneos conectados, a través de los cuales circula un fluido que absorbe calor sin necesidad de fracturas hidráulicas, lo que reduce los riesgos sísmicos. Su primer proyecto comercial, en Geretsried (Alemania), acaba de publicar mejoras sustanciales en su rendimiento de perforación.
Una vía hacia la energía limpia... ¿a qué coste?
La promesa de la geotermia mejorada es enorme: a diferencia de la solar o la eólica –intermitentes por naturaleza–, la geotermia puede ofrecer energía continua, ideal para equilibrar la red eléctrica cuando hay demanda elevada o cuando no hay viento ni sol.
Además, al aprovechar técnicas ya maduras en la industria de hidrocarburos, el sector intenta adaptarse a escenarios de grandes necesidades energéticas, combinando escala con bajas emisiones, según recogen desde The Economist.
Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. Profundidades de 4-6 kilómetros implican condiciones extremas en temperatura y presión: los equipos de perforación y los sensores deben ser capaces de operar en entornos hostiles. Los bits de diamante u otras herramientas especiales, además de electrónica resistente al calor, son esenciales, lo que encarece la operación.
También está la cuestión del coste inicial y del riesgo geológico. En sistemas EGS que implican fracturación hidráulica, existe el debate sobre la posibilidad de que se generen terremotos inducidos o efectos sobre acuíferos subterráneos si no se manejan adecuadamente. No obstante, las compañías aseguran que la sismicidad es monitorizada constantemente y que el riesgo de eventos severos es bajo cuando el proyecto está bien diseñado.
Por su parte, los sistemas cerrados reducen algunos de estos riesgos, pero su estructura resulta extremadamente cara. Si bien los avances recientes han reducido los tiempos de perforación y mejorado la eficiencia, la viabilidad económica aún depende de la escalabilidad masiva y de que los costes por megavatio se reduzcan significativamente.
La convergencia de varios factores ha puesto la geotermia mejorada en el centro del debate energético global. La urgencia climática exige fuentes estables, abundantes y bajas en carbono, por ello diferentes empresas apuestan por una «segunda ola» de geotermia: una que no dependa de reservorios naturales, sino de ingeniería avanzada, datos en tiempo real, perforaciones profundas y una adaptación de técnicas del pasado a las necesidades del presente.
Para que sea exitoso, deberán demostrar que pueden mantener costes competitivos, controlar riesgos geológicos y escalar sus operaciones a nivel industrial. Si lo logran, podrían convertirse en un pilar fundamental de un sistema energético limpio, constante y compatible con las exigencias del siglo XXI.