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Personas caminan por la calle con paraguas en Madrid

Personas caminan por la calle con paraguas en MadridEuropa Press

Los científicos concluyen que las lluvias del tren de borrascas fueron un 11 % más intensas por el cambio climático

Las jornadas más lluviosas en estas zonas descargan ahora aproximadamente un tercio más de agua que antes del incremento global de temperaturas

Las lluvias registradas desde el pasado 16 de enero, coincidiendo con el paso de nueve borrascas con nombre propio, han resultado hasta un 11 % más intensas en determinadas zonas de España y Portugal como consecuencia directa de las emisiones de dióxido de carbono, responsables del calentamiento global. Así lo concluye un informe elaborado por la red científica World Weather Attribution y dado a conocer este jueves.

El estudio ha sido desarrollado por expertos procedentes de España, Portugal, Marruecos, Países Bajos, Suecia, Sudáfrica, Suiza, India, Dinamarca, Estados Unidos y Reino Unido. En su análisis han examinado la precipitación máxima diaria durante el semestre invernal, comprendido entre octubre y marzo, así como los picos diarios registrados en ese mismo periodo para evaluar el impacto acumulado en términos de saturación del terreno.

Los investigadores han focalizado su trabajo en dos áreas con características climáticas diferenciadas pero igualmente castigadas por los temporales recientes: el norte de Portugal y el noroeste de España, por un lado; y el sur de Portugal junto al suroeste español y el norte de Marruecos, por otro. Paralelamente, han estudiado si se han producido variaciones en la frecuencia del patrón atmosférico que favorece la sucesión de tormentas en la región.

Según detallan, las jornadas más lluviosas en estas zonas descargan ahora aproximadamente un tercio más de agua que antes del incremento global de temperaturas. Al combinar los datos observados con simulaciones realizadas mediante modelos climáticos, los autores estiman que el aumento cercano al 11 % en la intensidad de las precipitaciones en la región septentrional analizada puede atribuirse directamente a la concentración de CO2 en la atmósfera.

El informe también señala que los episodios tormentosos se vieron reforzados por la presencia de «ríos atmosféricos» que captaron humedad de una ola de calor marina de intensidad fuerte a severa situada más al oeste, en el Atlántico. A este factor se sumó un sistema atmosférico bloqueado, caracterizado por altas presiones asentadas sobre Escandinavia y Groenlandia, que actuó como una barrera y canalizó sucesivas borrascas hacia Europa occidental.

Este mismo patrón favoreció, además, condiciones más húmedas de lo habitual en determinadas áreas del Reino Unido, Francia e Irlanda. No obstante, los científicos advierten de que la relación entre estos bloqueos atmosféricos y el cambio climático continúa siendo objeto de investigación.

Las consecuencias de esta cadena de temporales han sido significativas. De acuerdo con el estudio, las tormentas han dejado más de 50 fallecidos y han obligado a desplazarse a cientos de miles de personas en Marruecos, España y Portugal, además de ocasionar daños valorados en miles de millones de euros.

Entre los episodios más extremos figura el registrado en Grazalema, en la provincia de Cádiz, donde cayó «más de un año entero de lluvia en sólo unos días». Los autores subrayan que este tipo de precipitaciones intensas se está consolidando como una amenaza creciente para infraestructuras y viviendas, especialmente aquellas situadas en llanuras aluviales.

«Si bien los países de la región han avanzado en la gestión de desastres, es necesario armonizar mejor los sistemas nacionales y municipales de alerta temprana e invertir en el desarrollo de capacidades locales», advierten los investigadores, que insisten en la necesidad de reforzar la prevención y la coordinación institucional.

En la misma línea, David García-García, investigador en Geodesia Satelital para la Observación de la Tierra y Estudios Climáticos de la Universidad de Alicante, considera que este trabajo confirma que el aumento de la temperatura atmosférica derivado de las emisiones de carbono «está generando un patrón de lluvias más extremas e intensas, al que los responsables políticos deben prepararse y adaptarse para proteger las vidas, los medios de subsistencia y la infraestructura» de las zonas afectadas.

A la luz de estos resultados, los expertos alertan de que el escenario actual exige una adaptación acelerada. Queda por ver cómo responderán las administraciones ante un fenómeno que, según la evidencia científica disponible, tiende a intensificarse en un contexto de calentamiento global sostenido.

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