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El papel oculto de los bosques contra el metano que pocos conocían
Los bosques siempre han jugado un papel clave en el planeta como sumideros naturales de carbono al absorber CO2 de la atmósfera mediante la fotosíntesis, almacenándolo en su biomasa (troncos, hojas, raíces) y en el suelo. Pero esta importancia puede ir incluso más allá, ya que los suelos de los bosques también desempeñan un rol crucial en la protección del clima al eliminar grandes cantidades de metano de la atmósfera, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Göttingen y del Instituto de Investigación Forestal de Baden-Wurtemberg (FVA) analizó el conjunto de datos más completo del mundo sobre la absorción de metano por suelos forestales y halló un resultado inesperado: bajo determinadas condiciones climáticas, que podrían volverse más frecuentes en el futuro, la capacidad de estos suelos para capturar metano aumenta.
El estudio, publicado en la revista Agricultural and Forest Meteorology, se basa en mediciones periódicas realizadas en 13 parcelas forestales del suroeste de Alemania durante periodos de hasta 24 años. Los resultados muestran que, en promedio, los suelos forestales absorbieron un 3 % más de metano por año a lo largo del tiempo analizado. Según los científicos, este incremento está vinculado a cambios en el clima: la disminución de las precipitaciones conduce a suelos más secos, lo que facilita la penetración del metano. Además, el aumento de las temperaturas acelera la actividad de los microorganismos encargados de descomponer este gas.
Medición minuciosa durante más de dos décadas
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores midieron la absorción de metano por el suelo. Analizaron perfiles de gases edáficos que reflejan la composición química del aire en distintas profundidades. Los datos proceden del programa de monitoreo de gases del suelo del FVA, que durante años recogió muestras de aire cada dos semanas mediante tubos delgados insertados en la tierra. Estas muestras eran posteriormente analizadas en laboratorio.
El equipo validó sus cálculos con mediciones independientes realizadas sobre la superficie del suelo. Para ello, colocaron una cámara hermética sobre el terreno y observaron la variación en la concentración de metano en su interior. Si el nivel del gas disminuía dentro de la cámara, era posible calcular si el suelo lo estaba absorbiendo y en qué cantidad. Esta combinación de métodos permitió obtener una imagen precisa y robusta del comportamiento de los suelos forestales frente al metano.
Los datos revelaron diferencias significativas entre las distintas parcelas estudiadas pero, en conjunto, mostraron un patrón claro: los suelos del suroeste alemán absorben grandes cantidades de metano, especialmente cuando las precipitaciones anuales disminuyen y las temperaturas aumentan.
«El cambio climático no necesariamente tiene un impacto negativo en la cantidad de metano que absorben los suelos forestales», explica el profesor Martin Maier, de la Universidad de Göttingen y responsable del estudio. Maier destaca que mientras el mayor estudio realizado hasta la fecha en Estados Unidos observó una disminución de hasta el 80 % en la absorción de metano debido al aumento de las lluvias, el trabajo llevado a cabo en Alemania encontró el efecto contrario.
El científico subraya que los suelos secos contienen más poros llenos de aire que los húmedos, lo que facilita la difusión del metano hacia el interior. Al mismo tiempo, las temperaturas más altas estimulan ligeramente la actividad microbiana responsable de degradar el gas.
Un desafío a las conclusiones globales
Los resultados contradicen las conclusiones de varios metaanálisis internacionales, que suelen señalar una disminución general de la absorción de metano en suelos forestales. Estos estudios sintetizan datos de múltiples investigaciones, pero, según los autores del trabajo alemán, pueden pasar por alto dinámicas regionales y procesos a largo plazo.
Para Maier y su equipo, el mensaje es claro: las mediciones continuas durante décadas y los programas de monitoreo sistemático son esenciales para evaluar con precisión los efectos reales del cambio climático. Solo a través de series de datos prolongadas es posible detectar tendencias sólidas y comprender cómo responden los ecosistemas a condiciones ambientales cambiantes.
Los suelos forestales emergen así como aliados silenciosos cuya capacidad de adaptación podría desempeñar un papel más relevante de lo que se pensaba en la regulación del metano atmosférico.