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Imagen aérea de un bosque en Finlandia

Imagen aérea de un bosque en FinlandiaGetty Images

Europa tala menos madera de la que generan sus bosques, con la sola excepción de un país

En la mayoría de los casos, la gestión forestal se está desarrollando de forma sostenible, permitiendo que los bosques crezcan pese a la actividad maderera

El uso de la madera continúa siendo más que necesario en el mundo actual debido a que se trata de un material natural, renovable y versátil que se utiliza principalmente en la construcción, mobiliario, la producción de papel o como combustible. Pero para poder llevar a cabo esta producción, los bosques ejercen un papel esencial.

No obstante, si se quiere mantener un ecosistema forestal sano y equilibrado a largo plazo, la cantidad de madera que se extrae cada año debe ser inferior a la capacidad natural del bosque para regenerarse. Este análisis se basa en un principio sencillo, pero fundamental: que la tala no supere el llamado incremento anual neto, que mide cuánto crecen los árboles en ese mismo periodo.

La diferencia entre estas dos variables –el crecimiento natural del bosque y la cantidad de madera extraída– se utiliza como un indicador clave de sostenibilidad. Cuando el crecimiento supera a la extracción, el bosque no solo se mantiene, sino que además aumenta su volumen de madera disponible. En cambio, si ocurre lo contrario, se produce una pérdida progresiva de recursos forestales que puede comprometer el equilibrio ecológico y la biodiversidad.

Los datos más recientes reflejan una situación mayoritariamente positiva en Europa. En 2023, un total de 23 países de la Unión Europea, de los que se dispone de información, registraron un incremento anual neto superior a la cantidad de madera extraída. Esto indica que, en la mayoría de los casos, la gestión forestal se está llevando a cabo de forma sostenible, permitiendo que los bosques continúen creciendo pese a la actividad maderera.

Entre los países con mejores resultados destaca Rumanía, donde el crecimiento forestal tras la tala superó en 39,9 millones de metros cúbicos a la madera extraída. Le siguen Suecia, con un saldo positivo de 26,4 millones de metros cúbicos, y Polonia, con 26,3 millones. Estas cifras evidencian no solo una explotación controlada de los recursos, sino también una importante capacidad de regeneración de sus masas forestales.

Sin embargo, no todos los países presentan el mismo equilibrio. Estonia fue el único caso en el que la extracción de madera superó al crecimiento natural del bosque. En concreto, se extrajeron 11,6 millones de metros cúbicos frente a un incremento de 9,1 millones, lo que provocó una reducción neta de 2,5 millones de metros cúbicos en sus recursos forestales. Este dato pone de relieve la importancia de ajustar las políticas de gestión para evitar un deterioro a largo plazo.

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Eurostat

La tala sostenible es, por tanto, un pilar esencial de la gestión forestal moderna. Este enfoque se centra en la madera que se extrae de forma planificada, excluyendo pérdidas causadas por incendios, plagas u otros desastres naturales. De este modo, se obtiene una imagen más precisa del impacto real de la actividad humana sobre los bosques.

Garantizar este equilibrio no solo es clave para la industria maderera, sino también para la conservación de la biodiversidad y la protección de los ecosistemas. Los bosques no son únicamente una fuente de recursos, sino también aliados fundamentales para el futuro del planeta.

España, tercer país con más superficie

España se ha consolidado como uno de los grandes motores del reverdecimiento que experimenta Europa en las últimas décadas. No en vano, ocupa el tercer lugar entre los países de la Unión Europea con mayor superficie forestal arbolada, con más de 18,5 millones de hectáreas. Solo la superan Suecia, que lidera el ranking con cerca de 28 millones de hectáreas, y Finlandia, con algo más de 22 millones. Tras España se sitúan Francia, Alemania y Polonia, y entre los seis concentran aproximadamente dos tercios de toda la superficie forestal de la Unión.

Dentro del territorio español, los bosques ya cubren el 37 % de la superficie, una proporción que no ha dejado de crecer en los últimos quince años. Este avance sostenido refleja tanto la evolución natural del paisaje como los cambios en los usos del suelo. Según el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), la mayor extensión de monte arbolado se localiza en Cáceres, seguida de Badajoz, Cuenca y Huelva. En el extremo opuesto, provincias como Almería, Alicante y Las Palmas presentan las cifras más reducidas.

Si se atiende al volumen total de biomasa forestal, España alcanza los 683 millones de metros cúbicos. En este indicador destacan Navarra, La Coruña, Asturias, Lugo y Lérida como los territorios con mayor densidad de madera acumulada, mientras que nuevamente Almería, Alicante y Las Palmas figuran entre las zonas con menor volumen.

Gran parte de este crecimiento forestal se explica por transformaciones sociales profundas, especialmente el éxodo rural que ha marcado las últimas décadas. El abandono progresivo de tierras agrícolas, junto con la disminución de la actividad ganadera y de las superficies dedicadas a pastos, ha permitido que la vegetación natural recupere terreno. Como consecuencia, amplias zonas del país han experimentado una regeneración espontánea, favoreciendo la expansión de nuevas masas forestales.

Pese a esta evolución positiva, los montes españoles siguen enfrentando importantes desafíos. Los incendios forestales continúan siendo la principal amenaza, aunque en los últimos años su incidencia ha disminuido. A ello han contribuido tanto la mejora de los dispositivos de extinción como el desarrollo de estrategias de prevención más eficaces. Además, el aumento de la concienciación social y el compromiso de las administraciones públicas han reforzado la protección de estos ecosistemas.

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