Jardín vertical en la fachada del centro artístico 'Ecocultura en el Museo de Arte de Almería'
Jardines verticales: pros y contras de una moda en auge en las ciudades
Con una sociedad cada vez más urbanita, muchos ciudadanos quieren acercar de alguna manera el campo a sus casas. Aunque, en general, los ayuntamientos han incrementado la plantación de árboles, en ocasiones las empresas, las comunidades de vecinos o los particulares apuestan por incrementar la vegetación.
Una vía para hacerlo es mediante los jardines verticales, una práctica en auge que consiste en una instalación vertical cubierta de plantas de diversas especies. Esta técnica surge en los años 90 con la idea de que las plantas no necesitan tierra para vivir y nacieron como propuestas casi artísticas que inventó un botánico francés. Con el tiempo, se han convertido en piezas necesarias en la ciudad como vía de vegetalizar grandes áreas.
Muchas administraciones han decidido sumarlos a su callejero, como es el caso de Madrid, que los ha incorporado en las paredes de la M-30 o en parques como el del Tercer Depósito, en el barrio de Chamberí. Pero, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas de este tipo de jardinería?
Filtración del aire y aislantes térmicos
Según explica a El Debate Ignacio Solano, botánico español con más de dos décadas de investigación a sus espaldas y figura representativa en la elaboración de este tipo de estructuras, los jardines verticales reducen el fenómeno isla de calor, bajan la temperatura dentro de los edificios y actúan como aislantes térmicos y acústicos, lo que supone un ahorro energético. «Todo son ventajas», recalca.
Y es que estas plantas contribuyen al filtrado de contaminantes y a la producción de oxígeno, algo que resulta especialmente útil en entornos urbanos densos. Asimismo, tienen la capacidad de reducir el calor en verano y el frío en invierno, lo que puede traducirse en un menor consumo energético en los edificios.
Son una opción en el caso de querer reducir ruidos, como es el caso de los que se están instalando en Madrid en las carreteras de circunvalación, ya que absorben buena parte del ruido ambiental. Otro punto a favor reside en que 'dan color' a espacios grises, convirtiéndolos en zonas naturales y más agradables y aumentando con ello el valor de las propiedades.
A nivel de biodiversidad, la vegetación vertical contribuye a ser hábitat de insectos y aves pequeñas y suponen una solución factible para aquellas zonas en las que no hay espacio para colocar jardines tradicionales.
Muy caros y necesitan mantenimiento
No obstante, no todo es positivo. Las principales desventajas residen en el plano económico, ya que requieren una inversión inicial relativamente alta debido a que la instalación de la estructura, el sistema de riego y el soporte adecuado puede ser costosa, especialmente en proyectos de gran escala.
Otro factor importante en el que hay que pensar antes de poner en marcha este tipo de proyectos es en el mantenimiento que va a necesitar. Estos jardines necesitan cuidados constantes, como riego automatizado, poda, control de plagas o sustitución de plantas. Todo con el inconveniente de que, si se trata de una instalación a gran altura, es necesaria una grúa y unos operarios especiales para muchas de estas labores.
Igualmente, existe el riesgo de que se formen humedades en las paredes internas del edificio en caso de que el sistema no esté bien diseñado o instalado, lo que además puede derivar en filtraciones o daños estructurales con el paso del tiempo.
Por todo ello, los jardines verticales, una alternativa en claro crecimiento, suponen una solución innovadora y sostenible con claros beneficios ambientales y estéticos, pero necesitan una planificación seria, así como una importante inversión inicial y un mantenimiento adecuado para que se pueda mantener en el tiempo de manera correcta.