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El Sol visto desde la Tierra

El Sol visto desde la TierraGetty Images/iStockphoto

Los días se alargan cada vez más en la Tierra y es por culpa del ser humano, según un estudio

Esta nueva investigación sugiere que la actividad humana podría superar la atracción gravitatoria de la Luna antes de que termine el siglo

Tras el calentamiento global, un nuevo estudio científico atribuye al ser humano un nuevo efecto adverso en la Tierra. Según un trabajo de la Universidad de Viena y la ETH Zúrich publicado en la revista Journal of Geophysical Research, la duración de los días en nuestro planeta, así como la dinámica de rotación del planeta, podrían estar cambiando.

Se trata de un evento sin precedentes en los últimos 3,6 millones de años, que está generando un alargamiento de los días que, sin embargo, es apenas perceptible. La causa de este fenómeno se encuentra, según los expertos, en el deshielo acelerado de las capas polares. Cuando estas masas de hielo en Groenlandia y la Antártida se van derritiendo, el agua resultante se redistribuye hacia zonas cercanas al ecuador, lo cual cambia la distribución de la masa del planeta.

Este movimiento altera la distribución del peso terrestre, provocando una ligera expansión en esa zona. Aunque el cambio es casi imperceptible a escala humana, tiene consecuencias físicas claras: el planeta gira un poco más despacio.

Para ilustrarlo, el equipo de investigadores encabezado por los científicos Mostafa Kiani Shahvandi y Benedikt Soja recurre a una comparación sencilla: un patinador sobre hielo gira más lentamente cuando extiende los brazos y más rápido cuando los recoge. En este caso, el desplazamiento de masa hacia el ecuador actúa como si la Tierra «extendiera sus brazos».

1,33 milisegundos por siglo

Este proceso se traduce en un aumento gradual en la duración del día. Actualmente, esa variación se estima en torno a 1,33 milisegundos por siglo. Puede parecer una cifra insignificante, pero su relevancia es mayor de lo que aparenta. En un mundo donde la precisión temporal es esencial, incluso desviaciones mínimas pueden tener efectos importantes. Tecnologías como el GPS, los sistemas de navegación espacial o las redes de telecomunicaciones dependen de una sincronización extremadamente exacta con la rotación terrestre. Cualquier alteración podría generar errores en la localización, fallos en satélites o desajustes en infraestructuras críticas, incluidos los mercados financieros.

Para reconstruir cómo ha evolucionado este fenómeno a lo largo del tiempo, los investigadores han analizado indicadores geológicos y biológicos, como ciertos microorganismos marinos fosilizados, capaces de reflejar cambios en el nivel del mar. Mediante herramientas avanzadas, incluida la inteligencia artificial, lograron trazar una evolución climática que abarca millones de años. Los resultados revelan que, aunque en el pasado existieron periodos con cambios comparables, el ritmo actual no tiene precedentes recientes.

Tradicionalmente, el principal factor que influía en la ralentización de la rotación terrestre era la atracción gravitatoria de la Luna. Sin embargo, esta nueva investigación sugiere que la actividad humana –a través de las emisiones de gases de efecto invernadero y el consiguiente calentamiento global– podría superar esa influencia antes de que termine el siglo. Este dato subraya hasta qué punto la acción humana está modificando procesos naturales que durante milenios se consideraron estables.

El estudio pone de manifiesto, por tanto, que el impacto del cambio climático va mucho más allá de los efectos visibles como el aumento de temperaturas o el deshielo. También está alterando aspectos fundamentales del funcionamiento del planeta, como su ritmo de rotación. La estabilidad de algo tan básico como la duración de un día podría depender, en última instancia, de la capacidad global para frenar el calentamiento y reducir sus efectos a largo plazo.

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