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Vista del incendio de la sierra oeste de la Comunidad de Madrid

Vista del incendio de la sierra oeste de la Comunidad de MadridEFE

Ni recalificación de terrenos ni instalación de renovables: los bulos más repetidos en los incendios forestales

Este tipo de informaciones, a menudo compartidas en redes sociales, terminan por alimentar la alarma social en un momento de incertidumbre

Los fuegos que están arrasando las provincias de Ávila, Madrid, Toledo y Castellón continúan preocupando por su virulencia y rapidez para extenderse. Los evacuados o confinados en estos cuatro territorios ya se cuentan por más de 100.000 y las hectáreas quemadas este año 2026 superan las 152.678, frente a las 24.133 que se calcinaron en el mismo periodo de 2025, lo que significa multiplicar por seis la cifra.

Junto al avance de estos incendios se propaga también otro fenómeno que preocupa a expertos y administraciones: la desinformación. En las redes sociales vuelven a circular mensajes que atribuyen el origen de los fuegos a supuestas conspiraciones, interpretaciones erróneas de la legislación o afirmaciones sin base científica. La rapidez con la que se difunden imágenes impactantes y la incertidumbre que generan los grandes incendios favorecen la aparición de bulos que, en muchos casos, terminan por alimentar la alarma social.

Estas son algunas de las afirmaciones falsas que más se repiten durante la campaña de incendios y qué dice realmente la normativa y la evidencia científica sobre ellas.

La limpieza de los montes no está prohibida

Uno de los mensajes más recurrentes sostiene que los montes arden porque no se pueden limpiar. Sin embargo, ninguna norma prohíbe las labores de desbroce o la gestión forestal. De hecho, tanto la legislación española como las estrategias europeas consideran que actuaciones como la retirada de matorral, el pastoreo extensivo o la gestión sostenible del monte son herramientas útiles para reducir el riesgo de incendios. La propia Ley de Montes obliga a las comunidades autónomas a elaborar planes de prevención y gestión forestal.

Lo que sí existe durante las épocas de mayor riesgo son restricciones temporales a actividades susceptibles de provocar un fuego, como las quemas agrícolas, las barbacoas o el uso de maquinaria que pueda generar chispas.

Un incendio no permite recalificar automáticamente un terreno

Otra de las afirmaciones más extendidas asegura que los incendios se provocan para cambiar el uso urbanístico del suelo y facilitar futuras construcciones. La legislación española establece, con carácter general, que los terrenos forestales incendiados no pueden destinarse a otros usos durante un periodo de 30 años. La reforma de la Ley de Montes introdujo una excepción muy limitada para proyectos considerados de interés público de primer orden, siempre que la modificación del uso estuviera prevista con anterioridad al incendio y contara con la autorización de la comunidad autónoma correspondiente.

Los especialistas recuerdan que esta excepción no supone una vía libre para urbanizar terrenos quemados y que, además, no existen casos acreditados de obras públicas ejecutadas al amparo de esta disposición tras un incendio.

Las energías renovables y la minería

También es habitual encontrar publicaciones que sostienen que determinados incendios se provocan para instalar parques eólicos, plantas solares o explotar yacimientos minerales.

Sin embargo, la normativa vigente no exige recalificar un terreno forestal para implantar este tipo de infraestructuras. Tanto los proyectos de energías renovables como las explotaciones mineras deben superar igualmente los procedimientos administrativos y ambientales correspondientes, independientemente de que el terreno haya sufrido o no un incendio.

Además, la existencia de espacios protegidos y otras limitaciones ambientales sigue condicionando este tipo de proyectos, incluso después de un fuego.

No todos los incendios son intencionados

Otra narrativa frecuente apunta a la existencia de organizaciones criminales dedicadas a provocar incendios de forma coordinada.

Las investigaciones desarrolladas en los últimos años por la Fiscalía y los cuerpos especializados no han acreditado la existencia de tramas organizadas de este tipo. Aunque algunos incendios tienen origen intencionado, otros responden a negligencias, accidentes, causas naturales o permanecen bajo investigación hasta determinar su origen.

Los expertos insisten en que atribuir automáticamente cualquier gran incendio a una organización criminal simplifica un fenómeno mucho más complejo, en el que influyen factores humanos, meteorológicos y ambientales.

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