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Zona boscosa envuelta en llamas en Marcheprime, al oeste de BurdeosAFP

Entrevista Carlos Madrigal, ingeniero forestal

«La vegetación ya no puede contener ningún fuego; cualquier incendio puede quemarlo todo»

La abundante masa forestal ha jugado un papel principal en esta rápida extensión del fuego, ya que los bosques están descuidados

Los voraces incendios que continúan afectando a las provincias de Ávila, Madrid y Toledo preocupan ante su actividad, ya que aún no han podido ser totalmente controlados. Pese a que varias poblaciones abulenses y madrileñas han podido ya regresar a sus casas, en otras tantas persisten las órdenes de evacuación o confinamiento y aún inquietan varios frentes de ambos incendios, así como una posible reactivación.

Estos dos fuegos, que prácticamente son ya uno, han sorprendido por su ferocidad y rapidez para avanzar. Para comprender el porqué de esta evolución y los posibles riesgos de reactivación, El Debate habla con Carlos Madrigal, decano territorial de la Comunidad de Madrid del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales.

El experto explica que los incendios actuales son mucho más complejos que los de hace apenas dos décadas. «Hoy no son fuegos que se apagan en un par de días. Son incendios de enormes dimensiones y, con las altas temperaturas, basta una racha de viento para que vuelvan a activarse», advierte.

Sobre los incendios de Ávila, Madrid y Toledo, comenta que han coincidido varios determinantes que han provocado esa intensidad de las llamas. Por un lado, la meteorología, ya que este verano está marcado por las olas de calor intensas y extensas. «En la primera, la vegetación se podía contener; la segunda ya es dolorosa, y a partir de la tercera, esa vegetación está muy seca y no es capaz de contener ningún fuego», aclara. Y advierte: «La vegetación ya no puede contener ningún fuego; cualquier incendio puede quemarlo todo».

Por otro lado, Madrigal incide en que la abundante masa forestal ha jugado un papel principal en esta rápida extensión del fuego, ya que los bosques están descuidados. Esto hace que, mezclado con las altas temperaturas y la sequedad del combustible, si un incendio ocurre en esta zona y coincide con vientos desfavorables, «tenemos todo el caldo de cultivo para que durante esos días tengamos un incendio que esté fuera de la capacidad de extinción».

¿Qué podemos hacer para evitar a futuro este tipo de incendios tan destructivos? Una de las medidas que propone el experto pasa por actuar sobre las grandes masas forestales para dificultar el avance del fuego y facilitar el trabajo de los equipos de extinción. La clave, explica, es compartimentar el monte, creando discontinuidades en la vegetación que frenen la propagación de las llamas.

«No se trata de eliminar el arbolado, sino de gestionar mejor el territorio», explica, como reducir la densidad de árboles, aumentar la distancia entre ellos y evitar grandes extensiones continuas de combustible. Además, apuesta por diversificar las especies y las edades de los árboles. «Cuando toda la masa forestal está formada por ejemplares de la misma edad y de especies muy pirófitas, el incendio encuentra las condiciones perfectas para propagarse sin obstáculos», señala. Por ello, defiende introducir especies menos inflamables y crear montes más variados y resilientes frente al fuego.

Sensibilización de la población

Madrigal considera que los grandes incendios han dejado de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en una cuestión de protección civil. A su juicio, la sociedad aún no es plenamente consciente del riesgo que supone vivir en la interfaz urbano-forestal, es decir, en viviendas situadas en zonas rodeadas de masa forestal.

El experto insiste en la necesidad de reforzar la sensibilización ciudadana, especialmente durante los episodios de olas de calor. «Tenemos que ser muy conscientes del momento en el que nos encontramos. Cuando se dan estas condiciones extremas, cualquier negligencia puede desencadenar un gran incendio», advierte.

En este sentido, recuerda que varios de los incendios registrados este verano se han originado por descuidos relacionados con el uso de maquinaria o herramientas capaces de generar chispas. Unas imprudencias que pueden acabar provocando consecuencias muy graves, como evacuaciones masivas, confinamientos o la destrucción de viviendas.

Madrigal también subraya la importancia de que la población sepa cómo actuar cuando se declara un incendio. La principal recomendación es seguir en todo momento las instrucciones de los servicios de emergencia y de las fuerzas de seguridad. «Cuando la Guardia Civil ordena el desalojo de un municipio, hay que obedecer. Muchas de las víctimas mortales se producen porque algunas personas intentan permanecer en sus casas o escapar por su cuenta y acaban atrapadas por el fuego», señala.

Además, defiende que municipios y urbanizaciones cuenten con planes de autoprotección y que los vecinos conozcan unas pautas básicas para reducir el riesgo. Entre ellas, mantener las parcelas limpias de material combustible, evitar acumular enseres inflamables alrededor de las viviendas y, si las autoridades indican permanecer en el domicilio, cerrar puertas, ventanas y persianas, sellar las rendijas inferiores con trapos húmedos y esperar a que los equipos de emergencia controlen la situación.