Fundado en 1910
Una furgoneta calcinada en la Montaña de Santa Bárbara en Villavieja (Castellón)

Una furgoneta calcinada en la Montaña de Santa Bárbara en Villavieja (Castellón)EFE

El motivo por el que las raíces de los árboles pueden arder durante días sin que lo sepamos y causar rebrotes

Los grandes troncos también constituyen un importante foco de riesgo, ya que, aunque aparentemente estén apagados, pueden conservar temperaturas muy elevadas en su interior

El Ministerio del Interior anunciaba este martes que comenzaba la «desescalada» en 13 municipios de la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila, cuyos vecinos estaban desalojados y podrán volver a sus casas. Igualmente, en cuatro municipios de ambos territorios se ha revertido el confinamiento, por lo que sus habitantes podrán volver a salir a la calle.

Aunque los incendios aún no están controlados, este gesto supone un signo de que la situación comienza a mejorar. Sin embargo, los expertos advierten: se pueden producir rebrotes. Carlos Madrigal, decano territorial de la Comunidad de Madrid del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, explica a El Debate que los realojados no deben confiarse porque se puede producir un rebrote en cualquier momento. En concreto, uno de los fenómenos que más preocupa a los especialistas es el denominado incendio de subsuelo. En estos casos, las llamas que avanzan por la superficie alcanzan las raíces de los árboles y penetran bajo tierra.

Allí, el fuego deja de comportarse como una llama convencional y pasa a consumir lentamente la materia orgánica, casi como si se tratara de un brasero. La escasez de oxígeno impide que exista una combustión visible, pero el calor continúa avanzando de forma silenciosa.

«Puede permanecer activo durante muchos días», señala el ingeniero forestal. El problema llega cuando ese foco encuentra una salida hacia la superficie. La entrada de oxígeno permite que reaparezcan las llamas y, si estas surgen fuera del perímetro ya quemado, pueden originar un nuevo incendio.

También los grandes troncos constituyen un importante foco de riesgo. Aunque aparentemente estén apagados, pueden conservar temperaturas muy elevadas en su interior. Una simple racha de viento basta para avivar las brasas y lanzar pequeñas partículas incandescentes fuera del perímetro controlado, provocando nuevos focos.

Por ello, los equipos de extinción no dan por extinguido un incendio cuando desaparecen las llamas. Primero llega la fase de estabilización, en la que el fuego deja de avanzar. Después puede considerarse controlado, aunque todavía persistan puntos calientes susceptibles de reproducirse. Solo cuando toda la zona se ha enfriado completamente se declara extinguido.

Madrigal subraya que este proceso puede prolongarse durante días e incluso semanas en los incendios de mayor tamaño. De ahí que muchas zonas permanezcan vigiladas por retenes terrestres y medios aéreos una vez que el frente principal ha sido sofocado.

Las causas: meteorología adversa y mala gestión forestal

En un contexto marcado por sucesivas olas de calor y una vegetación extremadamente seca, los especialistas recuerdan que bajar la guardia demasiado pronto puede resultar peligroso. Aunque el paisaje parezca en calma, bajo la superficie todavía puede seguir ardiendo un incendio capaz de volver a despertar.

El experto subraya que la virulencia de estos incendios se debe, por un lado, a las condiciones extremas de la meteorología –con varias olas de calor en lo que llevamos de verano que han secado la vegetación– y, por otro, a la mala gestión forestal por parte de las administraciones.

Según Madrigal, una de las soluciones pasaría por cambiar el modelo de bosque, modificando la densidad de los árboles, de manera que haya más espacio entre ellos y sea más difícil que se extienda el fuego, así como introduciendo nuevas especies que no sean tan pirófilas.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas