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Ermita de Santa Bárbara, en Onda (Castellón)

Ermita de Santa Bárbara, en Onda (Castellón)AFP

Los ingenieros ponen el foco en las personas para frenar los incendios: «El monte no arde solo»

Defienden recuperar el valor económico del monte a través del aprovechamiento sostenible de sus recursos, impulsando el uso de la biomasa como fuente de energía renovable, entre otras medidas

Los grandes incendios forestales han dejado de ser un problema limitado a las masas arboladas para convertirse en una amenaza que pone en riesgo urbanizaciones, carreteras, líneas eléctricas, explotaciones agrícolas e incluso núcleos de población. Ante esta nueva realidad, el Instituto de la Ingeniería de España (IIE) considera que la prevención debe dejar de centrarse exclusivamente en la gestión del monte e incorporar un elemento que, a su juicio, ha permanecido en un segundo plano durante demasiado tiempo: las personas y el territorio en el que viven.

La entidad sostiene que el aumento de la superficie forestal española y la transformación del medio rural han cambiado por completo el escenario de los incendios. España ha pasado de contar con siete millones de hectáreas forestales en la década de los cuarenta a superar actualmente los 18 millones, hasta ocupar más de la mitad del territorio nacional. Sin embargo, este crecimiento no ha ido acompañado de una gestión activa equivalente.

El éxodo hacia las ciudades, el envejecimiento de la población rural, la desaparición progresiva de la ganadería extensiva y el abandono de los aprovechamientos tradicionales de la madera o la leña han favorecido la acumulación de vegetación y combustible en los montes. A ello se suma la fragmentación de la propiedad forestal, un problema que dificulta enormemente la planificación y el mantenimiento del territorio.

En este sentido, el ingeniero de Montes y presidente del Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible (Cides), Carlos del Álamo Jiménez, advierte de que el minifundismo y el desconocimiento sobre la titularidad de numerosas parcelas complican cualquier actuación preventiva. La existencia de millones de pequeñas fincas dispersas convierte la gestión forestal en una tarea especialmente compleja.

Las causas humanas, en el centro de la prevención

Para el Instituto de la Ingeniería de España existe un dato que debería condicionar toda la estrategia de lucha contra los incendios: el 94 % de los fuegos registrados en España tienen origen humano, ya sea por negligencias o por acciones intencionadas. Por ello, la organización insiste en que no basta con atribuir los incendios a las altas temperaturas, la sequía o el estado de la vegetación.

«El monte no arde solo», resume Del Álamo, quien considera imprescindible estudiar las características sociales, económicas y demográficas de cada territorio para comprender por qué se producen los incendios y cómo prevenirlos de forma eficaz. En su opinión, conocer los conflictos existentes, los usos del suelo o la realidad de los propietarios forestales resulta tan importante como analizar la cantidad de combustible acumulado en el monte.

Con ese objetivo, el Instituto propone elaborar un mapa territorial de riesgo socioeconómico que permita identificar los factores humanos que favorecen la aparición de incendios. La herramienta serviría para orientar tanto las políticas de prevención como las investigaciones posteriores sobre el origen de los fuegos.

Los ingenieros ponen también el foco en los más de cuatro millones de propietarios forestales que existen en España. Consideran que este colectivo debe convertirse en un actor protagonista de la prevención mediante incentivos y políticas que faciliten una gestión activa del territorio.

Para lograrlo, defienden recuperar el valor económico del monte a través del aprovechamiento sostenible de sus recursos. Entre las medidas planteadas figuran impulsar el uso de la biomasa como fuente de energía renovable, fomentar la producción maderera, potenciar sectores como la resina, la recolección de setas o la caza, así como desarrollar mecanismos que remuneren los servicios ambientales que prestan los ecosistemas forestales.

El instituto considera que estas actividades pueden generar ingresos suficientes para que los propietarios mantengan sus terrenos en mejores condiciones, reduciendo así la acumulación de combustible vegetal que favorece la propagación de los grandes incendios.

Junto a estas medidas, la institución reclama reforzar la educación y la cultura forestal entre las nuevas generaciones, alejando el debate de tópicos y apoyando las decisiones en criterios técnicos y científicos.

A juicio de los ingenieros, España no podrá eliminar por completo los incendios forestales. Sin embargo, sostienen que sí es posible reducir su frecuencia y gravedad si la prevención deja de mirar únicamente al estado del monte y comienza a incorporar el conocimiento del territorio, de sus habitantes y de las causas sociales y económicas que están detrás de la mayoría de los fuegos.

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