Incendio en un vertedero en Rasau Jaya
Indonesia apuesta por la siembra de nubes para combatir los incendios
La técnica consiste en introducir en las nubes sustancias como yoduro de plata y sales para favorecer la formación de precipitaciones
La isla de Borneo, una de las grandes reservas de selva tropical del planeta y refugio de numerosas especies protegidas, afronta una nueva temporada de incendios forestales. Ante el avance de las llamas y unas condiciones especialmente secas, Indonesia ha decidido recurrir a una herramienta poco habitual: la siembra de nubes.
El país, que controla alrededor del 73 % de Borneo, considera que esta técnica puede ayudar a contener una temporada de incendios que amenaza con convertirse en una de las peores de los últimos años, especialmente por la influencia del fenómeno de El Niño. Según el Gobierno indonesio, más de 100.000 hectáreas ardieron durante la primera mitad del año. Un análisis independiente de Nusantara Atlas eleva la superficie afectada hasta julio por encima de las 285.000 hectáreas.
La técnica consiste en introducir en las nubes sustancias como yoduro de plata y sales para favorecer la formación de precipitaciones. Aunque su utilización para combatir incendios forestales sigue siendo poco frecuente en el mundo, Indonesia ha decidido intensificar estas operaciones tras la experiencia de 2015, cuando otro episodio intenso de El Niño provocó incendios que arrasaron millones de hectáreas y desencadenaron una grave crisis de contaminación atmosférica en el sudeste asiático.
«La modificación del clima no crea nubes. Optimizamos las nubes que tienen potencial para producir lluvias», explica la meteoróloga Safillah Anggie Wahyuni, de 25 años, que acumula más de 300 horas de vuelo en operaciones de siembra desde que comenzó a participar en ellas.
Una técnica con límites durante la estación seca
Indonesia realizó 252 operaciones de siembra de nubes entre 2021 y agosto de este año, frente a las 85 de la década anterior, según la agencia meteorológica BMKG. Aunque muchas buscaban provocar precipitaciones en zonas alejadas de regiones inundadas, otras tuvieron como objetivo apagar incendios o aumentar la humedad de las turberas.
Sin embargo, los expertos cuestionan su eficacia precisamente cuando más se necesita. «Su eficacia será muy baja debido a la falta de nubes», advierte Putu Santikayasa, profesor de hidroclimatología de la Universidad IPB. La técnica no puede generar precipitaciones si no existen nubes adecuadas sobre las que actuar.
Además, las investigaciones científicas señalan las dificultades para medir con precisión sus resultados y plantean interrogantes sobre el coste y los posibles efectos derivados del uso extensivo de yoduro de plata. Incluso desde la propia BMKG admiten que se trata de una medida limitada. «Es un esfuerzo de mitigación, no una solución permanente», reconoce Budi Harsoyo, director de modificación meteorológica de la agencia.
El problema tiene además una dimensión estructural. Los activistas consideran que estas iniciativas no abordan la transformación de las selvas y turberas de Indonesia. Estos ecosistemas almacenan grandes cantidades de carbono cuando permanecen húmedos, pero se convierten en materiales extremadamente inflamables cuando se secan.
El humo traspasa las fronteras
La amenaza no termina en Indonesia. Los incendios generan enormes columnas de humo que con frecuencia alcanzan Malasia y Singapur. En los últimos días, la contaminación se ha disparado en zonas de la parte malasia de Borneo y ha obligado incluso a cerrar escuelas.
Mientras se despliegan aviones y helicópteros para sembrar nubes, unos 50.000 bomberos trabajan sobre el terreno. El país también intenta recuperar la humedad de las turberas, vigila los focos mediante satélites y refuerza las patrullas.
Las grandes plantaciones tienen prohibido utilizar el fuego para despejar terrenos, aunque los pequeños agricultores cuentan con excepciones. Esta práctica continúa siendo una de las principales causas de los incendios.
El escenario puede empeorar por El Niño, que favorece condiciones más secas en Indonesia. De hecho, la superficie quemada durante la primera mitad de este año ya supera la registrada durante todo 2023, el último año marcado por este fenómeno. La siembra de nubes puede aportar lluvia puntual, pero el desafío de fondo sigue siendo evitar que los bosques y turberas lleguen a convertirse en un gigantesco combustible.