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Renderizado en 3D de un mapa topográfico del mar CaribeGetty Images

¿Por qué no hay huracanes este año? El motivo de su freno en plena temporada alta

El Atlántico bate un récord histórico, y es que nunca se había llegado a mediados de septiembre sin registrar ninguno de estos destructivos fenómenos

Casi cuatro meses después del inicio de la temporada de huracanes en el Atlántico, ninguno se ha formado todavía, lo que supone un récord desde 1941. Para más inri, los expertos no ven indicios de que se forme ninguno en las próximas semanas, lo que alargará esta marca en el tiempo convirtiendo este año en una rareza meteorológica.

El primer huracán de la temporada lleva, por tanto, más de un mes de retraso. Es más, estas semanas suelen coincidir con el pico de actividad en lo que a la formación de tormentas se refiere. Hasta el momento, se han registrado cinco sistemas que han alcanzado la fuerza suficiente para convertirse en tormentas tropicales con nombre, pero no en huracanes.

Los expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) ya habían pronosticado que esta sería una temporada inusual, con menos actividad de la habitual y una lista de entre tres y seis huracanes. Esto, según calculaban, ocurre debido a la creciente intensidad del fenómeno El Niño, que podría descontrolarse y alcanzar una intensidad nunca vista desde 1950.

A pesar de ello, los meteorólogos se muestran incrédulos ante lo que está sucediendo. Tal y como recoge The New York Times, desde la NOAA explican que esta falta de actividad es «sorprendente» pero que, a pesar de esta tranquilidad en unas semanas que suelen ser intensas, «aún hay mucho tiempo para que se forme un huracán».

Las temperaturas del agua ya son suficientemente elevadas como para favorecer la formación de huracanes. Sin embargo, la cizalladura del viento asociada a El Niño, considerada la «kriptonita» de los sistemas tropicales, está dificultando que estas condiciones se traduzcan en una mayor actividad ciclónica.

Este fenómeno consiste en cambios en la velocidad y la dirección del viento a distintas alturas de la atmósfera. Cuando es intensa, puede desorganizar la estructura de los sistemas tropicales e incluso llegar a deshacer tanto las perturbaciones incipientes como los huracanes ya desarrollados.

Además de la influencia de El Niño, el polvo del Sáhara también está contribuyendo a limitar la actividad ciclónica en el Atlántico. Durante la última semana, grandes cantidades de polvo y arena levantadas por los vientos en el desierto del Sáhara han recorrido miles de kilómetros desde África. Al desplazarse sobre el océano Atlántico, esta masa de aire seco y cargado de partículas dificulta la formación y el fortalecimiento de las tormentas tropicales.

Piden a la población no relajarse

Los expertos prevén que esta situación siga favoreciendo una actividad ciclónica inferior a la habitual al menos durante los próximos días, aunque cabe recordar que la temporada de huracanes del Atlántico se prolonga hasta el próximo 30 de noviembre, por lo que la tendencia puede variar.

De hecho, las tormentas de final de temporada son las que suelen formarse más cerca de Estados Unidos y afectar al país. Estas zonas, tal y como destacan desde CNN, tienden a verse menos afectadas por la cizalladura del viento de El Niño, por lo que serán objeto de estrecha vigilancia.

Asimismo, los meteorólogos advierten de que se pueden abrir pequeñas «fisuras» en la cizalladura del viento, lo que permite que un sistema se intensifique rápidamente con poco tiempo de anticipación. Eso fue lo que sucedió con el huracán Andrew en 1992, que arrasó viviendas en toda Florida y dejó a unas 50.000 personas sin hogar.

Insisten, por ello, en que no conviene que las administraciones y los ciudadanos se relajen ante esta aparente calma: «No podemos permitir que el público piense que eso significa que su riesgo necesariamente disminuye», comentó Jamie Rhome, subdirector del Centro Nacional de Huracanes, a The New York Times.

Como ha demostrado esta temporada, no es necesario que un sistema alcance fuerza de huracán para causar graves impactos. En un planeta más cálido, los sistemas tropicales pueden contener mayor cantidad de humedad y descargar lluvias más intensas. En junio, los remanentes de Arthur dejaron inundaciones generalizadas en la costa central del Golfo, con 73,8 centímetros de lluvia en 24 horas en Cottonport (Luisiana), superando el anterior récord estatal. Más recientemente, Edouard provocó inundaciones repentinas en el este de Texas, donde algunas zonas registraron más de 50 centímetros de precipitación.