Fundado en 1910
Eugenio Mallol

Reducción de jornada, IA y trampa del desarrollo

Si no abordamos la mejora de las habilidades de los empleados existe el riesgo de que las horas que liberemos mediante la reducción de jornada se las coma directamente la inteligencia artificial generativa

La reducción de la jornada laboral, que inicia su tramitación en el Congreso, es una de las opciones que tienen las empresas ante la inevitable y masiva automatización de tareas que se avecina, acelerada por la inteligencia artificial (IA). Desde que McKinsey difundió que la IA generativa permitirá a los profesores reasignar entre el 20 % y el 30 % de su tiempo a actividades que ayuden a mejorar el aprendizaje de los estudiantes, no dejo de formular a los directivos de las empresas la misma pregunta: ¿qué piensas hacer con el tiempo que van a liberar estas tecnologías a tus empleados?

Una parte responde: «haré lo mismo, pero en más cantidad». Otros, me dicen: «es una oportunidad para introducir tareas creativas, innovación y colaboración entre departamentos, pero tengo que averiguar cómo». Lo que hasta ahora nadie contemplaba, al menos explícitamente, era la posibilidad de reducir la jornada laboral. La iniciativa del Gobierno de España servirá quizás a muchos para sugerir una tercera opción: «nada». Puede ser tan válida como las anteriores, la IA generativa irá cubriendo poco a poco muchos de los espacios que los humanos dejemos vacíos. Eso sí, resultará muy complicado reconquistar ese terreno.

La IA generativa irá cubriendo poco a poco muchos de los espacios que los humanos dejemos vacíos

Jonathan Haskel, de la Imperial College Business School, sostiene que la gran tendencia de los próximos años es el movimiento hacia una economía intangible. La expansión de la IA permitirá que la PTF (productividad total de los factores) repunte, con limitaciones. Pero no nada va a resultar sencillo, la competencia entre territorios por sacar el máximo partido a la nueva tecnología será feroz y será necesario introducir «nuevas políticas e instituciones para una economía intensiva en intangibles» si queremos aprovecharlo.

Philippe Aghion, profesor del College de France y de la London School of Economics, vaticina un crecimiento de la productividad gracias al nuevo ciclo de la IA que se situará entre los 1,3 puntos de la revolución eléctrica y los 0,8 de la revolución digital durante los próximos diez años. Se acoge a la palabra del economista y Premio Nobel Daron Acemoglu, prolíficamente citado cuando se habla de estos temas, según el cual, «a los costes actuales», en EE.UU. sería rentable automatizar el 23 % de las tareas en las que interviene el factor visual, siempre que el coste de implantación de la IA y el ritmo de desarrollo de la visión artificial lo permitan.

En EE.UU. sería rentable automatizar el 23 % de las tareas en las que interviene el factor visual

Según Aghion, los ahorros en costes laborales vinculados la IA serán del 55,8 % en el caso de los programadores, del 40 % en el de los analistas y del 14 % en el de los empleados de atención al cliente en el primer mes tras la introducción de la herramienta de IA, el 25 % después de cinco meses. Un experimento en el MIT sobre el impacto de ChatGPT habla de un efecto del 27 %.

‘Gracias’ a la tecnología, los incrementos en productividad no tienen por qué trasladarse a los sueldos. Un informe de la OCDE ha confirmado la desaceleración del crecimiento salarial medio en relación con la productividad agregada, un fenómeno que se conoce como disociación entre productividad y salarios. Los mercados premian esta dinámica y están desplazando cada vez más las ventas hacia un pequeño conjunto de empresas «superestrella», así las llama, con alta productividad, altos márgenes de beneficio y una plantilla polarizada entre altas y bajas rentas del trabajo. Su posición dominante en el mercado las protege cada vez más de la competencia.

‘Gracias’ a la tecnología, los incrementos en productividad no tienen por qué trasladarse a los sueldos

En un evento organizado precisamente por la OCDE, siendo todavía asesora del Ministerio de Economía, Laura Hospido (hoy en el Banco de España) sostuvo que, a medida que las tareas se automatizan, el tiempo necesario para completarlas puede disminuir, lo que libera a los trabajadores, dijo, para que se concentren en actividades de mayor valor añadido (podría añadirse: o sigan haciendo lo mismo en más cantidad; o no hagan nada y reduzcan su jornada). Estuvo brillante Hospido al afirmar que la clave está en adoptar un enfoque en el que la máquina complemente a los trabajadores, para lo cual no hay que poner tanto el foco en la tecnología como en reconocer las capacidades humanas.

Esa es la visión de aquellos que ven en la IA una oportunidad para dar más valor a las aportaciones de las personas. La compañía Mercer Marsh Benefits ha analizado este asunto junto a la Reward and Benefits Association (REBA) y su conclusión es que desarrollar personas y talentos para impulsar la transformación empresarial es un objetivo crítico, pero deben tener las habilidades adecuadas. Ese es probablemente el riesgo más importante para los empleadores (que no quieren hacer «nada») en este momento.

Desarrollar personas y talentos para impulsar la transformación empresarial es un objetivo crítico

El Foro Económico Mundial, que dedicó a este asunto un espacio en Davos titulado «Invertir en las personas», advierte de que la transición laboral, que se da cuando una persona pasa de un trabajo a otro, solía ocurrir gradualmente, en un proceso continuo que impulsaba cambios estructurales evolutivos en la economía. Pero lo característico de esta época es que las transiciones laborales han dejado de producirse «naturalmente». Por eso aconseja también llevar a cabo una planificación estratégica de la fuerza laboral y el desarrollo del talento.

El investigador del Swedish Institute for Social Research (SOFI) de la Universidad de Estocolmo Andreas Diemer ha consolidado el término de «trampa del desarrollo» junto a otros expertos como Andrés Rodríguez-Pose, de la London School of Economics. Un ejemplo clásico de una región en una «trampa del desarrollo» sería el de un territorio que inicialmente experimentó un crecimiento rápido, hasta alcanzar un nivel de ingresos medio que le impide competir en costes laborales con otras regiones menos avanzadas, pero se ha estancado y tampoco es capaz de competir con las regiones de mayor nivel de renta, mejor situadas en los indicadores de la economía del conocimiento.

Lo característico de esta época es que las transiciones laborales han dejado de producirse «naturalmente»

Rodríguez-Pose y otros autores llevan tiempo demostrando que la caída en la «trampa del desarrollo» es posiblemente el principal factor que impulsa el aumento del descontento y el creciente apoyo al voto euroescéptico y populista en las regiones europeas. Resolver el problema de la productividad y el empleo en la economía intangible va a tener repercusiones más allá de las puramente económicas.

Si no abordamos la mejora de las habilidades de los empleados, para promover nuevas actividades innovadoras y modelos de negocio con más valor añadido, existe el riesgo de que las horas que liberemos mediante la reducción de jornada se las coma directamente la inteligencia artificial generativa y todo el maremágnum tecnológico que la acompañará. Y eso no nos ayudará a superar la «trampa del desarrollo» en el que se encuentran muchas de nuestras regiones.

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas