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Eugenio Mallol

La IA pone al sector público ante el espejo

La prestación de servicios por parte de la Administración tendrá que adaptarse a las nuevas tecnologías a un ritmo acelerado y la duda es si podrá hacerlo en un momento clave debido a la creciente desafección de los ciudadanos

Cena en el restaurante ‘Ravintola Hugo’ de Oulu (Finlandia), Capital Europea de la Cultura 2026. Excelente la carne de reno. Conversación en torno a los desafíos tecnológicos y geopolíticos. Coincidencia general: la falta de cohesión interna y de dirección estratégica en Europa son ya muy preocupantes. Nadie quiere ceder soberanía para impulsar el mercado único, aplicar reformas de calado y armonizar la regulación. Y resuenan desde Alemania los mensajes que menos apetece oír precisamente ahora.

Era el país líder indiscutible en exportaciones, tenía la industria más avanzada y competitiva del mundo, inventora de la mittleklasse: productos innovadores y de calidad a precios asequibles, una voz propia respetada a la que no se podía obviar. Pero hoy sus dirigentes son plenamente conscientes de que ha perdido su posición a nivel global. Alemania ya no es relevante, se diría casi que resulta irreconocible.

Alemania ya no es relevante, se diría casi que resulta irreconocible

Su poderío económico y geopolítico se ha diluido entre errores estratégicos propios, especialmente en el ámbito de la energía y la relación con China, y lo que su élite empresarial describe como continuas concesiones a los países que arrimaron el hombro para ayudar a la unión de las dos Alemanias tras la caída del Muro y pasaron después, de una forma u otra, ‘el cepillo’ con exigencias más o menos explícitas. Fondos y fondos para ayudar a otros a desarrollarse.

Es cuestión de tiempo que los partidos alemanes de extrema derecha y extrema izquierda, cada vez más representativos y con creciente capacidad de movilización, reciban un nivel de apoyo popular preocupante, arrimados a la bandera del antieuropeísmo y jaleados probablemente por Donald Trump y Vadímir Putin. España debe seguir muy de cerca lo que pasa en Alemania, el Sur de Europa será el objetivo.

Es cuestión de tiempo que los partidos alemanes de extrema derecha y extrema izquierda reciban un nivel de apoyo popular preocupante

Se habla en Oulu del punto de inflexión que supuso, en esta dinámica, la pandemia del Covid-19. Un momento fundamental en el que el Estado asumió la responsabilidad de exigir a los ciudadanos que adoptaran determinadas medidas en su ámbito privado, yendo más allá de lo que las fronteras del respeto a la libertad individual habían permitido llegar nunca antes en democracia.

La ciencia vive hoy aquella experiencia como un trauma. Tuvo que adoptar aires inquisitoriales, contrarios en muchos casos a sus propios valores, porque no tenía otro remedio que hacerlo. Algunas decisiones eran innegociables. El relato que me hizo Margarita del Val una noche en Logroño, su frustración al ver lo que estaba sucediendo y que «nadie hacía nada», es inolvidable. Queda, no obstante, una herida y los movimientos de contestación empujan la cuña en la grieta para romper a la sociedad.

La lección es que no resulta tan sencillo entrar en la intimidad del hogar desde el sector público, ni siquiera para salvar vidas,

La lección es que no resulta tan sencillo entrar en la intimidad del hogar desde el sector público, ni siquiera para salvar vidas, ni siquiera aunque se deba hacer. Medidas como las anunciadas por el presidente Pedro Sánchez para encarar un asunto realmente terrible, el del poder adictivo de los algoritmos de las redes sociales y el uso que hacen de ellas determinados actores para extender la desinformación, ambos problemas absolutamente ciertos, no sólo plantean enormes interrogantes desde el punto de vista legal, sino también moral y hasta de sostenibilidad del proyecto europeo.

En Finlandia, me cuenta un experto en tecnología de Oulu, se han adoptado fórmulas para introducir los estudios humanísticos en las carreras técnicas, con el objetivo de dotar a los jóvenes de la formación necesaria para hacer un uso adecuado de las redes sociales... y del resto de herramientas de la era digital, incluida la inteligencia artificial física: conviene, y mucho, que quienes diseñen robots tengan en cuenta a las personas no sólo como simples obstáculos en su camino, claro.

En España y en Europa, con más o menos éxito, hemos depositado el grueso de la atención sanitaria en manos del sector público

En la reciente JP Morgan Healthcare Conference (JPM 2026), la mayor concentración mundial de inversores en el sector de la salud, se han rendido a lo que llaman la IA ambiental. No es algo realmente nuevo, pero las posibilidades que ofrece hoy la tecnología han dado un salto cualitativo impensable hace años. Ningún fondo quiere perderse la oportunidad de entrar en el capital de las empresas que lideran este campo.

En España y en Europa, con más o menos éxito, hemos depositado el grueso de la atención sanitaria en manos del sector público, lo cual tiene sus ventajas y sus riesgos. Sobre todo, cuando se trata de seguir el ritmo de la tecnología y ésta avanza a una velocidad tan sensacional.

Hay ya pilotos y experiencias de IA ambiental en nuestra red pública de salud, pero la pregunta es si será capaz de actuar con la agilidad

Hay ya pilotos y experiencias de IA ambiental en nuestra red pública de salud, pero la pregunta es si será capaz de actuar con la agilidad que esperan los ciudadanos. Si no es así, la brecha entre nuestro sistema de salud y el de los países que sí avanzan al ritmo de los modelos artificiales, podría agrandarse. Un motivo más de descontento y desafección.

Internet y el móvil se introdujeron de forma paulatina, pero el grado de penetración de la IA en nuestras vidas era descomunal en apenas seis meses. Los pacientes pedirán a la Administración que integre sus posibilidades cuanto antes, porque de ello dependen vidas. El límite técnico es la disponibilidad de datos. El sector público tiene un desafío tan inédito como gigantesco y radical.

Oulu (Finlandia) – Capital Europea de la Cultura

La ciudad ártica de Oulu, junto al golfo de Botnia, será en 2026 Capital Europea de la Cultura. Bajo el lema CulturaClash, impulsará cientos de proyectos de arte, ciencia y sostenibilidad. Una gran oportunidad para descubrir el norte finlandés más creativo y luminoso.Getty Images

Estamos en un punto único de la historia. Algo que parecía inconcebible, que los sistemas democráticos tuvieran que justificar su propia existencia frente a los autoritarismos, por no hablar de la sostenibilidad del proyecto europeo, está sobre la mesa. Conviene gestionar, por eso, con mucho cuidado, la intromisión en la vida privada de las personas. Hay que acertar con las medidas, reilusionar a Alemania y a la sociedad.

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