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Eugenio Mallol

¿Orden internacional? El sector digital es el Salvaje Oeste

Estamos inmersos en una ciberguerra total desde que comenzamos a utilizar dispositivos conectados, las reglas del mundo físico no sirven y eso colma de impunidad actos que de otro modo serían auténticas agresiones entre países

Imagina a un grupo de élite del Ejército Popular de Liberación de China entrando de manera furtiva en una empresa española y arrebatándole la lista de clientes y sus secretos comerciales. Ahora piensa en un comando norteamericano abordando un aeropuerto ruso y tomando el control de sus operaciones. Inconcebible en un mundo físico en el que existen fronteras. Real como la vida misma en el mundo digital.

El establecimiento de estándares, el movimiento de capitales y el mínimo respeto necesario a la propiedad intelectual han permitido el salto tecnológico del último medio siglo. Pero ni siquiera en el mundo físico es posible sostener que es precisamente ahora cuando se ha quebrado el derecho internacional.

Fue la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio lo que dinamitó el frágil orden global en diversas direcciones

Fue la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio, en diciembre de 2001, lo que dinamitó el frágil orden global en diversas direcciones, justo en la etapa final de la crisis de las puntocom, apenas unos meses después del 11-M y días antes de la entrada en circulación del euro. Lo vemos ahora con claridad.

No sólo introdujo una fórmula de competencia desleal y deliberadamente corrosiva en el corazón mismo del mercado regulado global (un capitalismo de Estado, unívoco por definición y vocación), sino que consiguió romper la balanza entre países europeos.

Los datos demostraron, sólo unos pocos años después, que Alemania había incrementado sustancialmente sus ventas al gigante asiático (¡triplicó sus exportaciones entre 1998 y 2003!) a costa de que éste arrasara con la industria llamada tradicional de sus socios mediterráneos (cerámica, textil, mueble, juguete, calzado), incluida una España narcotizada por la burbuja inmobiliaria. Miles de empresas quedaron reducidas a cenizas.

Alemania había incrementado sustancialmente sus ventas al gigante asiático a costa de que éste arrasara con la industria tradicional de sus socios mediterráneos

¿Orden internacional? Los cables submarinos, que transportan más del 95 % del tráfico intercontinental de datos, están dominados por Google, Meta, Amazon y Microsoft, que controlan más del 60 % de la capacidad. El resto corresponde a las teleoperadoras tradicionales. ¿De quién es internet? En el espacio, la navegación depende de Starlink, de Elon Musk.

La agencia de inteligencia de Alemania publicó hace unos meses un informe sobre el impacto de los ataques dirigidos por agentes de los gobiernos de China y Rusia contra sus empresas. España no comunica el valor de los daños que están produciendo esos dos Estados en nuestra economía, pero nuestro servicio de inteligencia lleva tiempo rastreando, preguntando, interesándose, documentando.

Los cables submarinos, que transportan más del 95 % del tráfico intercontinental de datos, están dominados por Google, Meta, Amazon y Microsoft

¿No hay víctimas humanas? El secuestro del Hospital Clínic de Barcelona no se produjo en el contexto del respeto al orden internacional precisamente. Esta semana, la Comisión Europea ha presentado el borrador de una nueva Ley de Ciberseguridad, que prevé prohibir la participación de las firmas chinas Huawei o ZTE en el desarrollo de infraestructuras críticas. Hablamos de trenes, aviones, centrales energéticas, hospitales, ciudades enteras…

Los expertos en ciberseguridad aseguran que la situación actual no es más grave porque los que tienen las capacidades no las quieren usar. En campos de batalla abiertos, como el de Ucrania, se están probando ciberarmas contra sistemas de control industrial, eléctricos, de transporte. «O tienes en cuenta los riesgos o puedes tener un problema de magnitudes bíblicas», me decía José Rosell, de S2 Grupo.

O tienes en cuenta los riesgos o puedes tener un problema de magnitudes bíblicasJosé RosellS2 Grupo

Nuestra normativa (el orden internacional) está preparada para una sociedad física dotada tiene fronteras, y ni siquiera ahí consigue aplicarse. Si intentamos ejecutar el Código Penal español en China, lo más probable es que provoquemos la risotada de sus funcionarios. Lo mismo sucede en el ámbito militar, ni siquiera vale esgrimir el Manual de Tallín, financiado por el Centro de Excelencia en Ciberdefensa Cooperativa de la OTAN. Demostrar la atribución de un ciberdelito resulta todo un desafío.

Sí, estamos inmersos en una ciberguerra desde que comenzamos a conectar dispositivos a la red. Está bien que lo sepas. Con el modelo de guerra híbrida se puede bloquear un puerto marítimo sin tirar una sola bomba, ni enviar a un solo soldado. «El ordenador desde la que se ha lanzado el ataque está en China». Eso no significa nada en términos de posibles culpables. Se puede comprar una máquina virtual en China y lanzar un ataque a una empresa americana desde allí… pulsando una tecla en un bar de Burgos.

Se puede comprar una máquina virtual en China y lanzar un ataque a una empresa americana desde allí… pulsando una tecla en un bar de Burgos

Europa está empeñada, y hace bien, en crear una identidad digital, pero la va a soltar en el Lejano Oeste, en un mundo sin ley. ¿Orden internacional? Lo más cerca que estamos de ello puede ser el negocio marítimo, que cuenta con una normativa global desde el principio para gestionar el movimiento de información, gracias al Convenio SOLAS (Safety Of Life At Sea) pactado a raíz del desastre del Titanic.

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Estamos inmersos en una ciberguerra desde que comenzamos a conectar dispositivos a la red

En materia de ciberseguridad, se han formado alianzas de países alternativas a las del mundo físico, como el grupo de los Five Eyes (FVEY), que integran Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Rusia y China se entienden con Irán, Corea del Norte y afines. Y luego está Europa, un espacio repleto de cosas que valen mucho dinero y que nos están robando sin que nos demos cuenta.

Se han formado alianzas de países alternativas a las del mundo físico, como el grupo de los Five Eyes (FVEY)

Duele que no se respete el orden internacional, por supuesto. Es terrible la indefensión que eso produce. El error consiste en hacer una selección de agravios, lamentarse por unos sí y por otros no, seguir aceptando como normal la injerencia de Gobiernos de otros países sobre nuestra economía y nuestras infraestructuras, con evidente riesgo para nuestra integridad física y nuestra democracia. Resolver con ingenuidad el negocio de terceros, sin asegurar la viabilidad del propio.

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