Los políticos desconocen el desafío tecnológico
En España somos capaces de producir tres estrategias nacionales de IA sin aportar un solo dato propio que las justifique, habría que seguir el consejo del cofundador de Analog Devices y gran interlocutor con la Administración: hay que ayudar a los políticos a entender el reto al que nos enfrentamos
En España, tenemos el fabuloso mérito de haber producido tres Estrategias Nacionales de Inteligencia Artificial sin aportar un solo dato propio: la de 2019, del Ministerio de Innovación y Ciencia en 2019; la de 2020, del entonces Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital; y la de 2024 del Ministerio para la Transformación Digital y la Función Pública, que al menos se digna a incluir un cuadro con algunos del INE bien conocidos. Nadie ha pensado en nuestra Administración que, desde Euclides, se argumenta con datos y que no sólo se puede vivir de los que venden las consultoras.
A eso hay que sumar un libro de 200 páginas titulado Artificial Intelligence, Robotics & Data Science, dentro de la iniciativa CSIC Scientific Challenges: Towards 2030, en el que sólo aparece información sobre el porcentaje de población que vive en las ciudades, algunas observaciones astrofísicas, datos globales sobre impacto de IA ¡en 2014! y datos también mundiales de consumo energético y emisiones.
En España, tenemos el fabuloso mérito de haber producido tres Estrategias Nacionales de Inteligencia Artificial sin aportar un solo dato propio
El desinterés de España por estos asuntos podría equipararse al de una empresa que intentase generar una estrategia de inteligencia artificial basándose en los datos del tiempo meteorológico, en el consumo de café de sus trabajadores en los tiempos de descanso, en las notas académicas de los hijos de los informáticos y en los índices de ocupación del parking. Impensable en cualquiera de los países avanzados que sí dan a los informes y a las Estrategias Nacionales la importancia que deben tener.
Converso con un histórico del sector de la microelectrónica mundial. Se llama Ray Stata y fue el cofundador en 1965 de la empresa Analog Devices en Cambridge (Massachusetts). Sus sistemas transforman la información del entorno (luz, temperatura, humedad…) en señales eléctricas y están presentes en muchos ámbitos de nuestra vida. Apenas unos años antes de crear la empresa, Robert Noyce había inventado el circuito integrado y, mientras Ray Stata hacía sus pinitos en la Costa Este, aquel cambiaba de ribera en Estados Unidos, junto a Gordon Moore y William Shockley, para iniciar esa fabulosa aventura tecnológica en el Valle de Santa Clara que iba a cambiar la faz del mundo: Silicon Valley.
Se necesitan años de experiencia para comprender los fundamentos de los negocios y cómo servimos a nuestros mercadosMiembro del comité ejecutivo del Consejo de Competitividad de EE.UU., entre 1987 y 2005
Ray Stata fue miembro del comité ejecutivo del Consejo de Competitividad de EE.UU., entre 1987 y 2005, así que le pregunto por la relación con los políticos: «Creo que es un desafío al que se enfrentan todos los países hoy en día, porque la tecnología es compleja y se necesitan años de experiencia para comprender los fundamentos de los negocios y cómo servimos a nuestros mercados».
Según el cofundador de Analog Devices, «los líderes políticos aún no han madurado para aprender estas cosas. Parte de nuestras responsabilidades como empresas en este sector es dedicar más tiempo a los funcionarios gubernamentales, para ayudarles a comprender los desafíos a los que nos enfrentamos como industria y las medidas que el Gobierno puede tomar».
En España, no hace falta repasar las estrategias nacionales de IA para darse cuenta de que la clase política no es consciente del desafío tecnológico actual
En España, no hace falta repasar las estrategias nacionales de IA para darse cuenta de que la clase política no es consciente del desafío tecnológico actual. Les vendría bien un Ray Stata dispuesto a asesorarles. Escuchar este jueves el ministro Óscar López decir que estamos a la vanguardia de la IA puede provocar verdadero pánico. Basta un dato: OpenAI espera acabar el año con más de un millón de procesadores gráficos, fundamentales para entrenar y hacer que corra la inteligencia artificial; nuestro Barcelona Supercomputing Center ronda los 5.000.
Nos encanta reunirnos para decirnos lo buenos que somos, pero resulta quizás ilusorio pensar en una iniciativa como Made for Germany. Se presentó este verano y cuenta con más de 100 empresas implicadas, entre ellas gigantes como Allianz, Airbus, Deutsche Bank, Axel Springer, FGS Global y Siemens. El objetivo es fortalecer la posición de Alemania como potencia industrial y tecnológica. Hoy ya se reparte con Francia el pastel digital en Europa, claramente, con alevosía, ante la vista de todos. Made for Germany planea una inversión total de 735.000 millones de euros hasta 2028 y pretende impulsar al país en digitalización, infraestructura, sostenibilidad y mano de obra cualificada.
Made for Germany planea una inversión total de 735.000 millones de euros hasta 2028
Un grupo de CEOs europeos, entre ellos los de la española Multiverse Computing, ADigital y AMETIC, han lanzado también una Declaración Europea de IA y Tecnología Crítica en cuyo texto recuerdan los datos del Informe Draghi: entre 2008 y 2021, cerca del 30 % de los «unicornios» europeos trasladaron su sede, principalmente a los Estados Unidos. En los últimos 50 años no se ha fundado ninguna empresa de la UE valorada hoy en más de 100.000 millones de euros.
Es clave poner a los políticos en sintonía cuanto antes porque nuestro bienestar en el futuro está vinculado a la dependencia tecnológica de terceros. Si tenemos que comprar cada vez más tecnología, porque no somos capaces de producirla, no sólo se dispararán los costes, sino que se incrementará la inseguridad y se comprometerá nuestra soberanía estratégica. Y una democracia debilitada es pasto de populismos.
En los últimos 50 años no se ha fundado ninguna empresa de la UE valorada hoy en más de 100.000 millones de euros
Un trabajo de investigación demuestra que el apoyo a los partidos políticos extremistas en Europa está vinculado a una menor investigación y una menor innovación tecnológica a nivel regional en la UE, tanto en términos globales como en el campo específico de la sostenibilidad medioambiental. Este resultado es válido independientemente de si se considera el apoyo a partidos de extrema izquierda o derecha.
En fin, podría decirse que tenemos el consuelo del texto del Componente 16 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que lleva por subtítulo «Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial». En él aparecen incluye dos datos aparentemente propios originados en el Gobierno: su objetivo es «aumentar el número de empresas españolas que hacen uso de la IA pasando de menos de un 15 % actualmente a un 25% para 2025, en línea con el objetivo del eje 9 de la Agenda España Digital 2025»; y «la productividad del trabajo podría aumentar un 11 % (respecto a un escenario sin inversión) y el crecimiento anual podría ser del 2,5 % en vez del 1,7 % previsto sin inversiones». Es lo que hay.
- Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino