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Eugenio Mallol

¿Poco innovadores? El cine español es la salvación

A falta de patentes, de impulsar la productividad, de mejorar la colaboración entre la industria y la universidad y de fomentar el talento de base científico-tecnológica, en España siempre nos quedará una buena película

En España, no tenemos una predisposición especial hacia las patentes. Es una característica de nuestro tejido productivo que simplemente deja alucinados a los observadores externos, sobre todo si provienen del ecosistema norteamericano. El asunto ha sido analizado con profundidad, pero nunca solucionado con efectividad, que son dos cosas que suelen coexistir habitualmente en España. Somos un país encantado de producir planes estratégicos y observatorios, pero «no sólo hay que crear puentes, hay que cruzarlos», suele decir el científico y emprendedor Javier García.

Sucede que sólo una empresa del Ibex 35, tan propenso él como colectivo a hacer gala de su vocación innovadora, presentó el año pasado más de 16 patentes europeas, el número con el que cerraba la Universidad del País Vasco, el top 10 nacional. Fue Telefónica, que volvía, después de varios años en mínimos, a superar la veintena (21), muy lejos de todos modos de sus registros de otras épocas, cuando era una locomotora del sector industrial de las telecomunicaciones.

En España, no tenemos una predisposición especial hacia las patentes

Es un dato poco conocido y menos difundido, que pone de manifiesto la realidad del potencial de liderazgo tecnológico del grupo de cotizadas que comanda (con muy pocos cambios desde principios de siglo, un síntoma más) la economía española. Se explica así que España ocupe el puesto número 29 en el Global Innovation Inndex 2025 que acaba de lanzar la World Intelectual Property Organization (WIPO).

El informe nos dice que, a nivel global, a grandes rasgos, la inversión en I+D crece a su ritmo más lento desde la crisis financiera mundial de principios de siglo y que los acuerdos de capital de riesgo no se han recuperado todavía de la severa recesión de 2023. Los bajos tipos de interés, las alteraciones en la cadena de suministro provocadas por las tensiones geopolíticas y las dudas que persisten sobre el modelo de negocio ganador del nuevo ciclo de la inteligencia artificial generativa mantienen a los inversores atenazados.

La clave es disponer de liquidez suficiente para seguir los movimientos del mercado

La clave es disponer de liquidez suficiente para seguir los movimientos del mercado hacia nuevos destinos con agilidad. El que se mueva lento puede quedarse fuera de juego antes de que le dé tiempo ni siquiera a pestañear. S&P Global Market Intelligence, con datos de Preqin, calculaba a mediados del pasado año que el volumen de recursos financieros líquidos disponibles para ser invertidos a nivel mundial se encontraba a niveles nunca vistos. Alcanzaba ya la friolera de 2,62 billones de dólares, poco menos que el PIB de Francia. En el sector del capital riesgo se conoce a este dinero como dry powder, pólvora seca lista para ser disparada cuando se presente la oportunidad.

En estas circunstancias, España ofrece la imagen de un país cuyos líderes empresariales no presentan ni una quincena de solicitudes de patente al año. Es una locura hoy internacionalizarse sin proteger la propiedad intelectual… salvo que no tengas propiedad intelectual que proteger claro, y simplemente te dediques a registrar marcas y diseños (en eso somos buenos). No faltarán alternativas para integrar soluciones desarrolladas a partir de tecnología de terceros.

Es una locura hoy internacionalizarse sin proteger la propiedad intelectual

El informe de la WIPO muestra las fortalezas y debilidades de nuestro tejido innovador, siempre con una querencia por el papel de los denominados activos intangibles, los productos de nuestra creatividad y nuestra innovación. Por empezar por lo bueno, España aparece entre las diez primeras, en los puestos 2 y 7 respectivamente, en dos categorías: gasto en software (intuyo que el Kit Digital tiene mucho ahí que decir) y, sí, ¿lo dudabas?, «largometrajes de producción nacional».

El resto de fortalezas indicadas en el Global Innovation Inndex 2025 son: años de vida escolar (puesto 15), matriculación en educación superior (12), inversores corporativos globales en I+D (14, bueno, aquí explicaremos algún día el fenómeno Banco Santander), sostenibilidad ecológica (14), acuerdos de capital riesgo en etapa avanzada (10), escala del mercado interno (15) y diseños industriales (11).

¿Te deja esto con buen ánimo? Atento a las debilidades: graduados en ciencias e ingenierías (74), movilidad entrante de los estudios superiores (58), formación bruta del capital (95), financiación para startups y scaleups (60), dividendo demográfico juvenil (132, ojo a esto), colaboración entre universidad e industria (70), importaciones de alta tecnología (65) y crecimiento de la productividad laboral (98, terrible).

A falta de patentes, de impulsar la productividad, de mejorar la colaboración entre la industria y la universidad y de fomentar el talento de base científico-tecnológica, en España siempre nos quedará una buena película.

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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