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Oura

De contar pasos a medir años de vida: pulseras y anillos que se convierten en una potente herramienta clínica

Whoop y Oura nacieron como accesorios para deportistas y amantes de la tecnología, pero están dando un salto hacia la medicina. Integran analíticas de sangre, algoritmos de longevidad y ensayos clínicos que los colocan en el radar de cardiólogos y clínicas de alto rendimiento

Desde hace unos años, llevar un anillo o una pulsera que sean algo más que un abalorio es algo habitual. Hemos visto a Juan Carlos I con un anillo y vemos diariamente a los futbolistas con pulseras mientras entrenan, aunque en este caso no pueden utilizarlas cuando compiten. Sí que lo hacen los jugadores de pádel, hasta el punto de que el circuito más importante ha decidido firmar un acuerdo para que sea producto oficial.

Whoop y Oura son las empresas que marcan el paso y ya son la segunda generación de la llamada cuantificación personal. No prometen solo contar pasos, sino estimar riesgo, envejecimiento y capacidad de recuperación. La pulsera de Whoop se centra en esfuerzo, recuperación y sueño, mientras que el anillo de Oura apuesta por una monitorización de sueño, frecuencia cardiaca y variabilidad, con un enfoque muy marcado en salud cardiovascular.

El rey emérito Juan Carlos I con el anillo Oura en su mano izquierdaEFE

En 2025 Whoop dio un salto con su paquete de funcionalidades de Healthspan, una métrica propia que traduce datos complejos en una especie de edad funcional basada en investigación sobre riesgo de mortalidad y presencia de enfermedades crónicas. Oura, por su parte, ha visto cómo una investigación científica la identifica como una de las opciones más destacadas para monitorizar salud cardiovascular de forma continua, tanto en investigación como en contextos clínicos reales.

Donald Trump ha situado a los anillos inteligentes dentro de su agenda de salud. En sus intervenciones sobre el plan Make America Healthy Again ha defendido que cada estadounidense lleve un smart ring para monitorizar constantes como frecuencia cardiaca, temperatura, sueño o ciclo menstrual, y ha presentado esta tecnología como una herramienta clave para prevenir enfermedades y recortar el gasto sanitario público. Su Departamento de Salud, con Robert F. Kennedy Jr. al frente, ha llegado a fijar el objetivo de que el anillo de Oura se convierta en un dispositivo de uso casi universal en pocos años.

Donald Trump ha situado a los anillos inteligentes dentro de su agenda de salud

Whoop acaba de cerrar una ronda de financiación histórica de 575 millones de dólares que eleva su valoración hasta los 10.100 millones y la coloca en la antesala de una posible salida a bolsa. El dinero procede de un consorcio muy poco habitual para una compañía de wearables, como son fondos Collaborative Fund y grandes soberanos como Qatar Investment Authority y Mubadala, pero también actores sanitarios de primer nivel como Abbott y la Mayo Clinic. Con más de 2,5 millones de suscriptores, un crecimiento del 103 % en reservas durante 2025, la empresa anuncia que destinará este capital a reforzar su plataforma de salud personalizada basada en IA y a acelerar su expansión internacional, especialmente en Europa y el Golfo.

Sangre, IA y hardware médico

El giro médico de Whoop se ha concretado en 2025 con el lanzamiento de Advanced Labs, una plataforma que permite integrar resultados de analíticas de sangre con los más de 100.000 datos fisiológicos que registra el dispositivo cada día. En Estados Unidos, el usuario puede incluso solicitar pruebas de laboratorio directamente desde la app, con paneles de hasta 65 biomarcadores (glucosa, colesterol, cortisol, marcadores inflamatorios) y un informe clínico revisado por médicos que se cruza de forma automática con sus datos de sueño, estrés y entrenamiento.

Este movimiento llega acompañado de un hardware más ambicioso. Whoop ha anunciado nueva generación de dispositivos que incluyen su primer modelo con certificación de la FDA como dispositivo médico de grado clínico orientado a programas de longevidad y monitorización más estricta. Sobre esa base, la compañía ha reforzado su capa de inteligencia artificial, capaz de contextualizar patrones de esfuerzo, sueño, estrés, viajes y ahora también biomarcadores para ofrecer recomendaciones que no solo expliquen cómo se encuentra el usuario, sino que anticipen cómo se va a encontrar en los próximos días.

Oura, mientras tanto, ha consolidado su posición como anillo de referencia en investigación y cardiología. Estudios recientes lo emplean para monitorizar la respuesta cardiovascular, el sueño y la variabilidad cardiaca en pacientes de alto riesgo, y ya hay casos clínicos publicados en los que el anillo ha contribuido a identificar arritmias y apoyar decisiones terapéuticas dentro de un modelo híbrido, que combina consultas presenciales con seguimiento remoto.

Entrando en el hospital

El salto cualitativo viene de la investigación que se empieza a hacer con estos dispositivos. Un estudio con Whoop 4.0 en personal sanitario ha demostrado que su batería de biosensores puede describir con precisión el impacto de las guardias nocturnas en el sueño, el estrés fisiológico y la capacidad de recuperación de médicos y enfermeras. El estudio revela variaciones en la respuesta al estrés y perfiles de sueño deteriorados en turnos de urgencias, lo que abre la puerta a reorganizar horarios y cargas de trabajo con datos objetivos.

Un trabajo con Whoop 4.0 en personal sanitario ha demostrado que su batería de biosensores puede describir con precisión el impacto de las guardias nocturnas

Por otro lado, el anillo de Oura está entrando en ensayos clínicos centrados en salud cardiovascular. Uno de los más llamativos busca reducir la rigidez arterial usando un smart ring y un programa de intervención guiado por inteligencia artificial, que se apoya en la métrica propietaria de edad cardiovascular del dispositivo. Ese indicador compara la edad real del paciente con la edad estimada de su sistema cardiovascular, con el objetivo de medir si una dieta, un fármaco o un programa de ejercicio consigue rejuvenecer, literalmente, sus arterias.

Alianzas con clínicas

El empuje hacia la medicina también se ve en el tipo de alianzas que ambos actores están firmando. Whoop está integrando su plataforma con grandes laboratorios y centros de wellness médico, como programas de rendimiento y longevidad en clínicas de alto nivel donde los datos del wearable se utilizan como puente entre la conducta diaria del paciente y la estrategia diseñada por el médico. En este contexto, el dispositivo se convierte en un monitor de cabecera que acompaña al paciente entre visita y visita.

Interior del anillo inteligente de OuraOura

Oura, por su parte, ha cerrado acuerdos con plataformas de salud digital como Maven Clinic, que integra sus biomarcadores en recorridos de salud femenina que van desde la fertilidad al posparto. Para los médicos, el atractivo está en disponer de un flujo continuo de datos sobre sueño, frecuencia cardiaca y temperatura cutánea que permite detectar desajustes antes de que se traduzcan en síntomas graves. Para las empresas, estos dispositivos empiezan a formar parte de programas de bienestar corporativo donde la línea entre prevención, rendimiento y medicina laboral se difumina.

Receta electrónica

La pregunta a futuro es si Whoop y Oura acabarán siendo dispositivos que un médico pueda prescribir igual que hoy receta un tensiómetro o un holter portátil. El camino pasa por más estudios independientes, certificaciones de agencias reguladoras y una integración real con historias clínicas electrónicas. Pero los primeros pasos ya están dados con métricas de edad cardiovascular, indicadores de salud «uncional, integración de biomarcadores y casos clínicos documentados empiezan a dibujar un escenario en el que el seguimiento diario de un paciente puede depender tanto de un anillo o una pulsera como de una visita al consultorio.

La pregunta a futuro es si Whoop y Oura acabarán siendo dispositivos que un médico pueda prescribir

El gadget de moda se ha pasado el juego. Se juegan ser la interfaz por la que la medicina vea, en tiempo real, lo que hoy solo intuye durante diez minutos de consulta. Y esa puede ser, para bien o para mal, la auténtica revolución de la salud digital.