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Henry Shevlin

¿Quién es Henry Shevlin? el filósofo de Cambridge que ha fichado Google para repensar la IA desde sus cimientos

Google refuerza su apuesta por la inteligencia artificial con la incorporación de un filósofo de Cambridge para analizar la conciencia de las máquinas y su impacto en la relación con los humanos

La carrera por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial ha dado un giro del que nadie se había dado cuenta estos años. Google ha decidido incorporar a su equipo de DeepMind a Henry Shevlin, un filósofo de la Universidad de Cambridge especializado en ciencia cognitiva, con el objetivo de explorar algunos de los interrogantes más profundos que plantea esta tecnología como es la conciencia de las máquinas, la relación entre humanos e IA y los límites de la inteligencia generativa.

El propio Shevlin anunció su fichaje a través de su cuenta en X, donde explicó que su nuevo puesto ha sido diseñado específicamente para él. No se trata de un perfil técnico convencional, sino de una figura híbrida que introduce la reflexión filosófica en el núcleo del desarrollo tecnológico. Su misión será analizar cuestiones que, hasta ahora, han quedado en segundo plano frente al avance de los modelos de inteligencia artificial.

Proyectos de DeepMind

DeepMind, la división de Google dedicada a la IA, se ha consolidado como el epicentro de los desarrollos más avanzados del gigante tecnológico. Bajo este paraguas se encuentran proyectos como Gemini, centrado en generación de texto; Gemma, enfocado en modelos abiertos; Lyria, especializado en audio; o Veo, orientado a la creación de vídeo. La llegada de Shevlin sugiere que la compañía quiere ir más allá de la innovación técnica para abordar también las implicaciones filosóficas y éticas de estas herramientas.

El nuevo rol de Shevlin no implicará una desvinculación total de la academia. El filósofo mantendrá su puesto en la Universidad de Cambridge, donde ejerce como director asociado del Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia. Este centro es uno de los referentes europeos en el estudio interdisciplinar de la inteligencia artificial, lo que refuerza el perfil de Shevlin como puente entre el mundo académico y la industria tecnológica.

A lo largo de su carrera, el filósofo inglés ha centrado su trabajo en cuestiones relacionadas con la conciencia, la creatividad, la inteligencia y la percepción, tanto en humanos como en otras formas de inteligencia no humana, incluidas las máquinas y los animales. Entre sus áreas de interés destacan también la memoria a corto plazo y la medición psicológica del dolor y el sufrimiento, temas que adquieren una nueva dimensión cuando se trasladan al ámbito de la inteligencia artificial.

Riesgos de la IA

La incorporación de un filósofo en un entorno dominado por ingenieros y científicos de datos pone de manifiesto el cambio de paradigma en el desarrollo tecnológico. A medida que los sistemas de IA se vuelven más sofisticados y se integran en la vida cotidiana, las preguntas sobre su impacto social, su comportamiento y sus posibles riesgos cobran cada vez más relevancia.

Este movimiento se produce en un momento de total competencia entre las grandes tecnológicas por atraer talento especializado en inteligencia artificial. Sin embargo, el fichaje de Shevlin no tiene como fin mejorar algoritmos o aumentar la capacidad de procesamiento, sino de comprender mejor qué significa crear sistemas que imitan, o incluso superan, ciertas capacidades humanas.

El fichaje de Shevlin tiene como fin comprender mejor qué significa crear sistemas que imitan o superan ciertas capacidades humanas

Además, la decisión de Google llega en un momento en el que la regulación de la inteligencia artificial sigue siendo una asignatura pendiente. A nivel internacional, aún no existe un marco claro que delimite las responsabilidades, los límites y las aplicaciones de estas tecnologías. En este escenario, la reflexión ética se convierte en un elemento clave para anticipar posibles riesgos y orientar el desarrollo de la IA hacia un uso responsable.

Preguntas incómodas

La figura de Shevlin podría desempeñar un papel crucial en este proceso. Su trabajo permitirá plantear preguntas incómodas pero necesarias: ¿pueden las máquinas desarrollar algún tipo de conciencia? ¿Qué implica que una IA genere contenido creativo? ¿Cómo debe gestionarse la relación entre humanos y sistemas cada vez más autónomos?

Google, con este fichaje, parece reconocer que el futuro de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de avances técnicos, sino también de la capacidad de comprender sus implicaciones más profundas.

La llegada de Shevlin a DeepMind manifiesta la relación entre tecnología y humanidades. Algo que nos recuerda que, en la era de la inteligencia artificial, las grandes preguntas siguen siendo, en esencia, filosóficas.