Destrozos provocados por las tormentas en olivos de la provincia de Córdoba
Agujero en el olivar: la producción se hunde en las provincias con más peso de España
La realidad en el olivar con el mes de enero bien avanzado dista considerablemente de lo que advertían algunas voces del sector durante la gran primavera del 2025.
El eco procedente de la industria hacía referencia a que las generosas lluvias caídas de febrero a mayo provocarían una bajada en el precio del aceite de oliva de la campaña 2025/2026. Este vaticinio fue rechazado en todo momento desde las almazaras, donde que consideraban que se trataba de un presagio malintencionado más que de una certeza.
El sentir a pie de cultivo por la expansión de la creencia de que el aceite de oliva bajaría de precio era tajante: "Todavía hay muchos factores en el aire», indicaban los olivareros entonces. El agua de la primavera fue muy positiva para dar fuerza a los árboles tras varios años víctimas de sequías, pero para contar kilos de oro líquido todavía tenía que pasar la floración, el cuajado del fruto, ver qué temperaturas se daban en el campo, qué rendimiento graso se obtienen las lluvias de otoño y si estas iban a llegar en su debido tiempo y medida.
Octubre se destaca como un momento clave para hacer este tipo de cábalas, ya que es cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación presenta su primera estimación de aforo de cosecha de aceite de oliva. El documento indicaba una producción cercana a 1.372.000 toneladas, un 3 % por debajo de la referencia anterior.
Este ligero descenso dejaba las caídas más reseñables en Andalucía y Castilla-La Mancha, las dos comunidades que más toneladas aportan al total. El hundimiento señalaba a Toledo, con una caída de más de 20.000 kilos aunque en línea con la media de las últimas campañas, y a Jaén y Córdoba, las dos provincias del país con más peso en este cultivo y para la que la previsión restaba unos 85.000 y 6.000 kilos respectivamente.
La situación en Jaén, la mayor zona productora de Europa, es significativamente peor a la anticipada. El excesivo calor de septiembre y octubre y la ausencia de lluvias en el mismo período ha hecho mella en los árboles, que han visto como la sucesión de tormentas de noviembre y diciembre ha retrasado la recolección y ha tirado una importante cantidad de producto. Según los olivareros jienenses, la sangría apunta a un hundimiento de la producción del 30 % y ya se descarta cumplir el aforo estimado por el Ministerio de Agricultura.
El encharcamiento del terreno ha jugado contra los agricultores, cuyas explotaciones están preparadas para la mecanización; sin embargo, el exceso de agua hace que los tractores no puedan acceder a las calles formadas entre los olivos, por lo que cada día de lluvia genera dos días de retraso en la faena: la propia jornada de las precipitaciones y, al menos, la siguiente.
Este problema sacude también a los agrarios cordobeses. Según ha trasladado Asaja Córdoba, la producción de aceite de oliva en la provincia avanza a un ritmo muy inferior al esperado. Los últimos datos publicados por la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA), a 31 de diciembre, indican que Córdoba ha producido 120.558 toneladas de aceite, una cifra que supone casi un 30 % menos que en la misma fecha de la campaña anterior, cuando ya se habían alcanzado 175.815 toneladas.
«La evolución de la campaña confirma las dificultades que vienen arrastrándose desde el inicio del año agrícola. A la falta de lluvias en septiembre y octubre, que ya marcó unos bajos rendimientos, se suman ahora dos factores clave que están ralentizando de forma muy significativa la recolección: las continuas lluvias durante el invierno y la escasez de mano de obra», explica Fernando Adell, presidente de Asaja Córdoba.
La estimación inicial de Junta de Andalucía para Córdoba se sitúa en 269.100 toneladas de aceite, lo que significaría que, a estas alturas, apenas se habría alcanzado el 44 % de la producción prevista. Los sondeos realizados por la delegación cordobesa de Asaja apunta a que la campaña de recolección está más avanzada, lo que refuerza la idea de que no se alcanzarán los kilos de aceite estimados.
«El agricultor mira al cielo para saber cuándo podrá continuar la recolección y mira al suelo para comprobar cuánta aceituna ha caído por efecto del viento. Con la falta de mano de obra disponible y el elevado coste que supone la recolección de aceituna del suelo, esta práctica se ha vuelto económicamente inviable, por lo que una parte importante de esa aceituna se dará por perdida», lamenta Adell, que sostiene que la situación se da en toda Andalucía.