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Imagen de archivo de una mujer acariciando a un caballo

Imagen de archivo de una mujer acariciando a un caballoGetty Images / Frazao Studio Latino

Ciencia

¿Los caballos pueden oler el miedo de los humanos? Esto dice la ciencia

Los animales fueron expuestos a tres tipos de olores: los asociados al miedo, los correspondientes a la alegría y muestras inodoras utilizadas como control

Los caballos son capaces de detectar el olor del miedo en los seres humanos y, al percibir esta señal química, adoptan un comportamiento más vigilante, según un estudio reciente realizado por un equipo de investigadores franceses. Esta capacidad de percepción, que durante mucho tiempo fue considerada más bien como una creencia popular, ha sido ahora confirmada empíricamente.

Léa Lansade, etóloga y directora de investigación en el Instituto Nacional francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE), recuerda que cuando entró por primera vez a una caballeriza le advirtieron: «Atención, no tengas miedo, los caballos huelen tu miedo». Tras años de estudio, la investigadora afirma que esta frase debe tomarse en sentido literal.

En el reino animal, el olfato desempeña un papel fundamental en la comunicación, sobre todo ante situaciones de amenaza. En los seres humanos, el sudor generado en momentos de miedo contiene compuestos químicos como la adrenalina, la androstadienona o el ácido hexadecanoico, todos ellos relacionados con reacciones fisiológicas al estrés. Estudios previos ya habían demostrado que los perros pueden reconocer estas señales olfativas humanas.

Los caballos, por su parte, han mostrado ser particularmente receptivos a las emociones humanas. De hecho, investigaciones anteriores han revelado que estos animales pueden interpretar nuestras expresiones faciales, nuestras voces e incluso reconocer si estamos tristes, alegres o enfadados, explicó Lansade a la agencia AFP.

Para este nuevo estudio, publicado en la revista PLOS Biology, los científicos recolectaron olores relacionados con dos emociones humanas concretas: el miedo y la alegría. Treinta voluntarios vieron fragmentos de películas de terror o de comedia mientras llevaban tampones colocados en sus axilas para absorber el sudor. Con estas muestras, se realizaron pruebas con 43 yeguas de raza Welsh, en colaboración con el Instituto Francés del Caballo y la Equitación.

Los animales fueron expuestos a tres tipos de olores: los asociados al miedo, los correspondientes a la alegría y muestras inodoras utilizadas como control. Se les colocaron hociqueras impregnadas con cada tipo de olor, y luego se sometieron a distintas pruebas para observar su conducta tanto en presencia como en ausencia de personas.

Las reacciones observadas fueron reveladoras. En las pruebas con presencia humana, los caballos se mostraban más reticentes a interactuar físicamente con las personas cuando estaban expuestos al olor del miedo. Durante el cepillado, por ejemplo, tendían a alejarse más. En los test sin humanos, como al abrirse bruscamente un paraguas o al introducirse un objeto extraño en su entorno, los animales reaccionaban con mayor sobresalto y permanecían más atentos a su entorno.

Estos resultados indican que el olor humano del miedo induce en los caballos un estado de alerta y vigilancia. Lansade señala que este fenómeno representa una forma de «contagio emocional», aunque aún no se ha determinado si es innato o aprendido a través de experiencias previas observando humanos asustados.

Cabe destacar que la domesticación del caballo ha sido un proceso largo y complejo. Todos los caballos domesticados actuales provienen de una única manada original asentada al norte del Cáucaso. Es posible, según Lansade, que ese grupo fundador ya poseyera habilidades especiales para reconocer las emociones humanas.

Otra explicación plausible apunta al carácter primitivo de la comunicación química en la evolución. Dado que los caballos y los humanos son mamíferos que comparten un ancestro común, las moléculas vinculadas al miedo podrían ser muy similares en ambas especies, facilitando su reconocimiento mutuo.

Comprender estos mecanismos de comunicación interespecífica no solo contribuye al conocimiento científico, sino que también tiene aplicaciones prácticas relevantes en el ámbito del bienestar animal, la seguridad de los jinetes y cuidadores, así como en la mejora de los métodos de entrenamiento equino. Así lo subraya Lansade, quien continúa investigando cómo las emociones humanas influyen en el comportamiento de estos animales tan sensibles.

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