José Manuel Grandela, exingeniero de la NASA
Entrevista
José Manuel Grandela, el ingeniero español que llevó al hombre a la Luna: «Nadie puede decirme que no ocurrió»
El experto madrileño puede presumir de ser una de las personas que ayudaron a Neil Armstrong y Buzz Aldrin a pisar la Luna por primera vez en la historia el 20 de julio de 1969
De sobra es conocida la histórica frase de Neil Armstrong cuando pisó por primera vez la Luna. «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad», esbozó aquel 20 de julio de 1969. Más de 56 años han pasado desde este insuperable momento y, de alguna manera, es el mensaje que irá a bordo de la nave Orión de Artemis II, que continúa realizando en estos momentos el primer viaje tripulado al satélite tras medio siglo de silencio.
Aquí es donde entra en juego el ingeniero madrileño José Manuel Grandela, quien durante 40 años ha sido una de las grande figuras de la NASA. Reclamado por la agencia como especialista en Telecomunicaciones, se estrenó precisamente con la llegada del primer hombre a la Luna en julio de 1969. Ahora, en una entrevista concedida a El Debate, Grandela detalla con todo lujo de detalles cómo fue ese histórico alunizaje desde la estación de Fresnedillas de Oliva (Madrid), predecesora de la actual en Robledo de Chavela, y cómo está siguiendo el actual programa Artemis.
–Artemis II ha superado el momento crítico de la misión. Una misión que se ha llevado a cabo sin prácticamente ningún contratiempo. Teniendo en cuenta la trayectoria que ostentas, ¿cómo estás viviendo estos días?
–Lo estoy viviendo, porque no me cuesta nada empalmar con la vivencia del Apolo. El más parecido, el Apolo 8 en la Navidad de 1968, que hizo también un periplo alrededor de la Luna sin bajar allí y volver a la Tierra porque había que comprobar si eso era factible y si los equipos y los seres humanos respondían adecuadamente. Y así lo hicieron. Y estoy viendo que estos astronautas, tantos años después, están haciendo lo mismo. Por lo tanto, sí, lo estoy viviendo día a día como si de alguna forma yo siguiera participando en ello.
–Seguramente viendo todo te vendrá a la mente la historia de hace medio siglo y, sobre todo, tu papel en ella.
–Es fundamental. No sabré ni recordaré lo que he comido o cenado ayer, pero me acuerdo perfectamente, día a día, casi minuto a minuto, de las vivencias de los vuelos Apolo. Luego, lógicamente, cuando ya por fin definitivamente se posaron con el Apolo 11, Armstrong y Aldrin en la superficie lunar, aquello ya fue apoteósico.
–Con respecto al programa Apolo en el que participaste, ¿cómo lo viviste?
–Yo entré justamente cuando el Apolo estaba a punto de ser lanzado para la Luna, en la primera misión en que el ser humano debía poner un pie en la Luna. Todo eso fue con una preparación intensísima. Teníamos que estudiar muchísimos manuales, algo totalmente inédito. Veníamos de la calle y nos encontramos ahí un mundo de ciencia ficción, apasionante, estremecedor. Yo en más de una ocasión dije: «Yo aquí no pinto nada, esto es para gente superdotada». Pero al entrar dentro de una cadena tremenda de comunicaciones comprendí que cada eslabón es fundamental. Si falla uno, falla todo. Eso me dio ánimo para seguir.
Ahora mismo soy el último que queda en el planeta que escuchó en directo al Apolo 11Exingeniero de la NASA que participó en la llegada del hombre a la Luna
–¿Y el histórico primer paso de Armstrong? Entiendo que con cierta tensión e incertidumbre.
–Yo tenía 23 años. Era muy joven. Y ahora mismo soy el último que queda en el planeta que escuchó en directo al Apolo 11. Estábamos en contacto absoluto con la nave. Durante las horas previas al alunizaje controlábamos todo.
Cuando estaban escasos de combustible y Armstrong decidió desconectar el ordenador y pilotar manualmente… aquello fue tremendo. Desde la Tierra le decían los segundos de combustible que le quedaban. Si se acababa, no podían volver. La tensión era terrible. Y cuando por fin se apoyaron las patas y Aldrin dijo «Engine stop» y Armstrong anunció «The Eagle has landed»… no teníamos fuerzas ni para abrazarnos. Habíamos contenido la respiración durante minutos.
José Manuel Grandela, exingeniero de la NASA en la estación de Fresnedillas (Madrid)
–¿Cuál fue la anécdota que más te llamó la atención de ese momento?
–Cuando Armstrong iba a salir a la superficie. Nadie había previsto que con los trajes presurizados no cabrían bien por la escotilla. Aquello fue increíble. Un rasgón en el traje habría supuesto la muerte inmediata. Aldrin tuvo que ayudarle desde dentro, vigilando cada movimiento. Fue un momento de máxima tensión.
–Con el final del Apolo en la década de los 70 y el tiempo que hemos tardado en 'volver' a la Luna, ¿se ha recuperado el interés gracias a Artemis II?
–El final del Apolo fue una circunstancia totalmente política. Aquello se había iniciado con la promesa del presidente Kennedy, de que antes de que la década de los 60 se acabara iban a poner un norteamericano en la Luna y lo iban a devolver sano y salvo a la Tierra.
José Manuel Grandela, exingeniero de la NASA
Resultó que los contrincantes, los soviéticos, habían fracasado totalmente en su empeño. Entonces ya no había un contrincante delante. Ya no tenía sentido. Hubo alguien en el Congreso con mucha fuerza que dijo: nos estamos gastando un dineral inmenso en traer rocas de la Luna que no son ni de oro ni de platino. Y es que no tenía sentido, porque ya no había a quién vencer. Ya lo habían demostrado. Y entonces cancelaron de una forma drástica. Le quitaron el presupuesto tremendo a la NASA.
Y luego, pues nada, a seguir esperando. Han pasado muchísimos años. China nos puede dar la sorpresa, porque, basados en el secretismo de su forma de gobierno, no anuncian nada hasta que ya han logrado un hito. Así nunca tienen fracasos públicos. Y no es de extrañar que hoy en día China sea el gran oponente. Y que digan: «estamos aquí, hemos llegado». Y eso sería un revulsivo tremendo para el resto del mundo occidental, que está más o menos unido en esta investigación como la de Artemis.
Lo estoy viviendo (Artemis II), porque no me cuesta nada empalmar con la vivencia del ApoloExingeniero de la NASA que participó en la llegada del hombre a la Luna
–Justo mencionas China, que tiene intención de realizar su propio alunizaje. De cara a la llegada de la NASA en 2028, ¿cómo será? ¿hay sensaciones similares a las del Apolo 11?
–Bueno, es mucho más complejo. No estamos haciendo un viaje como el que estamos viviendo ahora mismo del Artemis II, que es ida y vuelta, con todos sus riesgos, que no hay que descartarlos. Pero llegar allí y empezar a construir, «ladrillo a ladrillo» un hábitat, teniendo en cuenta que la Luna está aquí al lado, a tres o cuatro días de viaje, y que se les puede suministrar alimentos, agua y todo lo necesario, además de los elementos de construcción.
José Manuel Grandela, exingeniero de la NASA
Porque en la Luna no hay atmósfera y, por esa misma razón, hay unas radiaciones cósmicas que arrasan con todo. El ser humano no puede vivir allí alegremente; tiene que estar siempre protegido con trajes, y a ser posible vivir en cuevas o en estructuras que les protejan. Por lo demás, tendrían que ser como pseudo naves, pero fijas, para protegerles de esa radiación, que además es letal. Yo lo veo muy difícil, aunque sé que lo van a hacer. Va a costar un dineral. Y lo que nos dicen que van a hacer, estoy seguro ya… Otra historia es hablar de Marte, que ya es otro capítulo.
–¿Cómo crees que se pueden estar sintiendo estos cuatro astronautas al seguir los pasos del programa Apolo?
–Dos de ellos, el comandante y el piloto, incluida Christina han estado largas permanencias en la Estación Espacial Internacional, que está orbitando la Tierra. Eso, a efectos de alimentación e incomodidad les ha preparado. Porque comodidad no hay nada: es incómodo, todo es extraño, raro. Tampoco es apetecible alimentarse a base de sobres, bebiendo con una pajita… Son modos para unos días, pero no para largas permanencias.
China nos puede dar la sorpresaExingeniero de la NASA que participó en la llegada del hombre a la Luna
Llega un momento en que echas de menos cosas normales: comer con cuchara, alimentos reales… Los nutricionistas no te permiten llevar todo lo que quisieras. Como cuando López Alegría quiso llevarse una ristra de chorizos y no le dejaron. No deja de ser un ambiente incómodo y desagradable. Pero el entusiasmo y la ilusión de representar a la humanidad hace que todo eso pase a un segundo plano.
–A lo largo de estos días de misión distintos usuarios publicaban en redes sociales su rechazo hacia el programa Apolo, señalando que nunca llegamos a la Luna... ¿qué les dirías a esas personas que ponen en duda tanto el programa Apolo como el actual Artemis?
–No me pilla de nuevas. Es desalentador. He dado muchas conferencias y siempre hay alguien que duda. Pero puedo decir una cosa muy técnica y muy rápida. Cuando llegaron a la Luna, instalaron equipos que siguieron enviando datos durante años: mediciones de radiación, temperatura...
Nosotros, desde la Tierra, seguíamos recibiendo esos datos durante diez años. Yo mismo apuntaba la antena: cuando no apuntabas a la Luna no había señal, y cuando apuntabas correctamente, recibías datos. A mí nadie puede decirme que no ocurrió. Yo he estado allí, he vivido eso. No puedo ni sonreír cuando me lo dicen. Me parece una ofensa.