Eugene Cernan, astronauta de la misión Apolo 17 en la superficie lunar, 13 de diciembre de 1972
Ciencia
¿Por qué la humanidad ha tardado tanto en regresar a la Luna a pesar de los avances tecnológicos?
En diciembre de 1972 tuvo lugar la decimoséptima misión del millonario programa Apolo, siendo Eugene Cernan y Harrison Schmitt los últimos humanos que consiguieron pisar el suelo lunar
La actual Artemis II, que llegará en la madrugada del 11 de abril a la Tierra (hora española), puso fin a más de medio siglo de silencio. Sin contar esta histórica travesía, tenemos que retroceder 54 años para encontrar la última presencia del ser humano en el satélite. En diciembre de 1972 tuvo lugar la decimoséptima misión del millonario programa Apolo, siendo Eugene Cernan y Harrison Schmitt los últimos humanos que consiguieron pisar el suelo lunar.
Para encontrar los inicios del programa Apolo hay que remontarse a la década de 1960, momento en el que surgió como un desafío tecnológico y político de EE.UU. en la Guerra Fría para llegar al satélite antes que la Unión Soviética (URSS). Las siete misiones –del Apolo 11 al 17– que consiguieron alunizar sobre la superficie lunar fueron victoria suficiente sobre una URSS en decadencia espacial.
Esto, unido a la pérdida de interés público, altos costos presupuestarios y la satisfacción del Gobierno estadounidense provocó la cancelación del proyecto en diciembre de 1972. Los fondos restantes del programa se derivaron a otros objetivos como el Programa Skylab, la primera estación espacial estadounidense –operativa entre 1973 y 1979–.
Skylab, la primera estación espacial estadounidense
«El final del Apolo fue una circunstancia totalmente política. Aquello se había iniciado con la promesa del presidente Kennedy, de que antes de que la década de los 60 se acabara iban a poner un norteamericano en la Luna y lo iban a devolver sano y salvo a la Tierra», señaló el exingeniero de la NASA, José Manuel Grandela, quién ayudó al Apolo 11 a llegar a la Luna.
En palabras del experto, la victoria espacial sobre la URSS provocó que ya «no tuviera sentido» continuar con el programa.
«Hubo alguien en el Congreso con mucha fuerza que dijo: nos estamos gastando un dineral inmenso en traer rocas de la Luna que no son ni de oro ni de platino. Y es que no tenía sentido, porque ya no había a quién vencer. Ya lo habían demostrado. Y entonces cancelaron de una forma drástica. Le quitaron el presupuesto tremendo a la NASA», destaca.
¿Por qué se ha reactivado ahora?
Aquí entran en juego distintos intereses geopolíticos, científicos y económicos, con la intención a largo plazo de utilizar la Luna como trampolín para ir a Marte. Mientras que en la carrera espacial de los años 60, que fue una demostración de poder político, este nuevo impulso se está centrando en la presencia sostenible y el aprovechamiento de recursos.
Asimismo, el reciente papel de China ha reavivado esa carrera espacial por llegar a la Luna y establecer una presencia humana permanente en su superficie.
«China nos puede dar la sorpresa, porque, basados en el secretismo de su forma de gobierno, no anuncian nada hasta que ya han logrado un hito. Así nunca tienen fracasos públicos. Y no es de extrañar que hoy en día China sea el gran oponente. Y que digan: «estamos aquí, hemos llegado». Y eso sería un revulsivo tremendo para el resto del mundo occidental, que está más o menos unido en esta investigación como la de Artemis», sentencia Grandela.