Momento de la explosión del cohete New Glenn de Blue Origin en Cabo Cañaveral (EE.UU.)
Ciencia
Por qué la explosión del cohete de Blue Origin puede alterar el regreso del ser humano a la Luna
El explosivo desenlace de este cohete reutilizable, un gigante de 98 metros de altura, llega en un contexto peculiarmente sensible para la compañía
Esta misma semana el administrador de la NASA, Jared Isaacman, elegía a Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar a finales de este 2026
Blue Origin, propiedad del multimillonario Jeff Bezos, nació en el año 2000 con el objetivo de abaratar los costos del transporte aeroespacial y facilitar el acceso comercial al espacio. Con el paso de los años, un total de 98 personas superaron la línea de Karman –frontera ubicada a 100 kilómetros de altitud sobre el nivel del mar– a bordo del cohete New Shepard.
Sin embargo, el modelo de negocio de Bezos dio un giro de 180 grados a inicios de 2026 tras años escalando en la industria aeroespacial. Blue Origin suspendía durante al menos dos años los viajes comerciales con el objetivo de «acelerar el programa de vuelos tripulados a la Luna». La apuesta de Bezos le salió bien –al principio–, entrando definitivamente en la carrera espacial con SpaceX, dominador absoluto de los últimos años.
Ahora, en el punto más delicado de la exploración espacial en el presente siglo, la compañía del fundador de Amazon experimentó un duro revés en sus aspiraciones espaciales. Bajo la oscuridad que imperaba a las nueve de la noche del jueves en Cabo Cañaveral –tres de la madrugada en la Península Ibérica–, el cohete New Glenn era envuelto en una inmensa bola de fuego durante una prueba de motores.
«Es un día muy duro, pero reconstruiremos lo que haya que reconstruir y volveremos a volar. Merece la pena», detallaba momentos después de la estruendosa explosión el propio Bezos, sabedor que este suceso será clave de cara a la llegada de la NASA a la Luna.
La confianza de la NASA en Bezos
El explosivo desenlace de este cohete reutilizable, un gigante de 98 metros de altura, llega en un contexto peculiarmente sensible para la compañía. Esta misma semana el administrador de la NASA, Jared Isaacman, elegía a Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar a finales de este 2026.
El cohete New Glenn de Blue Origin en la plataforma de lanzamiento LC-36
De igual manera, este nuevo error tiene lugar un mes después de que el cohete New Glenn colocará carga útil –el satélite BlueBird 7 de AST SpaceMobile– en una órbita incorrecta, provocando una investigación por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés).
Implicaciones en la vuelta al satélite
Aunque los errores en la industria espacial están a la orden del día, la destrucción del cohete New Glenn cambia por completo el programa lunar de la NASA. Recordemos que en tan solo un año la agencia intentará poner en marcha Artemis III, que realizará un experimento de acoplamiento en la órbita baja terrestre con los módulos lunares que están desarrollando SpaceX y Blue Origin: Starship HLS y Blue Moon, respectivamente.
Reconstruiremos lo que haya que reconstruir y volveremos a volar. Merece la penaDueño de Blue Origin
Este experimento será clave de cara a la misión Artemis IV, prevista para principios de 2028, siendo el primer alunizaje del ser humano en el satélite desde 1972.
Sin embargo, la destrucción del New Glenn conllevará un cambio de planes en el calendario de Blue Origin, ya que será extremadamente complicado que tenga a punto su módulo lunar para Artemis III.
Módulo de alunizaje Starship HLS de SpaceX
Representación de los módulos lunares que están desarrollando SpaceX y Blue Origin: Starship HLS (arriba) y Blue Moon (abajo)
Esta cadena de acontecimientos tiene un ganador claro: Elon Musk. El dueño de SpaceX pasa a ser ahora mismo la opción más viable de cara al alunizaje que tendrá lugar en menos de dos años.
En líneas generales, la brutal explosión del New Glenn beneficia directamente a Musk por dos motivos. En primer lugar, su competidor más peligroso queda relegado, consolidando el monopolio absoluto de SpaceX en el mercado de lanzamientos pesados. De igual manera, obliga a Bezos a seguir pagando millones a empresas como United Launch Alliance (ULA), Arianespace y SpaceX para poner en órbita sus propios satélites, dado que el cohete destruido iba a lanzar a inicios de junio 48 satélites de la red de internet Leo de Amazon, competidor directo de la megaconstelación Starlink de Musk.
Varapalo millonario
Más allá de lo que supone para el programa lunar, la reciente explosión del cohete New Glenn también equivale a una pérdida económica millonaria. El coste de fabricación marginal estimado para un propulsor primario del New Glenn (que incluye siete motores BE-4) se sitúa en exceso de los 110 millones de dólares atendiendo a los datos de distintos portales. Se trata de un 36 % más que el precio mínimo del Falcon 9.
Al ser un componente diseñado para ser reutilizado hasta 25 veces, su pérdida total elimina ese retorno de inversión. Asimismo, el coste estimado de fabricación de la etapa superior (no reutilizable) supera los 50 millones de dólares.