25 de enero de 2022

Gabino Diego es uno de los invitados en la Copa de Maestros de ‘Pasapalabra’ / Antena 3

Gabino Diego es uno de los invitados en la Copa de Maestros de ‘Pasapalabra’ / Antena 3

¿Qué hace Gabino Diego?

El actor madrileño, desde hace años muy centrado en el teatro, se anima a jugar en ‘Pasapalabra’
Es viernes 14 de enero de 2002 y está saliendo Gabino Diego en la tele. Lo que en las dos décadas finales del pasado siglo era de lo más común es hoy noticia. Porque el madrileño, que era una presencia constante en el audiovisual español, hace tiempo que dejó de serlo. Por eso nos ha sorprendido, para bien, su participación en la Copa de Maestros de Pasapalabra.
En su primera aparición en el concurso presentado por Roberto Leal, el pasado jueves, constatamos que la edad no pasa en vano y sufre miopía, pues le costó leer el panel de «Uno de cuatro», lo que causó en el plató unas risas como las que sus comedias causaban antaño.
El viernes, el actor volvió a tener problemas de agudeza visual con ese mismo panel y, aunque el tema era el cine español, no supo decir que la película española en la que David Hasselhoff hizo un cameo fue Fuga de cerebros 2. En «La Pista», dio primero mal el título de una película de Almodóvar (El internado), pero después, cuando lo pusieron ya muy facilito, atinó (La mala educación). En general, su aportación a su equipo ha sido muy escasa, y en Twitter lo pusieron a caldo por ello, ¿pero a quién no ponen a caldo en Twitter? El lunes aparecerá por tercera vez y nos hablará de sus proyectos actuales.
Los pasados los conocemos bien. Es imposible recorrer el cine español de los años 80 y de los 90 sin encontrarse con Gabino Diego (Madrid, 18 de septiembre de 1966) cada dos por tres.
Aquel muchacho que cantaba country y rock en la calle a espaldas de sus padres debutó en el cine en una película de título inolvidable, pues, en un alarde de falta de originalidad, todos los años hay varios reportajes veraniegos que nos los recuerdan con puntualidad. Hablamos de Las bicicletas son para el verano, de Jaime Chávarri. Corría 1983. La sonrisa de aquel chaval (no era ni mayor de edad) se la borraron las críticas, durísimas. Tanto le zurraron que hizo lo que no hace, pero desea, el Santa de Los lunes al sol: irse a Australia.
Fue un viaje a las antípodas del que volvió con nuevos bríos para sumarse a El viaje a ninguna parte (1986) del maestro Fernán Gómez. Arranca ahí la era dorada de Gabino Diego, que se reparte con Jorge Sanz los papeles masculinos más sabrosos de la época para los actores de su generación.
Gabino Diego, en el rodaje de ‘El rey pasmado’ / RTVE

Gabino Diego, en el rodaje de ‘El rey pasmado’ / RTVE

Llega así Amanece, que no es poco (1989), la obra maestra de Cuerda en la que borda a un guiri pesadísimo. Después ¡Ay, Carmela! (1990) que se llevo un carro de «Goyas» (13), entre los que figuró el de mejor actor de reparto para el madrileño. De secundario pasa a protagonista en El rey pasmado (1991), donde su papel de Felipe IV se quedó inexplicablemente sin «cabezón» de premio. Galardón, y de los renombrados, tuvo Belle Epoque (1992): el Oscar a la mejor película extranjera. Durante el rodaje de esa película se produjo una anécdota gloriosa. Gabino tenía una escena en la que empezaba interactuando con Agustín González y acababa con Fernán Gómez. De maestro a maestro. Al acabar, preguntó al sabio Fernando qué tal había estado. Y con su vozarrón, el maestro contestó cortante: «¡Y yo que sé!».
Papel memorable también el del hermano poco agraciado de Los peores años de nuestra vida (1994), donde el guapo era Jorge Sanz. Comedia a reivindicar dirigida por Martínez-Lázaro y con guion soberbio de David Trueba, quien años después se preguntaría ¿Qué fue de Jorge Sanz? (2010) en la recordada miniserie de Canal+.
Gabino Diego, con Ariadna Gil en el rodaje de ‘Los peores años de nuestra vida’ / RTVE

Gabino Diego, con Ariadna Gil en el rodaje de ‘Los peores años de nuestra vida’ / RTVE

Progresiva desaparición

Qué fue de Gabino Diego es lo que cabe preguntarse ahora, en 2022, al verlo en Pasapalabra a sus 55 años y con un aspecto estupendo, en el que reconocemos perfectamente al joven que fue. Y nos lo preguntamos el motivo por el que, con la misma fuerza con la que irrumpió en el cine y en nuestras vidas, se fue. Después de Los peores años de nuestra vida, hubo algunas risas más con El amor perjudica seriamente la salud (1996), de Manuel Gómez Pereira, rey de la comedia de los 90, y, por supuesto, con Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), de Santiago Segura. Pero con el cambio de siglo, su presencia en el cine se espació.
Gabino entró en barbecho. Números cantan: en los 90 lo vimos en 14 películas. En dos décadas y pico del siglo XXI, solo ha aparecido en nueve, la mayoría de escaso eco salvo Torrente 2: Misión en Marbella (2002). Su última presencia en el cine data de 2018, en Tiempo después, precisamente la última película de Cuerda.
Que Gabino sigue teniendo interés para el público lo demuestra el hecho de que la noticia cultural más leída el pasado año en la web de RTVE fue una sobre él. En la pieza se recupera una entrevista con el actor emitida en Atención Obras (La 2) en noviembre de 2020 en la que el actor hablaba durante casi veinte minutos con Cayetana Guillén Cuervo sobre la pieza teatral Los Mogijatos, dirigida por Magüi Mira. Es una de las muchas obras que ha llevado a tablas en las últimas décadas, en las que ha estado mucho más orientado al teatro, que da menos visibilidad pública y es más fugaz que el cine, pues lo que se hace en el séptimo arte «queda para toda la vida», como él mismo dice.
En su charla con Cayetana, se declara «muy afortunado» por haber trabajado con «una una generación de actores irrepetible» del cine español, entre los que nombra a Fernán Gómez y Agustín González. Pero recuerda también la envidia sana que sentía cuando estaba rodando El viaje a ninguna parte y algunos actores le hablaban de que viajaban de un lugar a otro con sus obras de teatro. «Y yo decía: ‘Qué maravilla’. Viajar y llevar tu obra por todas partes…», contó en esa entrevista. Y ese anhelo juvenil explica su «desaparición» del cine.

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