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Maribel Verdú y Mercedes Milá, después de la entrevista

Maribel Verdú y Mercedes Milá, después de la entrevistaMovistar +

Milá vs. Milá

El actor y el director que más hicieron sufrir a Maribel Verdú

La intérprete madrileña muestra su alivio por haber dejado atrás papeles que incluían desnudos: «Hoy no me habría atrevido a hacer la mitad de las cosas que he hecho en el pasado»

Maribel Verdú se sentó en el sofá de Milá en el canal #0 de Movistar+. En el repaso de su larga trayectoria, se mostró agobiada por la fama, aliviada porque ya lleva años sin hacer desnudos y emocionada cuando le mostraron una escena mano a mano con el que después fue su suegro, Carlos Larrañaga. La entrevista también tuvo su momento Me Too.

A sus 51 años, a la fama le ve muchos aspectos negativos. «Con el mundo teléfono y camarita, eso se ha convertido en una pesadilla. Yo no quiero que acabe el tema mascarilla. Yo quiero vivir con mascarilla permanentemente. Soy feliz».

Empezó Verdú hablando de dos pasiones perdidas: el fútbol y el flamenco. El asunto surgió porque Milá recuperó una doble entrevista de 1990 en su programa El martes que viene (TVE), en las que la actriz madrileña y Bibi Andersen intervenían como expertas en balompié. En las imágenes de archivo, Verdú explicaba que la pasión por este deporte se la había inculcado su padre y que ella no solo era espectadora sino que había llegado a jugar «en la selección femenina de fútbol» (no especificaba en cual). Ya en el presente, la protagonista de Amantes recordó que en aquel tiempo ella era socia del Real Madrid y acudía al palco con Antonio Resines. «Y de repente, la Quinta del Buitre se acabó y el fútbol me dejó de interesar. Fue una cosa así radical». Con el flamenco también tuvo un desencuentro similar: «Bailé hasta los 13 años, y un día dejé de bailar flamenco y no volví a hacerlo jamás».

Modelo desde los 13

Verdú, cuya madre era modelo, empezó con «13 añitos» en el audiovisual como niña de los anuncios: Carbonell, La Casera, Vicks VapoRub, la vuelta al cole de El Corte Inglés, enumeró. «Hacía de una más. Pagaban a tres meses, 30.000 pesetillas».

Publicidad al margen, lo primero que hizo en la tele fue un capítulo de La huella del crimen dirigido por Vicente Aranda. A los 13 ya dio su primer beso en la pantalla en El año de las luces (1986), de Fernando Trueba. Fue, claro, a Jorge Sanz. En los rodajes hizo cosas que tardó años en emular en la vida: de hecho, tuvo relaciones sexuales completas por primera vez con «más de 20 años», detalló a la presentadora.

Los desnudos

«Soy terriblemente pudorosa», confesó a Milá la protagonista de tantísimos desnudos en su filmografía. «Hoy no me habría atrevido a hacer la mitad de las cosas que he hecho en el pasado. Porque ahora no admitiría… O sea, si tú me vas a ver a mí las tetas y el culo, quiero que a Resines se le vea también todo. O a Jorge Sanz. O a Coronado, por citar los tres con los que más he trabajado». Todo cambió tras el estreno de El laberinto del fauno (2006): «Me pusieron las botas de borrego, el chal y el jersey de cuello alto, y no me he vuelto a desnudar nunca más. Y vivo mucho mejor así y más a gusto. He seguido haciendo pelis maravillosas pero casi sin besos de tornillo». «Es un horror. Porque pasas muchos nervios», juzgó sobre este tipo de escenas.

Tres rodajes con mal recuerdo

Durante el encuentro, recordó tres rodajes de pésimo recuerdo.

El primero que se mencionó fue el de La estanquera de Vallecas (1987), de Eloy de la Iglesia. En la pantalla gigante del plató se vio una escena de ella con José Luis Manzano (1962-1992). «¡Qué mal me llevé con ese actor! Fue terrible. Él tenia muy buena relación, había sido novio de Eloy [de la Iglesia], y él se puso muy celoso. Eloy me adoptó. Y no pudo soportarlo. Y me trató muy mal. Y físicamente: ellos eran los atracadores y se aprovechaba de las situaciones para hacerme físicamente daño. Lo pasé muy mal. Me salvó el dire, Eloy, que era un ser maravilloso, y Emma [Penella]». Durante ese rodaje cumplió 16 años.

Milá le mostró una escena que la emocionó, con el fallecido Carlos Larrañaga en un capítulo de la serie española Segunda Enseñanza, en 1986. Hacía de su padre. Años después fue su suegro, pues lleva 20 años casada con uno de sus hijos, Pedro. «Carlos me protegió tanto», recordó de ese rodaje en el que sufrió las iras de Pedro Massó (1927-2008), el director. «Pedro Masó fue muy déspota, horrible. Me tiraba de la oreja. Me hacía llorar y decía: 'Ves, ésas son las lágrimas que quiero'. Terrible. Hemos aguantando cosas muy fuertes».

Menos detalles ofreció de una denuncia que presentaron sus padres en su nombre cuando ella era menor edad. No explicó a quién denunció, ni el motivo concreto. Solo detalló que la sentencia determinó que la persona que la acosó «tenía que estar a no sé cuantos metros separado de mí mientras no se acabase la película».

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