Santiago Segura y Cañita Brava, en la primera de Torrente
Historias de cine
Cañita Brava y el delirante rodaje de Torrente
Veinticinco años después del estreno, recordamos que el paso del cantante por la película dejó más huella que una famosa frase
En el set de rodaje no daban crédito. Cañita se negaba a rodar hasta que no apareciese por allí cierta señora, «la de los cuartos». Era su primera película, pero quería hacerle valer su condición de estrella de El Semáforo. Y, sobre todo, que nadie le tomase el pelo. El problema es que nadie conocía a la mujer, ni siquiera el propio cantante. Fue solo una de las anécdotas delirantes que dejó el paso del gallego por la factoría Segura.
Antes de entrar en el meollo de la cuestión, recordemos que aunque Cañita solo fue conocido a nivel nacional tras participar en El Semáforo, aquel programa ideado por Chicho Ibáñez Serrador y presentado por Jordi Estadella, pero en Galicia, sobre todo en la provincia coruñesa, ya era conocido por sus actuaciones en bares y verbenas. Y en esos conciertos, en algunos de ellos, lo habían engañado con su caché. Que si te dije 100 y te doy 50. Que si te dije que te pagaba el taxi de ida y de vuelta, pero al final solo puede ser el de ida. De ahí su desconfianza cuando llegó al plató. «Antes de actuar, pide cobrar o, por lo menos, hablar con la productora», le habían recomendado. Eso hizo.
Al habla con la productora
Él quiso hablar con la de la pasta, así que antes de mover siquiera un dedo pidió una charla con Lola, para ver si era o de confianza. El problema es que nadie de los presentes sabía quién era Lola, así que Cañita tuvo que dar más detalles. «Lola Fiz», precisó. Tras repetirlo varias veces, y precisar que era «la de los papeles», alguien cayó en la cuenta. Estaba hablando de la productora, sí, pero de la empresa productora, Lolafilms, con el famoso Andrés Vicente Gómez al frente. Le explicaron bien el asunto, le garantizó alguien de Lolafilms que cobraría lo acordado y asunto arreglado.
Una vez que Cañita claudicó y entró en razón, llegó la hora del rodaje. Y ahí le brotaron las dudas sobre el guion que se traía de Coruña. Cañita estuvo preparando varios días su papel en la película. Manejaba unas sobadas hojas de fax que llevaba de bar en bar en sus barrios coruñeses favoritos, con Los Castros a la cabeza. Era su parte del guion. Se lo había intentado memorizar, y lo había logrado, pero marchó a Madrid, donde se rodó, convencido de que había una frase a la que se le podía sacar más punta. Es cuando después de reclamar «6.000 pesetas de whisky», dice esto: «Si mañana no me pagas… Se acabó de comer aquí». Lo de «se acabó de comer» no le convencía, y no por su construcción sintáctica, sino porque tenía ina frase mejor. O eso creía. Esta era: «Si mañana no me pagas, te voy a aplaudir la cara».
Cañita Brava, en la primera parte de Torrente
No acabó ahí su peripecia. Cuando Torrente se estrenó, Cañita fue invitado a la première. Solo que él no se refería a ese acontecimiento como estreno, ni mucho menos como première. Para él aquella era «una inauguración». El caso es que fue a la «inauguración» y volvió feliz, porque recibió trato de pequeña estrella, pero con una espinita clavada. Allí se enteró de que se habían hecho unos muñecos de El Fary para colgar en los coches. «¿Y el mío? ¿Por qué no hicieron el mío?», se preguntaba, equiparándose a la gloria nacional que es el creador de El toro guapo. Le dijeron que sería para la siguiente. Volvió a salir en la saga, en tres más si no nos fallan las cuentas, pero ha pasado un cuarto de siglo y seguimos esperando por el muñequito de Cañita.