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El director Steven Spielberg posando con su tiburón, al que apodó Bruce

El director Steven Spielberg, posando con el tiburón mecánico al que apodó Bruce

Cine

'Tiburón': los 50 años de la avería más famosa del cine

Este junio cumple medio siglo la película que lanzó al estrellato a uno de los directores más importantes de la Historia

De determinadas películas parece que ya se ha dicho todo. Por ejemplo, de una película estrenada en 1975 y que lanzó a la fama a un director que se ha convertido en sinónimo de taquillazo al tiempo que ha entregado algunas de las películas más alabadas y/o galardonadas de la Historia del cine.

Se trata de Steven Spielberg que, aunque debutó en 1971 con Duel, un telefilme, saltó a la fama con esta cincuentenaria película que, gracias a las constantes averías de ciertos ingenios mecánicos, se convirtió más en un filme de suspense a la manera de Alfred Hitchcock que una película de terror típica de los 70.

El rodaje de Tiburón, ciertamente, estuvo lleno de problemas. De 4 millones de presupuesto inicial, terminó costando 9. Y de 55 días programados de rodaje, se llegó a los 159. Pero tras su estreno se convirtió en el filme más taquillero de siempre, por lo menos hasta el estreno de La guerra de las galaxias, en 1977.

Como se ha dicho, de Tiburón se ha escrito tanto que apenas queda nada nuevo que decir. Por ejemplo, Spielberg no fue la primera ni la segunda opción de los productores, Richard D. Zanuck y David Brown. Y elegir a un joven no ayudó a solventar los muchísimos problemas que provocó el rodaje: fue la primera película de los grandes estudios que se filmó en el mar.

Otro asunto peliagudo fue terminar el guión. El propio autor de la novela en la que se basa la película, Peter Benchley, escribió un par de borradores que no convencieron a nadie. Al final, se optó por Carl Gottlieb, que iba terminando cada escena la noche anterior al rodaje, solo después de haberse sentado a charlar con el director y miembros del equipo de rodaje y del elenco. Incluso el final solo se decidió en el último momento, cuando Spielberg pensó que hacía falta una monumental explosión para conquistar al gran público.

Y aquí llega el asunto de cómo los fallos técnicos motivaron el arte. Para el tiburón, la primera idea -un dislate- fue domesticar a un tiburón de carne y hueso, pero pronto se dieron cuenta de la chorrada. Entonces se construyeron tres maquetas de enormes tiburones mecánicos. Aunque contaban con material impermeable y medidas para soportar los embates del mar, lo cierto es que desde el principio fallaron constantemente -por ejemplo, no eran tan impermeables como se pensaba, y se hinchaban por culpa de la humedad-.

Y eso obligó a cambiar numerosas escenas del guión. En lugar de verse el tiburón más a menudo, Spielberg se vio obligado a sugerir su presencia, bien con la famosa aleta dorsal, bien con planos cortos que editó magistralmente Verna Fields en su sala de montaje, todo ello magníficamente acompañado por la inolvidable banda sonora de John Williams.

Así, aquellos tres tiburones mecánicos, para cuya construcción se habían empleado más de 40 técnicos de efectos especiales y para cuyo movimiento necesitaban de 14 operarios, se quedaron más como anécdota que como presencia.

Pero hubo muchísimos otros problemas que fueron atrasando el rodaje. Desde las consabidas apariciones de barcos en el fondo del plano a las cámaras estropeadas por el mar, pasando por los mareos del personal, las borracheras y viajes de Robert Shaw a Canadá e, incluso, una ocasión en que el barco en el que viajan los tres protagonistas, el Orca, comenzó a hundirse accidentalmente.

Tanto se retrasó el rodaje que Spielberg temió que aquello fuera el final de su incipiente carrera. Y no se presentó al último día de filmación, pues pensaba que el equipo le iba a tirar al mar.

Sin embargo, su lanzamiento en más de 400 pantallas de Estados Unidos y Canadá, unido a una campaña publicitaria en televisión como no se había visto hasta la fecha, provocó que en solo 10 días ya hubiese superado los 21 millones de recaudación.

Aparte, confirmó la cualidad de estrellas de Roy Scheider y Richard Dreyfuss, al que Spielberg contrató gracias a una sugerencia de su amigo George Lucas. Y también hay que tener en cuenta que el director de fotografía, Bill Butler, innovó sobremanera las cámaras para rodar en el mar-

Por fin, hay que recordar que Tiburón fue candidata al Oscar a la mejor película, y que ganó las estatuillas de mejor Montaje, Banda Sonora y Sonido.

En definitiva, fue otro de esos rodajes tormentosos que se convirtieron en leyenda.

Ya para finalizar, una anécdota menos conocida: para rodar imágenes de tiburones reales, se desplazó una segunda unidad a Australia. Entre otros, eran necesarios planos de una jaula más pequeñita de lo normal para agigantar a los escualos que circulaban a su alrededor.

Aunque no había humanos a la vista, uno de los tiburones atacó la jaula. Cuando Spielberg vio las tomas, decidió que había que usarlas sí o sí, lo que provocó el cambio del final de la película: si originalmente el personaje de Dreyfuss fallecía en la jaula, ahora -pues la usada en Australia estaba vacía- sobrevivía, para así volver nadando junto a Scheider a tierra firme.

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