Imagen de la serie Deadwood
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El wéstern que es una de las mejores series de la historia y marcó el camino a 'Yellowstone'
Antes de Yellowstone ya hubo otra historia del Oeste que lo cambió todo en la televisión
Hubo un tiempo en que los duelos al sol y los caballos al galope eran el alma de la televisión. Luego llegó la era de los superhéroes y la ciencia ficción, y el western pareció desaparecer en el horizonte. Hasta que, hace unos años, Taylor Sheridan como creador y Kevin Costner como protagonista volvieron a poner el sombrero sobre la mesa con Yellowstone. Pero lo que muchos no recuerdan es que mucho antes de eso, HBO ya había reinventado el género con una serie que cambió por completo su lenguaje: Deadwood.
Esta producción, estrenada en 2004, no hablaba de herencias ni ranchos multimillonarios, sino del nacimiento de una sociedad desde la nada. En plena fiebre del oro, un grupo de buscavidas se instala en un campamento minero de Dakota del Sur, un territorio sin ley donde los hombres y mujeres que huyen del pasado intentan construir un futuro. Su creador, David Milch, lo resumió con una frase brillante: «Quería mostrar cómo nace la civilización desde el caos». Y vaya si lo consiguió.
El sheriff Seth Bullock (Timothy Olyphant) y el empresario sin escrúpulos Al Swearengen (Ian McShane) son las dos caras de ese proceso: justicia frente a corrupción, idealismo frente a poder. A su alrededor giran personajes reales del Viejo Oeste, como Calamity Jane o Wild Bill Hickok, que dan a la trama una textura casi documental. Pero lo que realmente convirtió a la serie en una joya fueron sus diálogos: largos, afilados y llenos de matices.
Lejos de glorificar el Oeste, Deadwood lo mostró como lo que probablemente fue: sucio, violento, desbordante y humano. En su mundo no había héroes ni villanos, solo supervivientes. Esa mirada tan realista y adulta fue también lo que la hizo difícil de mantener: su coste de producción era altísimo, y en 2006 HBO decidió cancelarla tras tres temporadas y un total de 36 episodios. Ganó ocho premios Emmy y fue considerada una de las mejores series de todos los tiempos. Tanto que, trece años después, en 2019, la cadena estrenó Deadwood: La película, una cinta que reunió al reparto original para darle el cierre que siempre mereció.
Fotograma de 'Deadwood'
Compararla con Yellowstone es inevitable, pero también revelador. Ambas hablan de la lucha por el territorio, aunque desde lugares opuestos. La ficción moderna de Costner es una saga familiar contemporánea, un drama de poder ambientado en el rancho más grande de Montana, con helicópteros, trajes caros y herencias en disputa. La de HBO, en cambio, retrata el origen del mito, el momento en que el Oeste aún era barro y pólvora. Una es espectáculo y melodrama; la otra, introspección y filosofía. Dicho de otra forma: Yellowstone es la herencia, Deadwood la génesis.
Veinte años después de su estreno, la serie Deadwood sigue apareciendo en los primeros puestos de casi todas las listas. En portales como Rotten Tomatoes y Metacritic roza el sobresaliente, y la crítica continúa rindiéndose a su calidad. The Guardian la definió como «una obra maestra de diálogos y moral ambigua», mientras que The Sydney Morning Herald fue aún más claro: «Madre mía. Puede ser sucia, depravada y peligrosa, pero nunca aburrida».
Y no solo los críticos lo dicen. Entre los fans se ha ganado un estatus casi sagrado. En foros y redes abundan los comentarios que la elevan por encima de su heredera moderna. «Deadwood es una obra maestra. Yellowstone es una telenovela», resumía un usuario con más de un centenar de votos positivos. Otro espectador aseguraba: «Yellowstone es predecible y repetitiva; los diálogos son planos y su ritmo, irregular… todo lo contrario a la serie de HBO». Cuestión de gustos, claro.