Fundado en 1910
Brendan Fraser protagonista de la película Familia de alquiler

Brendan Fraser protagonista de la película Familia de alquiler

Crítica de cine

'Familia de alquiler', una comedia dramática sobre la necesidad de crear vínculos

La película aborda temas importantes sin dejar de ofrecer una mirada crítica sobre el presente

Phillip Vanderploeg (Brendan Fraser) es un actor norteamericano que vive en Tokio desde hace siete años. Se gana la vida trabajando en spots publicitarios y papeles de poca monta. Un día le ofrecen trabajar para una empresa que contrata actores para desempeñar ciertos roles en la vida real: hacer de pariente en un funeral, de agente literario para un anciano escritor demenciado o incluso de novio en una boda fake, montada para que los padres de la novia no se enteren de que es lesbiana. A Phillip no le gusta ese trabajo, pero está bien pagado y no tiene muchas alternativas. Así que se pone a desempeñar todos estos papeles, tratando de ser buen actor y buena persona a la vez, hasta que le llega un encargo que le va a complicar la vida. Tiene que hacer de padre de una niña, Mia (Shannon Mahina Gorman) hasta que se completen sus trámites de admisión en un prestigioso colegio al que su madre quiere llevarla.

La directora del film y coguionista es una japonesa, Hikari, que aunque curtida en series y cortos, solo había estrenado antes otro largometraje, 37 segundos, un drama familiar en torno a la parálisis cerebral. En ella ya demostraba una sensibilidad que vuelve a ponerse de relieve en la película que nos ocupa.

Familia de alquiler se mueve entre una perspectiva filosófica y otra más social y antropológica. La primera plantea la cuestión de la verdad objetiva y de la verdad subjetiva, es decir, si una mentira puede ser vivida por alguien como una verdad, y qué consecuencias morales y problemas éticos plantea. Por otra parte, el guion pone el foco en dos cuestiones muy relacionadas entre sí: la responsabilidad que conlleva crear vínculos y el drama de la soledad en las actuales ciudades definidas por un capitalismo individualista. En medio de todas estas cuestiones está el personaje de Phillip, al que la vida ha ido vaciando de identidad, y que necesita reencontrarse como un ser humano con sentido.

La película es pausada, y solo aparentemente deslavazada, pues son muchos los papeles que Phillip tiene que interpretar, a veces simultáneamente. El espectador tiene una sensación de dispersión, que es real, que es la que vive el protagonista respecto a su propia identidad, hasta que tenga la oportunidad de encontrar un terreno sólido en el que echar al menos una raíz.

El trabajo de Brendan Fraser es correcto, pero muy contenido, quizá excesivamente. Su físico es ideal para el personaje, pero quizá otro actor hubiera transmitido con más fuerza emocional lo que vive; o él mismo dirigido de otra manera. Los secundarios enriquecen mucho la película, destacando el personaje de Akiro (Mari Yamamoto), la compañera de trabajo de Phillip.

En definitiva, una película muy agradable, que en tono de comedia dramática habla de cosas muy importantes y que no dejan de tener su carga de mirada crítica sobre nuestro presente.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas