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Billy Crystal presentando la gala de los Oscar

Billy Crystal presentando la gala de los Oscar

Cine

El día que Billy Crystal se convirtió en Hannibal Lecter

En plena etapa de entrega de premios recordamos a uno de los mejores presentadores que ha habido y su particular humor

Sigue siendo el maestro de ceremonias por excelencia de los premios de cine más importantes del mundo. Sus monólogos iniciales, sus números musicales y sus constantes gags le pusieron a la altura de Bob Hope, el único que lo supera en número de veces (19). Billy Crystal empezó a conducir la gala de los Oscar en 1990 y continuó durante los tres años siguientes. Repitió en 1997, 1998, 2000 y 2004 y volvió por última vez en 2012. Pero si de entre aquellas nueve noches, una se recuerda de manera especial, ésa es la de 1992 cuando el actor y comediante se hallaba en la cumbre absoluta de su ingenio.

La gala abrió con un número musical inolvidable en la que Crystal aparecía «dentro» de las cinco películas nominadas como mejor producción del año: Bugsy, JFK, La bella y la bestia, El príncipe de las mareas y El silencio de los corderos. Su ironía, chistes ágiles, bromas elegantes y cero temas polémicos encandiló e hizo desternillarse al público de todo el mundo por su manera de referirse a los actores, lejos de las burlas de otros presentadores y galas. Sabía reírse de Hollywood sin despreciarlo, en definitiva. Sabía meterse al público en el bolsillo. Por eso mismo, su entrada en escena después de aquel vídeo mítico sigue siendo recordada cómo la más redonda de la historia de los premios, como la más descacharrante y genuina.

Cuando terminó el citado video en que Crystal se paseaba por las películas nominadas, empezó a sonar en el escenario del Drothy Chandler Pavilion de Los Angeles la música de El silencio de los corderos compuesta por Howard Shore y sorprendentemente no nominada al Oscar aquella noche. Se abrió el fondo del escenario y aparecieron dos «operarios» vestidos con monos blancos llevando a Crystal en una camilla vertical atado y amordazado con la máscara verde que el personaje de Hanibal Lecter lleva en la película y que fue diseñada por Colleen Atwood, tampoco nominada.

Mientras el público rompía en carcajadas, las cámaras enfocaban a un desternillado Anthony Hopkins, nominado aquella noche a mejor actor principal por dar vida al inquietante y embaucador asesino en serie Hannibal. Un Crystal absolutamente entregado a su papel, bajó a la platea, se acercó al actor que le dio atentamente la mano y cuando éste se levantó le dijo imitando su reconocible acento británico: «Tengo varios miembros de la academia listos para cenar. ¿Me acompañas?» A lo que Hopkins, entre risas, contestó: «Sí, cuando quieras».

Billy Crystal Oscar

Esa entrada triunfal del actor se convirtió desde aquel 30 de marzo de 1992 en una de las llegadas de maestro de ceremonias más aclamadas no sólo de aquellos primeros 64 años de Oscar, sino de la historia de la televisión.

Muchos sueñan con la vuelta de Crystal a la gala ya que no parecen haber encontrado un heredero natural, entre otras cosas, porque la Academia está confiando la conducción del show a presentadores de televisión y no a actores como era costumbre. Pero lo cierto es que aquel tipo de presentadores y de humor, incluso aquel tipo de gala, ya no son posibles. Con una audiencia cada vez más fragmentada y un mercado de producciones sobredimensionado, sobre todo por el streaming, muchos de los nominados no sólo no se conocen, sino que ni siquiera pueden votar porque no han podido ver todas las cintas nominadas. Ya no hay un consenso en el público, ni la gala es uno de los acontecimientos televisivos del año. Los Oscar ya no son lo que eran y los ecos de Billy Crystal que siguen resonando hoy, son posibles sólo en nuestra memoria.

La próxima entrega de los Oscar se celebrará el próximo 15 de marzo, un día después de que el protagonista de Cuando Harry encontró a Sally cumpla 78 años. No en vano, en la gala del año pasado, su presencia junto a Meg Ryan para presentar el Oscar a la Mejor Película levantó, literalmente, al público de sus asientos.

Sin desmerecer el encomiable trabajo que hizo Conan O'Brien en 2025 elevando una audiencia herida de muerte, razón por la cual repite como presentador este año, muchos siguen –seguimos– soñando con la vuelta del actor y comediante al menos para que, como dijo al anunciar su vuelta a la gala en 2012, «las mujeres jóvenes dejen de preguntar mi nombre en la farmacia».

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