Fotograma de Queen at the sea
Festival de Berlín
¿Cuidar o acompañar?: 'Queen at the sea' triunfa con el dilema de cómo sostener a nuestros mayores
Lance Hammer analiza cómo se ven revolucionados los proyectos de vida al tener que ocuparse de los parientes mayores
El nacimiento de un nuevo mundo y el ocaso de una vida son los temas que se entrelazan en la séptima jornada del 76º Festival Internacional de Cine de Berlín, respectivamente Wolfram del australiano Warwick Thornton y Queen at Sea del norteamericano Lance Hammer.
Hammer, a su segundo largometraje después de Ballast, que le mereciera el premio al mejor director en el festival de Sundance en 2008, vuelve después de 18 años a esta misma Berlinale con un filme que toca una temática de gran actualidad, como es la del creciente envejecimiento de la población mundial y los problemas personales que acarrean en las familias que ven revolucionados sus proyectos de vida al tener que ocuparse de sus parientes mayores, además de afrontar el perenne tabú de las relaciones sexuales entre ancianos.
Por su parte el veterano director australiano de 56 años, que ya había presentado dos cortos premiados aquí mismo en Berlín en 2005 y 2008, recuerda los albores de la historia de su país, un verdadero crisol de razas llegadas de todos los rincones del mundo, y en donde la violencia y el racismo estaban a la orden del día.
Queen at Sea es el enigmático título de uno de los más fuertes candidatos a los osos de oro y de plata de esta Berlinale gracias a la actualidad del tema, el gran tacto con el que ha sido narrado y el talento de los actores llamados a interpretarlos, entre ellos la francesa Juliette Binoche, en el personaje de una hija que con escasas fuerzas trata de ayudar a su madre, presa de un avanzado estado de demencia, secundada por su joven hija adolescente que recién se está asomando a la vida con la fuerza de su edad, que contrasta con la decrepitud de la generación anterior.
Pero el filme adquiere una dimensión excepcional con el coraje de la pareja de ancianos que lo protagonizan, dos leyendas del nuevo cine británico de los años sesenta del siglo pasado, como Tom Courtenay, que hoy tiene 88 años pero que todos recordamos como el simpático mentiroso de Billy Liar o el Pasha del Dr. Zhivago (1966), y Anna Calder-Marshall, de 79, heroína hiperromántica de la versión de Cumbres borrascosas de 1970 al lado de Timothy Dalton.
Ambos lucen con orgullo sus desnudeces y sus arrugas y no vacilan ni siquiera en presentarse con la ropa interior manchada por las inevitables incontinencias.
Binoche es una profesora francesa que ha llegado hasta Londres para ocuparse de su madre (Calder-Marshall), en el penúltimo estadio de demencia senil, muy enamorada de su segundo marido (Courtenay) con el que mantiene saludables relaciones sexuales, a pesar de la expresa prohibición de los médicos que temen que estas puedan representar un peligro para la salud mental y física de la pareja.
Fotograma de Wolfram
La profesora rechaza en principio internar a su madre en un geriátrico pero obligada por las circunstancias (una pelea entre los ancianos provoca un accidente casi mortal) se decide a hacerlo en un final que Hammer, autor del guión original, deja abierto.
El filme plantea interrogantes al que no puede ni debe responder y su mayor originalidad es haber mostrado a la protagonista, tironeada entre sus deberes de hija y su responsabilidad de madre de una adolescente (una también excelente Florence Hunt), que requiere igual atención de parte de ella. Si hay un filme al que la historia de la Berlinale 2026 estará históricamente ligada, este será seguramente Queen at Sea.
Thornton, tan conocido como realizador que como director de fotografía, afronta sin tapujos la brutal colonización de Australia y coloca la acción en la década del treinta cuando, terminada la primera guerra mundial, multitud de personas que escapaban del desastre bélico y económico mundial para crearse una nueva vida en un continente, se veían amparadas por una legislación que favorecía la ley del más fuerte, haciendo caso omiso de derechos humanos y de amparo a los más débiles.
La trama en cuestión, inspirada en recuerdos personales y familiares del director y su coguionista David Tranter, cuenta de tres niños que escapan de sus patrones que los explotan a pesar de su corta edad y atraviesan el árido continente en busca de sus padres a los que fueron raptados.
Thornton, que se había hecho conocer internacionalmente en 2017 con el filme Sweet Country, premio especial del jurado en Venecia 2017, realiza una película en la que encuentran igual cabida personajes generosos y amistosos y otros criminales y racistas en la que el final feliz, después de tanta sangre y lágrimas, es solo una recompensa argumental.