Fundado en 1910
Bárbara Lennie y Victoria Luengo, en Amarga Navidad

Bárbara Lennie y Victoria Luengo, en Amarga Navidad

Crítica de cine

'Amarga Navidad': Almodóvar ironiza sobre sí mismo en su última película

El filme no es solo cine dentro del cine, sino Almodóvar dentro de Almodóvar

Amarga Navidad,de Pedro Almodóvar, se aleja en cierto modo de su filmografía 'clásica' para entrar, a lo Woody Allen, en la autorreflexión como guionista y director. La película no es únicamente cine dentro del cine, sino Almodóvar dentro de Almodóvar. Si ello es o no un ejercicio de narcisismo no es, en principio, problema para el espectador. La cuestión es si el director manchego llega a emocionar o conmover como en sus grandes películas o, por el contrario, su examen de conciencia cinematográfico no consigue interesarnos.

Vayamos por partes. El alter ego de Almodóvar es Raúl (Leonardo Sbaraglia), un guionista y director que no sabe vivir sin hacer cine pero que se da cuenta de que ya pasó su tiempo de gloria y que vive un poco de las rentas y de su fama. Está escribiendo su última película, y para ello se inspira en las personas que le rodean, especialmente en Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), su representante de toda la vida. El argumento de esa película que está escribiendo lo protagoniza Elsa (Bárbara Lennie), una joven publicista, antigua directora de cine, que vive feliz con su novio Bonifacio (Patrick Criado), bombero de día y stripper de noche. Pero un buen día Elsa comienza a sufrir severas migrañas y ataques de ansiedad. Justo en el puente de la Constitución de 2004. Pero ¿por qué precisamente en esa fecha? Hay una razón, que Elsa deberá descubrir y afrontar. La trama de Raúl y la de Elsa se van afectando mutuamente, como no puede ser de otra manera en un proceso creativo. Pero cuando Raúl empieza a dar más valor a la ficción que a la realidad es cuando empiezan los problemas para él.

Milena Smint, en Amarga Navidad

Milena Smit, en Amarga Navidad

La película, por un lado, ofrece un interesante abanico de temas como son la pérdida, el duelo, el sentido del dolor, el acompañamiento en el sufrimiento… Almodóvar los trata con seriedad, pero no acaba de cerrarlos en un guion que no termina de ser redondo. También habla, naturalmente, de las complejidades éticas del proceso creativo, de lo problemática que puede llegar a ser la relación entre ficción y realidad. Está mejor acabado en el film el aspecto autorreferencial, con los 'momentos Chavela Vargas', las referencias casi evidentes al propio Almodóvar en las conversaciones entre Raúl y Mónica, y en la partitura de Alberto Iglesias. La estética de interiores es absolutamente almodovariana, con esa paleta de colores tan característica, y con ese aire kitsch que siempre le ha caracterizado. También hay ecos de sus comedias más extravagantes, que rebotan en personajes como el de Rossy de Palma o Carmen Machi.

La sensación final es la de haber disfrutado de una salsa con unos estupendos ingredientes, pero que no han llegado a ligar del todo bien. El famoso crítico francés André Bazin decía que las películas eran como mayonesas, que cuajan o no cuajan. En este caso, no se puede decir que Amarga navidad esté 'cortada', pero tampoco está satisfactoriamente emulsionada. Mi sensación es que no ha acabado de dar con un final a la altura de las promesas del film. De hecho el desenlace tiene algo de abrupto y forzado, muy distinto de otros finales excelentes de Almodóvar. A su favor tiene que no es una película ideológica, como lo son otras del mismo director, que ofrece momentos emocionantes, como la escena protagonizada por la cantante Amaia, y que todo el metraje está atravesado de una grata sensación de autenticidad. Pero a algunos nos ha sabido a poco.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas